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APRENDED, INDIOS POBRES…
Oct 16th, 2008 by raulcelsoar

APRENDED, INDIOS POBRES…

Rebelión y poder
en la Araucanía y las pampas

(segunda mitad del siglo XVIII)

Daniel Villar y Juan Francisco Jiménez
Universidad Nacional del Sur

‘Aprended, indios pobres, esclavos, a matar españoles y a tener chapeados, estribos de plata, chupas y calzones buenos así como nosotros
estamos hechos a hacerlo en los caminos, y no estar sujetos…’

(Palabras de seguidores del cacique corsario Llanketruz transcriptas
por el comandante de armas de Mendoza, José Francisco de Amigorena,
en carta al virrey Loreto, 1787.)

En 1771, en un documento español llamado
Relación anónima de los levantamientos de
indios, un cronista hablaba de un desconocido
y dilatado territorio, ubicado en las lejanas
fronteras meridionales del imperio de Carlos III y
denominado Mamil Mapu por los nativos, al que
en su opinión mejor le cabría el nombre de Argel
disimulado.

La metáfora apuntaba a lograr que
los burócratas españoles, relacionándola con la
de los corsarios berberiscos, se imaginasen la belicosidad
de ciertos caciques de aquella comarca
y la virulencia de sus constantes ataques al vital
tránsito de caravanas que recorrían el camino entre
Buenos Aires y Chile pasando por Mendoza.
Dichos caciques acumularon poder y fueron capaces
de aunar voluntades y tejer una apretada trama
de alianzas sostenida por la beligerancia de
sus conductas, la fuerza de sus lanzas y la eficaz
utilización de la ideología.

Mamil Mapu significa país del monte en mapu
dungum, el idioma de la Araucanía progresivamente
adoptado como lengua franca por las poblaciones
indígenas del norte de la Patagonia y de
la región pampeana desde el siglo XVII en adelante.
Ese país del monte se correspondía con la región
natural de igual nombre, un área en la que
dominan el caldén y el algarrobo (árboles del género
Prosopis) y que va desapareciendo gradualmente
hacia el Este al hacerse prevalecientes los
pastizales de la pampa bonaerense.
No todos los indígenas del Mamil Mapu tuvieron
el mismo comportamiento ante los españoles.

Algunos comenzaron en actitud de abierta rebelión
y, cuando creyeron llegado el momento o
cuando las circunstancias los obligaron, pactaron
con las administraciones coloniales de la frontera.
Seguramente supusieron que, de esa forma, se
verían favorecidos en la puja por las hegemonías
regionales. Otros persistieron en la rebeldía, incluso
al precio de su propia supervivencia. Aquellos
y estos pagaron un alto costo en vidas, territorios
y recursos. Aun cuando los primeros, asistidos
por el apoyo hispano-criollo, imaginaron que podrían
resultar vencedores en los conflictos entre
nativos, lo cierto es que no lo fueron, si el éxito se
midiese con relación a dichos costos.

Pero más allá de la suerte de los protagonistas,
la gesta de los rebeldes constituyó un capítulo
más en el interesante y complejo proceso de migración
de poblaciones de la Araucanía hacia Puel
Mapu, el país del este, es decir, las mencionadas
tierras del norte patagónico y de la región pampeana.
Esa migración existió desde antiguo, pero
se intensificó cuando los españoles ocuparon Chile
a mediados del siglo XVI, y se prolongó hasta la
primera mitad del XIX. Ocasionó la fusión y la fisión,
la desaparición y el surgimiento de grupos
indígenas en las regiones de destino.

Por ejemplo,
a ella se debe, durante la segunda mitad del siglo
XVIII, la constitución del grupo conocido con el
nombre de ranqueles, habitantes de Mamil Mapu.
Los organizadores de malones o caciques corsarios
(como los llamaron los hispano-criollos), además
de sus destrezas bélicas, habilidades diplomáticas
y manipulación con fines propagandísticos
del botín que capturaban, retornaron a un discurso
ideológico elaborado por los reche de siglos anteriores
que les había proporcionado una justificación
a sus ataques contra los españoles.

En ese
momento, el contexto era distinto al vigente en el
siglo XVI, cuando reche y europeos se encontraron
por primera vez. Entonces el principal objetivo de
los nativos había sido la expulsión de los recién llegados,
pero en la segunda mitad del siglo XVIII su
presencia constituía un hecho irreversible que
cambiaba los propósitos de la rebelión.

En la Araucanía, entre la latitud del actual Santiago
(unos 34°) y la del golfo de Reloncaví (aproximadamente
42°), los españoles encontraron una
numerosa población indígena que les presentó
una fuerte resistencia. Esos nativos –que los conquistadores
llamarían araucanos– eran los picunche,
los reche y los huilliche.

La primera y la tercera de esas denominaciones
solo constituyen referencias
geográficas (significan gente del norte y
del sur, respectivamente). En cambio reche, que
quiere decir Los Hombres, posiblemente se aplicara
a todo el conjunto. En el siglo XVIII, ese nombre
étnico fue perdiendo vigencia en favor de mapuche
(hombres de la tierra), al tiempo que cobraba
creciente importancia la reivindicación de su territorio.

Por otro lado, desde tiempos muy anteriores
al arribo de los europeos, esos grupos trascordilleranos
mantuvieron relaciones con los pehuenche,
que vivían en los valles de ambos lados de
los Andes, entre los 38° y 42° de latitud, así como
con los indígenas que llamaron tehuelche o puelche,
afincados en el norte de la Patagonia y en
sectores de la llanura pampeana.

Todas estas sociedades experimentaron grandes
cambios a partir de mediados del siglo XVI
(desde 1536 en el Río de la Plata y 1540 en el territorio
trasandino), producidos por la presencia
de los españoles y, en particular, por el ganado
doméstico y los bienes manufacturados que estos
trajeron consigo y por el contacto prolongado
con una sociedad con instituciones completamente
distintas de las nativas, que eran las propias
de grupos tribales o de cazadores recolectores.

Una de las consecuencias de este proceso de
cambios fue la migración temporaria o permanente
de poblaciones de la Araucanía al norte de
la Patagonia y a la región pampeana. Se produjo
así la llamada araucanización de las pampas, un
fenómeno sobre el que, en los últimos años, se ha
actualizado el debate entre antropólogos e historiadores,
insatisfechos con su descripción y explicación
tradicionales.

En la literatura especializada
más reciente, se esbozan enfoques nuevos que
esta nota intenta contribuir refiriéndose específicamente
al caso del Mamil Mapu en la segunda
mitad del siglo XVIII, uno de los momentos de
apogeo de aquel proceso.

Durante los primeros cien años de contacto con
los españoles y en medio de un obstinado enfrentamiento
bélico con ellos, los habitantes de la
Araucanía elaboraron –o actualizaron, si se tiene
en cuenta que antes de 1540 se habían opuesto a
la penetración imperial incaica– una ideología de
resistencia contra quienes consideraban intrusos
en su territorio.

Su discurso proclamaba el odio
hacia los recién llegados, al tiempo que incitaba a
derrotarlos sin demora y descartaba actitudes
conciliatorias o de negociación. Conscientes de
que se trataba de agravios insoportables para los
invasores, los alzados estimulaban la ofensa a los
cautivos y la profanación de imágenes y objetos
del culto cristiano.

La exhibición de bienes suntuarios
y sagrados arrebatados a los españoles, como
ropas, cálices o incensarios, reforzaba el renombre
de los caciques y de los grupos que protagonizaban
los asaltos, al tiempo que producía temor
en la sociedad hispano-criolla.

El aukan (la rebelión,
la voluntad de resistir para triunfar, el objetivo
de no someterse) se convirtió en patrón de
conducta de muchos indígenas, mantenido a lo
largo del tiempo. La condición de auka (rebelde,
difícil de sujetar, bravío), un calificativo negativo
para los españoles, constituía una distinción para
los nativos, que la ostentaban desafiantes en sus
incursiones y saqueos.

CONTINUARÁ

RICOS Y POBRES
Oct 3rd, 2008 by raulcelsoar

Ricos y pobres

La red cloacal del sistema capitalista.

http://www.igooh.com/pcazau

Días pasados, mientras pensaba qué era eso de la basura tecnológica, encontré a mi amigo José Iturriberrigoycoerrotaberricoechea en uno de los SPA más antiguos de Buenos Aires, el Colmegna. Sólo que hace cuarenta años no se llamaba SPA sino baños turcos, y si se hubiera llamado así hubiese querido decir “Sólo Para Aburridos”.

Le hice un saludo de bienvenida pero él jamás saluda, ni al entrar ni al salir, y entonces me espetó a boca de jarro:

- Por ahí andan los políticos diciendo que hay que erradicar la pobreza. ¡Están locos!

- ¿Por qué?- pregunté intrigado.

- Si no hubiera pobres, ¿quién le sacaría la basura a la calle a los ricos? ¿quién lavaría sus autos? ¿quiénes pintarían sus oficinas? Como usted verá, si se caen los pobres, también se caerán los ricos.

Me quedé pensando en el argumento de mi amigo, y le propuse otra solución:

- ¿Y si erradicamos la riqueza? ¿Si eliminamos a todos los ricos?

- No se haga el socialista, mi amigo. Pésima idea – me dijo José Iturriberrigoycoerrotaberricoechea mirándome con desprecio- ¿Entonces los pobres a quienes les pedirían préstamos y créditos? Estarían condenados a vivir en la inmundicia toda su vida hasta morir de tuberculosis, ebola, ántrax y fiebre tifoidea. Si se caen los ricos, también se caerán los pobres.

- ¡Mmmmm! ¡Ya sé! Tengo la solución: lo mejor es que no haya ni ricos ni pobres, y que todos seamos iguales.

- No sea haga el comunista – me dijo mi amigo -. La gente entonces viviría peleándose a ver quién debe lustrarle los zapatos a quién, quién debería servirle la comida a quién, quién debería pasarle la aspiradora a quién, quién debería limpiarle el inodoro a quién, y quién debería sobarle el lomo a quién.

Rendido ante la contundencia de los argumentos de mi amigo, terminé balbuceando:

- Y bueno… lo mejor será que sigan habiendo ricos y pobres como hasta ahora.

- No se haga el capitalista, amigo. Si bien hasta hoy el mundo viene funcionando así –me dijo- esto tampoco va a resultar, porque a la corta o a la larga quedarán todos destruidos.

Intrigado, le pregunté en qué se basaba para semejante conclusión, y me dijo que lo podía explicar perfectamente mediante su novedosa teoría de la pirámide fecal.

- Pero no se horrorice, mi amigo. Yo soy una persona educada, y lo de “fecal” es solamente una metáfora.

Y a continuación pasó a explicarme su teoría mediante el dibujo adjunto.

Me dijo que ese dibujo vendría a representar la red cloacal del sistema capitalista. Los que están más arriba, los más ricos, son los que producen la basura tecnológica, las computadoras inutilizadas, y los productos tóxicos que son expulsados hacia cualquier lado lejos de los countries.

Toda esa basura, me siguió diciendo, es recepcionada por los pobres, quienes en su afán de no terminar contaminados, la derivarán hacia los seres muy pobres, que cada vez quedarán cubiertos de más basura.

Pero de acuerdo al principio de conservación de la basura, ésta seguirá aumentando hasta invadir a los menos pobres, y cuando sus recintos se llenen, tarde o temprano invadirán los recintos de los más ricos. Naturalmente, estos cerrarán las compuertas para no infectarse, pero con ello tampoco podrá salir su propia basura y terminarán ahogados en ella. Finalmente, pobres y ricos quedarán sepultados en su propia materia fecal, insistiéndome en lo de la metáfora para que no me horrorice.

- Por eso yo me aislé en este SPA que parece ser un lugar limpio – me explicó José Iturriberrigoycoerrotaberricoechea, mientras entraban tres empleados y amontonaban en un rincón de la ducha escocesa cuatro impresoras irrecuperables, diez cajas de pilas gastadas, siete kilos de residuos radiactivos y cien celulares inutilizables.

Me fui tranquilizado pensando que si el hombre de Neardenthal había sobrevivido como 240.000 años sobre la tierra, y el hombre moderno apareció recién hace 40.000 años, todavía nos quedaban como 200.000 años para resolver el problema de la chatarra tecnológica e igualarnos con los primeros en materia de habilidad para la supervivencia.

Pablo Cazau. Septiembre 2008.

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