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PRIMEROS INMIGRANTES PARTE III
Dic 2nd, 2009 by raulcelsoar

PRIMEROS INMIGRANTES

PARTE III

Fecha de llegada : 22 de Febrero de 1879


APELLIDO Y NOMBRE EDAD PUEBLO O CIUDAD REGION O PROVINCIA LOTE DE LA CONCESION
AGUSTIN JUAN M. 43 TELVE TRENTO LOTE 198 A
MARTINELLI JUSTINA 38 GRIGNO TRENTO  
Agustini Catalina 10      
Agustini Juan 9      
Agustini Rosa 6      
Agustini Luis 3      
Agustini Teresa (arg) 1      
Agustini Juan 40      
BACCA JUAN 43     LOTE 198 C
GRAIF MATILDE 40      
Bacca Filomena 13      
Bacca Luisa 11      
Bacca Germán 6      
Bacca Eligio 6      
Bacca Eugenio (arg) 1      
BASSAN DOMINGO 45 VERSA GORIZIA LOTE 161 C (162 C)
MUCHIUTTI ANA 35      
Bassán Juana 10      
Bassán Catalina 8      
Bassán Juan B. 6      
Bassán José 3      
Bassán Sebastián (arg) 1      
BEVILACQUA FRANCISCO 48 MORI TRENTO LOTE 198 D (209 A)
Bevilacqua Juan 27      
Bevilacqua Matilde 24      
Bevilacqua Péride (Pedro) 23      
Bevilacqua Corina 12      
Bombana Juan 45      
BRACH DOMINGO 33 CORMONS GORIZIA LOTE 163 C
? CATALINA 33      
Brach Santiado 5      
Branch Antonio 2      
BRACH JUAN       LOTE 140 AD
BRACH DIEGO       LOTE 93 D
BRACH MIGUEL       LOTES 73 AB 72 CD
BRACH MATIAS       LOTES 72 AB – 62 CD
BRESSAN ANTONIO 43 BRUMA GORIZIA LOTE 177 D (172 A – 192 D)
SPESSOT LUCÍA 43 SAGRADO GORIZIA  
Bressán Francisco 9      
Bressán Juan B. 8      
Bressán María 3      
CATTAROZZI JOSE 45 TENNA TRENTO LOTE 175 C (215 A)
SEOUL (Ceut) ANA 44      
Cattarozzi Carlos 16      
Cattarozzi José 13      
Cattarozzi María 11      
Cattarozzi Luisa 9      
Cattarozzi Ana 7      
Cattarozzi Pío (arg) 1      
DEBARBORA FRANCISCO 40 ROMANS GORIZIA LOTE 164 D (97 BC)
CANDUCCI URSULA 36      
Debárbora Antonio 9      
Debárbora Ana 4      
Debárbora María Angela (arg) 1      
DEMARTIN DOMINGO 38 ROMANS GORIZIA LOTE 165 B (86 BC)
ZORZENON CATALINA        
Demartín Domingo 13      
Demartín Rosa 7      
GASPARUTTI MARIA 40      
Demartín Angel 2      
FRANZOI VALENTIN 55 CASTELNUOVO TRENTO LOTE 197 D (215B – 216A)
CASOTTO MARIA 50      
Franzoi Antonio 16      
Franzoi María 13      
Franzoi Teresa 9      
Franzoi Celestina 16      
Franzoi Pedro 35      
FRANZOT JUAN B. 48 GRADISCA d. IS GORIZIA LOTE 157 D (162 A)
VIOLA URSULA 46      
Franzot José 21      
Franzot María 19      
Franzot Jorge 18      
Franzot Pascua 13      
Franzot Ursula 9      
Franzot Matilde 8      
FURLAN JOSE I° 27   GORIZIA LOTE 176 C
VIOLA PASCUA 28      
Furlan José 3      
Furlan Juan (arg) 1      
FURLAN JOSE 2° 45   GORIZIA LOTE 163 B
SOLIS ANA 46      
Furlán Santiago 21      
Furlán Valentín 13      
Furlán María 12      
Furlán Antonio 10      
Furlán Catalina 8      
GIULIANI ANTONIO 25   TRENTO LOTE 197 C
EMANUELA (?) CATALINA 26      
Giuliani Adelaida 2      
Giuliani María (arg) 1      
Giuliani Luis 55      
Tarini Laura 49      
LIBERA BERNARDO 32 AVIO TRENTO LOTE 197 A
DUCCHI ISIDORA 21      
Líbera Ana (arg) 1      
Líbera Pedro 27      
LIBERA LORENZO 57     LOTE 197 B
PAVANA LUCIA 40      
MAURENZI FRANCISCO 33 SAN LORENZO GORIZIA LOTE 167 A (169B – 129AB)
COMER EMILIA 32      
Maurenzi María 4      
Maurenzi Lucía 1      
MAURENZI JUAN 34 SAN LORENZO GORIZIA LOTE 167 D (169C – 159CD)
MARINI CATALINA 33      
Maurenzi María 8      
Maurenzi Emilia 7      
Maurenzi Ana M. 24      
Maurenzi Ana 23      
MENAPACE PEDRO 45 FLAVON TRENTO LOTE 198 B
ZANIN CAROLINA 40      
Menapace Silvia 12      
Menapace Anselmo 10      
Menapace Facundo 9      
Menapace Enriqueta 6      
Menapace Fidela 3      
Menapace Luis 2      
PERSOGLIA ANTONIO 40 VISNIOVICH GORIZIA LOTE 152 B
DERNANSCICH ANA 37 CRAZNO GORIZIA  
Persoglia Andrés 16      
Persoglia Antonio 12      
Persoglia María 8      
Persoglia Teresa 6      
Persoglia Francisca 2      
PERSOGLIA ANDRES       LOTE 145 B
PITTERI DOMINGO 45 BRUMA GORIZIA LOTE 182 A
GRION CATALINA 30      
Pitteri Angela 6      
Pitteri María 4      
Pitteri Domingo 2      
STACUL JUAN B. 42 MEDEA GORIZIA LOTE 165 C ( 146 AD )
FERESIN LUCIA 36      
Stácul Lucía 13      
Stácul Catalina 11      
Stácul José 4      
Stácul Luisa 2      
STENICO DESIDERIO 30 TELVE TRENTO LOTE 176 D (194 A)
ROSSI FORTUNATA 39      
Sténico José 16      
Sténico Ana 14      
Sténico Davina 10      
Sténico Justina 8      
Sténico Baltasar 4      
Sténico María (arg) 1      
VIOLA FRANCISCO 45 BRUMA GORIZIA LOTE 176 B (169D – 192A)
TREVISAN MARIA 41      
Viola Pascua 13      
Viola Lucía 11      
Viola María 8      
Viola Ursula 7      
Viola Francisco 5      
Viola Ana 3      
VIOLA JOSE 54 BRUMA GORIZIA LOTE 177 A
MARIZZA LUISA 50      
Viola María 21      
Viola Catalina 18      
Viola José 18      
Viola Francisco 14      
Viola Ana 12      
ZAMER JUAN 40 SLAGO GORIZIA LOTE 152 A
SELETEU (?) CATALINA 32      
Zamer Lorenzo (arg) N. 10/8/80      
       
Pueblos Indígenas Argentinos
Nov 16th, 2009 by raulcelsoar

Pueblos Indígenas Argentinos

DEL SITIO http://www.argentinaplural.com.ar/

I.- Introducción

En esta página vamos a dar una lista de los pueblos indígenas argentinos que actualmente existen. También indicaremos dónde se encuentran ubicados. Pero consideramos imprescindible formular algunas referencias aclaratorias.

1.- Sobre las clasificaciones

Todas responden a algún criterio que elige quien las realiza y que, normalmente, se basan en principios de consideración linguística, política, histórica o antropológica (cultural).

En nuestro caso, el propósito es dar a conocer cuáles son las distintas etnias que existen en nuestro país, desde lo institucional. De modo que nuestra fuente es el registro del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, que es el organismo nacional que tiene a su cargo otorgar personerías jurídicas a las comunidades indígenas. En la tramitación consigna los pueblos a los que pertenecen. No obstante, también será conviene consultar a las oficinas provinciales para saber si ellas tienen anotadas otras etnias, y será una tarea que emprenderemos.

Es conveniente advertir que suelen publicarse listas de las etnias que existen en la Argentina con resultados pocos felices, ya que no suelen ser exahustivas ni actualizadas. Podemos dar como ejemplo las que omiten a los Huarpes, que en varias partes figuran como pueblo extinguido y, sin embargo, actualmente hay 11 comunidades registradas. Otro caso es de la comunidad Tonocoté de Santiago del Estero, que era una etnia que no figuraba prácticamente en ningún lado. Pero a raíz de la designación de un santiagueño al frente del INAI a fines de 1999, el Dr. Figueroa, que desde esa función se interesó por las comunidades de su provincia, se produjo el surgimiento de los Tonocoté (también llamados “Surita”) y el otorgamiento de la correspondiente personería jurídica.

En el Cuarto Congreso Chileno de Antropología (noviembre 2001) “Los Desafíos de la Antropología: Sociedad Moderna, Globalización y Diferencia”, se presentó por Mauricio Osorio Pefaur la ponencia: “El (re) surgimiento del mundo indígena en Aysén: Organización Social y Rescate Cultural de Fin de Siglo” en la que se trata la aparición de comunidades indígenas interesadas en beneficiarse con programas de becas y participar en la sociedad. En ese caso tomaron sus apellidos como indicadores de su origen indígena. La existencia de algún beneficio y el reconocimiento, son motivos para esa aparición pública y, como se advierte, tanto sucede en Argentina como en Chile.

2.- Inexistencia de

un censo nacional indígena

Para entender estos fenómenos de resurgimiento hay que tener en cuenta varias situaciones, una de ellas es la inexistencia de un censo nacional indígena. En el año 1965 se dispuso la realización de un censo que tuvo efectos relativos ya que no se completó. Son de destacar algunas particularidades:

a) Se establecieron únicamente cuatro regiones: Noroeste, Norte Central, Noreste y Sur. No figuraban mencionados: Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero,San Luis, San Juan, Mendoza, La Rioja, Entre Ríos y Tucumán.

b) Se dispuso que comprendería a los grupos que se encuentran en territorio nacional y nombraba a los siguientes pueblos: tobas, pilagá, mocovíes, matacos, chulupíes, chorotis, chiriguanos, guaraníes, caingaes, aymaraes, quechuas, tehuelches, araucanos, guenakén, yamanás y onas. Esta mención nos da una idea de lo que se consideraba existente hace unos cuarenta años atrás.

c) Se contemplaba registrar los nombres con los que los aborígenes y los no aborígenes designaban a los grupos indígenas.

d) Se establecía que se anotaría como indígena a quienes reunieran las características básicas para considerarlos miembros de un grupo determinado o se consideren a si mismos como pertenecientes a algunos de los pueblos clasificados.

e) Indicaba pautas respecto de lo “indígena” y eran: estructura económica en un nivel de subsistencia; constituir una comunidad o grupo; el lenguaje, festividades, vestimenta, artesanías y otros; que expresen una conciencia de pertenencia a un grupo étnico o sea notoria su descendencia de éstos. El censo no se terminó y el trabajo de varios años, con la intervención de estudiantes en sociología y antropología y profesionales en varias disciplinas.

3.- Las tendencias actuales en política indigenista y el resurgimiento de los pueblos indígenas

Hace relativamente poco ha comenzado una acción más decidida y, a la vez, sostenida, en favor de los pueblos indígenas. Esto ha sido esencial en la afirmación del indigenismo y la consecuente aparición en la vida pública en nuestras sociedades americanas. Podríamos señalar que en nuestro país es a partir de la década que comienza en 1990, cuando el indigenismo comenzó a tener impulso. La reforma de la Constitución del año 1994; la suscripción y ratificación del Convenio 169; y el depósito de los instrumentos de su ratificación en Naciones Unidas, que constituye el acto vinculante internacional.

La agenda internacional en el tema indígena también se ha visto poblada de acontecimientos. En Naciones Unidas se constituyó el Foro Permanente para los Pueblos Indígenas del Mundo, habiendo sucedido su primera reunión en el pasado mes de mayo de 2002. También se está en los tramos finales de la aprobación de la “Declaración Internacional sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas”. De modo similar se está trabajando en el mismo tema en la OEA.

Otras de las actividades que se realizaron en nuestro país fueron: el Programa de Participación Indígena, el Foro Patagónico, y el Primer Seminario de Políticas Sociales para Pueblos Indígenas. Esta acción positiva y constante, más la tarea de divulgación de los derechos que han realizado los funcionarios del INAI y los dirigentes indígenas, han ido animando a los grupos a manifestarse y asumir posiciones. Ha sido de este modo que han comenzado a organizarse y, como en el caso de los Huarpes, a aparecer en la vida pública e institucional y a figurar como grupo étnico existente. Antes podían hasta ocultar su condición de indígenas, ya que ningún beneficio les traía y quizás, exponerse como tales, los perjudicara.

II.- La determinación sobre lo indígena.

Identificar a los indígenas siempre ha sido algo problemático y obedece a múltiples razones En algunos casos fue el desinterés; en otros, porque habían sociedades que negaban la existencia de indígenas por razones políticas o por considerar que mancillaban su pureza o restaba mérito y distinción a su sociedad. Posteriormente fueron las distintas disciplinas (como la sociología o la etnología) que se interesaron por el tema e introdujeron sus particulares puntos de vista.

a)Los criterios raciales o biológicos:

Imperaron hasta hace unos 60 años o más, y tenía que ver con la apariencia de las personas, con los rasgos hereditarios y todos aquellos rasgos que servían para diferenciarlos de los europeos. Centrar en el aspecto biológico el fundamento de una distinción y en el concepto de “raza”. Actualmente han sido dejados de lado; hoy la ciencia rechaza toda pretensión de definir las “razas” a partir de datos genéticos determinantes. Es verdad que hay diferencias biológicas y culturales que están a la vista. Pero los estudios indican que las diferencias entre los hombres son tantas y de tal magnitud que no es posible identificar a un grupo racial determinado con un exclusivo y único tipo biológico De modo que constituye una pseudoteoría o pseudoconcepto, no toma como base a la razón sino que surge como la proyección mítica y racionalizadora de una experiencia vivida, emocional y más o menos confusa.

Debemos dejar claro que “raza” es un concepto teórico, una construcción intelectual, como todos los conceptos científicos. Lo que observamos en la realidad son individuos con distintas características físicas, pero no individuos de distintas razas. Esa clasificaciones que se apoyaban en descripciones según rasgos fenotípicos o genotípicos, siempre sucumbían al no encontrar un grupo homogéneo y claramente diferenciado. Es el caso de una investigación realizada por Retzius y Fürst (18979 en la que examinaron al tipo nórdico puro. Generalmente se acepta que de las poblaciones europeas son los suecos los que representan el tipo nórdico más puro. Sobre 45.000 conscriptos analizados y medidos, sólo el 11% pertenecía al estereotipo. (citado en “Antropología, Eudeba, recopilación de Mirta Lischetti)

b) Criterios legales o administrativos:

Empleados para identificar y clasificar con fines de política alimentaria o educacional o por razones estadísticas. Según estos criterios son indígenas quienes han sido identificados o definidos por alguna autoridad.

c) Criterios socioculturales:

Se basan en el idioma que hablan. Se calculan que hay más de 400 lenguas indígenas en América. Sin embargo, se debe aceptar a los grupos que se identifican como indígenas y que han perdido su lengua vernácula Otros criterios socioculturales incluyen elementos de la cultura material como el vestido, la alimentación, las tecnologías agrarias, parafernalia ceremonial y religiosa, etc. Estos sistemas de identificación aparecen en las monografías de principios de siglos que producía la antropología.Pero actualmente pocos de esos elementos materiales siguen teniendo el mismo significado. (En este tema estamos siguiendo a Rodolfo Stavenhagen, “La situación y los derechos de los Pueblos Indígenas de América”, publicado en América Indígena, del Instituto Indigenista Americano).

d) Criterios culturales propios:

Que no son de los individuos sino de las colectividades y se manifiestan por sus prácticas religiosas y ceremoniales, formas de organización social, estructuras de la propiedad agraria, modos de producción y distribución de bienes económicos y otros elementos intangibles

f) La autodefinición indígena:

Todos los criterios anteriores son externos: producidos y utilizados por autoridades, técnicos y académicos, generalmente no indígenas. Son criterios impuestos desde fuera. Actualmente ha prosperado y se está imponiendo en las normativas que se van diseñado para el mundo indígena, los criterios subjetivos de autoidentificación. Las organizaciones indígenas sostienen que son ellos quienes tiene la potestad de autoidentificación y autodefinición. El Consejo Mundial de Pueblos Indígenas ha reclamado ese derecho y actualmente se considera por ellos dentro de la categoría de los derechos humanos.

III.- Los pueblos indígenas registrados en el INAI:

BUENOS AIRES: Tupi guaraní (emigrado), toba, mapuche

CATAMARCA: Diaguita, Calchaquí,

CHACO: Toba. Mocovi.Wichi

CHUBUT: Tehuelche, Mapuche, Tehuelche – mapuche (mestizaje)

FORMOSA: Pilaga, Wichi, Toba

JUJUY: Kolla, Atacama, Pulmamarca, Guarany. Kolla – Humahuaca, Chiriguano, Yalas (según registro proveniente de la oficina indígena de Jujuy),Chiriguano-Chané ( caso igual que el anterior), Guarany

LA PAMPA: Ranqueles

MENDOZA: Huarpes, Pehuenches (mapuche)

MISIONES: MByA (guaraní)

NEUQUEN: Mapuche

RIO NEGRO: Mapuche

SALTA: Kolla, Wichi. Diaguita, Calchaquí. Lule. Chane-Guarany, Guarany, Corotes, Oclollas, Aba-Guarany, Tupi-Guarany Kollas-Huamauaca, Tobas, Guarany, Chiriguano, Chiriguano-Tapiapé

SAN JUAN:Huarpes

SANTA FE: Tobas, Mocovi

SANTIAGO DEL ESTERO: Tonocote (Suritas)

TIERRA DEL FUEGO: Onas o Selknan

TUCUMAN: Diaguita-Calcaquí

Queremos dejar aclarado que esta lista no es definitiva y está sujeta a revisión- Nos falta el pueblo Qom y seguramente hacer otras correcciones.

AVELLANEDA – PRIMITIVAS POBLACIONES ABORIGENES
Nov 14th, 2009 by raulcelsoar

PRIMITIVAS POBLACIONES ABORIGENES


Antes de su descubrimiento, por obra de Cristóbal Colón en 1492, América era un continente ignorado para la civilización europea. Pero no por ello fue un territorio inhóspito. Desde miles de años antes, seres humanos del extremo oriental de Asia, en oleadas sucesivas, habían atravesado el estrecho de Behring, según la teoría más aceptada, y con el correr de los siglos se fueron distribuyendo por todas las regiones del hemisferio occidental hasta el confín austral, constituyendo así las distintas tribus y naciones con diversas manifestaciones culturales.

Podrá aceptarse la suposición de que hábiles navegantes fenicios en sus correrías por los mares hayan llegado a las costas del NE de Brasil como así también en Norteamérica. Sin que se hayan asentado en las costas americanas, son dudosas estas incursiones. Distinto el caso de los vikingos de quienes se sabe que estuvieron en las costas de Terranova. Con todo eso, sólo vestigios han sido reconocidos de su efímera presencia.

Multiplicados y esparcidos en tierras  americanas, los primitivos habitantes aún antes del descubrimiento, podían señalarse en distintos pueblos entre los cuales corresponde destacar a los aztecas, mayas e incas, con culturas altamente diferenciadas de los grupos que  arribaron al sur del continente.

Refiriéndonos a nuestro país, cabe recordar una clara definición sobre el particular: “Entendemos por población indígena la que ocupaba el territorio actualmente argentino en el momento  histórico de su descubrimiento por los  españoles” (1)

Los investigadores y eruditos han clasificado a estas poblaciones aborígenes según su procedencia, culturas,  épocas de llegada y lugares de asentamiento. Para aquellos grupos con similares  características se han aplicado diferentes denominaciones. Así tenemos  para los pobladores del este de la gran región chaqueña la designación genérica de raza guaycurú, que ocupaba con preferencia el norte del litoral fluvial, es decir, las zonas bañadas por los ríos Pilcomayo, Paraguay y Paraná, comprendiendo de manera especial las provincias de Formosa, Chaco y Norte de Santa Fe.

Si bien difieren algunos autores en asignar los grupos que componían la raza guaycurú, para nuestro interés aceptamos a los tobas, pilagaes, mocovíes, abipones, payaguás, frentones, etc. “naciones todas que hablaban un idioma nasal gutural muy difícil de conocer” (2). Dichas lenguas eran variables entre los núcleos poblados, pero alcanzaban a entenderse.

Eran de cultura primitiva, si bien sabemos que rendían culto a los muertos. De ellos nos han llegado, exhumados sobre todo de las costas de nuestros ríos y arroyos, restos de cerámica y otros elementos de rústica calidad, cuyos ejemplares valiosos pueden apreciarse en el Museo Arqueológico de Reconquista y en poder de algunos convecinos.

INTERESANTE RESULTO EL HALLAZGO DE UNA MASCARILLA DE TERRACOTA, DESCUBIERTA EN LO QUE SE LLAMO “LA LOMA DE GIULIANI” EN EL LOTE, 207. CERCA DEL ARROYO EL REY A QUINIENTOS METROS DE LA PLANTA URBANA DE AVELLANEDA.ESA ALTURA, EXTRAÑA EN TERRENO LLANO, ES POSIBLE QUE HAYA SIDO UN TUMULO INDIGENA, POR OTROS RESTOS DE POCO VALOR HALLADOS ALLI, SEGUN NOS INFORMO D. LUIS GIULIANI.SOBRE EL PARTICULAR. CABE DESTACAR LOS TRABAJOS DE INVESTIGACION REALIZADOS HACE CUARENTA AÑOS POR UNA EMBAJADA CIENTIFICA DEL MUSEO DE LA PLATA. CON LA DIRECCION DEL DR. A. REX GONZALEZ. QUE HICIERON EXCAVACIONES EN LA ISLA DEL INDIO, PROPIEDAD DE LOS SEÑORES AGUSTIN Y EVARISTO VENICA, EN JURISDICCION DE LA COLONIA AVELLANEDA, REGION VECINA AL RIO PARANA.EN 1966, EL INTERES DE UN GRUPO DE ESTUDIOSOS DIRIGIDOS POR EL DIRECTOR DEL MUSEO ARQUELOGICO MUNICIPAL DE RECONQUISTA, PROF. DANTE RUGGERONI,  INICIO IMPORTANTES TAREAS DE EXPLORACION EN LA MISMA ISLA. CON OCHO EXPEDICIONES QUE SE SUCEDIERON HASTA 1975. FECHA EN QUE SE DIO A PUBLICIDAD EL NOTABLE TRABAJO CON LA OBRA “ARQUEOLOGIA DEL PARANA. YACIMIENTO DE ISLA DEL INDIO” QUE CONTO CON EL AUSPICIO DEL ENTONCES INTENDENTE MUNICIPAL. PROF. MANUEL ROSELLI  Y DEL DIRECTOR DE CULTURA, DR. CARLOS A. FABRISSIN.

LA PACIENTE DEDICACION DE NUESTROS PIONEROS DE LA ARQUEDLOGIA. SIN DISPONER DE MUCHOS RECURSOS, PERMITIO EL DESCUBRIMIENTO DE ELEMENTOS INTERESANTES EN  DISTINTOS LUGARES DEL NORTE SANTAFESINO.COMO PREMIO A TALES INQUIETUDES,  EN l987,  EN OPORTUNIDAD DE TRABAJOS DE DRAGADO  EN PUERTO RECONQUISTA,  A 14 METROS DE PROFUNDIDAD,  SE HALLO UNA PIEZA VALIOSA DE ARENISCA. CON LA IMAGEN DE UN ROSTRO HUMANO. SE TRATA DE UNA ESTATUILLA HISPANOABORIGEN MUY SIMILAR POR LA TECNICA A LAS QUE SE HALLARON EN LAS REDUCCIONES JESUITICAS DE LAS PROVINCIAS DE MISIONES Y CORRIENTES: PIEZA QUE PUEDE APRECIARSE EN EL CITADO MUSEO DE RECONQUISTA. ENTRE LOS NUMEROSOS ELEMENTOS QUE TRASUNTAN LAS CARACTERISTICAS DE LA CULTURA AUTOCTONA DE ESTA PARTE DE AMERICA.

Sus poblados o tolderías con elementos precarios, se levantaban en las orillas de los cursos de agua y su alimentación la obtenían de frutas silvestres,  de la caza y la pesca. Por eso eran nómades e intervenían en frecuentes luchas con otras tribus impulsados por  su belicosidad y espíritu de supervivencia. Usaban lanzas, arcos y flechas, garrotes, cuchillos y boleadoras.

Los indígenas eran celosos por su tribu y obedientes a su cacique o jefe. Armaban guerras entre las distintas  naciones y no solían aliarse, si bien no  cejaban en la lucha para rechazar el  invasor blanco que quería posesionarse de sus agrestes dominios.

Con esta actitud, resultó difícil lograr su incorporación a la civilización a pesar de los procedimientos conciliatorios que usaron los conquistadores y la paciente labor de los misioneros, aunque no faltaron los episodios sangrientos ante la indómita rebeldía de los naturales o inspirados por el temor a la cruel ambición de algunos jefes   extranjeros.

No podemos atribuir solamente a los abusos de los españoles la casi total desaparición de algunas tribus de aquellas épocas. Las contínuas guerras entre sí, el mal epidémico de las pestes en especial la viruela, el abuso del alcohol y la frecuencia del aborto entre las mujeres de todas las tribus, como también lo señala Azara, forzosamente debían crear motivos para la decadencia y la extinción.

Aparte de estas consideraciones, cabe consignar que las uniones matrimoniales de españoles e indias produjeron la descendencia de mestizos que, si en principio mantuvieron las costumbres de sus mayores, en sucesivas generaciones se adaptaron de mala gana a los regímenes impuestos por una nueva sociedad, aunque no desapareció en ellos su ancestral identidad. En efecto, mostraron siempre su aversión a las reducciones y no perdieron su carácter de crueles, desconfiados y ventajeros, manteniendo su odio al blanco por no olvidar a los usurpadores de las tierras de sus antecesores.

Sin detenernos más sobre los aspectos generales de una raza indígena, daremos algunas referencias sobre el tipo, carácter y costumbres de los abipones, considerados como rama de los guaycurúes que poblaron hace 250 años las tierras en que hoy está comprendida la colonia Avellaneda.

Su hábitat comprendía un amplio dominio en la margen derecha de los ríos Paraguay y Paraná y desde el Salado al sur, en la provincia de Santa Fe hasta más allá del Bermejo en el Chaco. Por el oeste, sus tolderías alcanzaban la parte este de la provincia de Santiago del Estero. Conviene advertir que los límites de las distintas naciones indígenas nunca fueron fijos y precisos por las luchas continuas que hacían variar las posesiones.

Los abipones, a su vez, se dividían en tres grandes ramas que respondían a sus respectivos caciques. Así tenemos al norte a los naguegeguehe, dirigidos por Alaiquín, llamado también Debayakaikin, al que los españoles decían “Petizo”; los yacoinagas, conducidos por Naré, fundador de san Fernando (Resistencia), frente a Corrientes; por último, los rukakees, en nuestra región que obedecían a los caciques Nerugini e Ichoalay (3).

El Dr. Cervera, refiriéndose a los abipones, los describe como de “ojos negros, nariz aguileña, barba escasa o nula y tez morena”, y agrega: “parecidos a los tobas, aunque más feroces y en guerra contínua con los vecinos… de cuerpos altos y miembros fornidos (según el P. Techo)… pintado el cuerpo imitanido los colores del tigre, con plumas de avestruz en nariz y labios y orejas. Acostumbrados a punzarse, arañarse y lastimarse el cuerpo desde chicos para no sentir dolor, con cruentos sacrificios y tormentos que sufren impasibles. Se arrancan los pelos de la frente y parte anterior del cráneo como los frentones… usan en invierno pieles y llevan escudo de cuero de ciervo; amigos de las borracheras y fiestas que concluyen en luchas sangrientas, son inconstantes y feroces, sucios y desgreñados… supersticiosos y con hechiceros médicos, son polígamos y compran la mujer. Todas estas tribus y otras más que no poseían ni religión, ni creencias y sumidos en la más ciega superstición y barbarie, fueron el azote de las poblaciones” (4). Fue Corrientes la ciudad que más sufrió las depredaciones de los bárbaros de la selva sin que el Paraná pudiera servir de defensa natural ante los invasores.

Sorteando los pequeños fuertes que la rodeaban, Santa Fe y sus estancias vecinas fueron también castigadas por el flagelo de las invasiones indígenas. “Sus ataques eran repentinos, sus procederes despiadados, pues no sólo no respetaban sexo ni edad, sino que los abipones al invadir mataban si podían a los pobladores y se llevaban en triunfo las cabezas de los muertos, ocasionando su solo nombre y la presencia de sus hordas, el terror de las poblaciones” (5). Agreguemos que la ciudad de Córdoba y los pueblos de Sinsacate, Río Seco, Cruz Alta, Jesús María y los poblados sobre el camino a Buenos Aires sufrieron también las depredaciones de los indígenas.

Haciendo honor a la verdad,  frente a episodios de barbarie de los abipones, los misioneros encontraron también rasgos de generosidad y conducta dócil que permitieron su provechoso sometimiento a las sanas costumbres en las que eran instruidos. Y aquí debemos hacer elogio a un ilustre personaje que con sus nobles disposiciones fue un eficaz intermediario entre sus congéneres y los civilizadores para alcanzar la paz en las luchas por la dominación. Fue un valiente caudillo a quien se llamó “el caballero abipón”. Era el cacique Ichoalay.

Nuestro hombre, hijo de una abipona rukakee, había sido criado según las severas costumbres de su raza y por lo tanto preparado para la actividad permanente de la lucha armada, convirtiéndose así en el ejemplar perfecto del guerrero abipón. De vigoroso y distinguido aspecto físico, unía a su valentía una notable solvencia moral.

Adquirió sus nobles cualidades en oportunidad de haber servido a una estancia cerca de Santa Fe como cuidador y domador de potros. La convivencia con españoles y criollos, en ambiente civilizado, morigeraron los impulsos recónditos de su estirpe con lo que se granjeó el beneplácito de su patrón, más aún, había llegado a adoptar su apellido, Benavides, y ser un mensajero de absoluta confianza.

Sin embargo, una simple cuestión de salario con su empleador, causó su disgusto y su regreso a la vida errante y silvestre, donde organizó arremetidas violentas contra poblados cristianos.

No perdió los buenos sentimientos y las normas de conducta que conoció en su juventud. Así fue conformando una recia personalidad que le valió llegar a ser jefe de su tribu. Desde su elevado sitial se convirtió en paladín de la convivencia pacífica con los españoles y fue gran defensor de esta idea en la histórica conferencia de Añapiré (1748) entre jefes y patrones de estancias españolas y caudillos indígenas, donde surgió el proyecto de crear reducciones con los padres jesuitas. Celoso cumplidor de lo pactado llegó a hacer la guerra a quienes resistieron el convenio y le significó el rencor y enemistad de cacique Oakerkaikin (o Debayakaikin), indómito caudillo a quien había jurado darle muerte.

Establecida la reducción de San Gerónimo del Rey, Ichoalay, por sus condiciones y natural ascendiente entre sus paisanos, heredó el cacicazgo y se puso al servicio de los PP. Jesuitas a quienes secundaba en la enseñanza de la doctrina cristiana a los componentes de su tribu. Fue tan activa v provechosa su colaboración que con su jefatura la reducción de El Rey tuvo una era próspera en forma tal que el P. Dobrishoffer afirmó    que “después de Dios se debieron a Ichoalay los progresos de San Gerónimo”. Fue eficaz cooperador en la fundación de la reducción de San Fernando (actual ciudad de Resistencia, capital del Chaco).

El P.Brignel lo instaba a que recibiera el bautismo, pero un día le contestó: “Déjeme que mate primero a Oakerkaikin. Mi cabeza esté llena de preocupaciones de venganza. Cuando me haya vengado, me bautizaré”. Esta actitud, franca y sincera, denota una cabal comprensión del cristianismo. Y cumplió con su cruel propósito, aunque no  en forma directa.

Su ingreso a la religión católica fue una decisión que tomó después de haber sanado de viruela maligna gracias a los solícitos cuidados del P. José Lehmann que lo bautizó, con el nombre de José Benavides, el 11 de abril de 1755, siendo padrino el Teniente de Gobernador D. Francisco Antonio de Vera, con asistencia del Cabildo Secular, del clero y de todo el pueblo de Santa Fe, con canto de Te Deum y repiques de campanas.

A este punto, nos place transcribir párrafos debidos a la pluma de Mons. José Alumni, historiador del Chaco, al referirse a Ichoalay: “Así fue conquistado por la Fe de Cristo, merced a las enseñanzas y al heroísmo de los misioneros jesuitas “El caballero abipón”, figura noble y digna de esa raza fuerte y belicosa que, al extinguirse para siempre hundiéndose en el seno de su selva milenaria, junto con la ferocidad innata de sus almas y su legendaria bravura, nos dejó la simpática figura de Ichoalay, “El caballero de San Gerónimo”. Y cuando la tempestad se abatió sobre las nacientes reducciones (la expulsión de los jesuitas), el altivo y leal caudillo bajó a Buenos Aires para enrostrar al mismo Bucarelli la ruptura del pacto que los españoles habían hecho con los abipones.

Le puso plazo para que los misioneros jesuitas regresaran a sus pueblos, y cumplido el mismo, la venganza del indio dio cuenta de los últimos restos de esa incipiente civilización, y volvió a la selva para ocultar en ella la amargura de su decepción de caballero y de cristiano” (6).

No obstante esta manifestación, se sabe que el cacique Benavídez no abandonó su pueblo de San Gerónimo, desde donde, indispuesto con los nuevos preceptores reinició la lucha contra sus tradicionales rivales y enemigos, los mocovíes de San Javier y San Pedro, hasta que perdió la vida en uno de los sangrientos encuentros que diezmaban a los indígenas.

Extraído del libro “LA COLONIA NACIONAL PTE.AVELLANEDA Y SU TIEMPO” lra. Parte, del Doctor Manuel I. Cracogna

ver http://www.humano.ya.com/raulcelsoar
BIBLIOGRAFIA CITADA POR EL DR. CRACOGNA:

(1) FLOREAL ROSSI. Geografía de la República Argentina, 5ta. Ed., 1980, p.180

(2) MANUEL CERVERA. Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe, 2da. Ed., Universidad del Litoral, Santa Fe 1979, t. I p.233.

(3) JOSE ALUMNI. Mons. El Chaco, p.85. Ed. Resistencia 1951.

(4) MANUEL CERVERA. Ob. cit. ps. 316/17.

(5) MANUEL CERVERA. Ibídem. p.433

(6) JOSE ALUMNI. Ob. cit. p. 90.

COLONIA “PRESIDENTE AVELLANEDA”
Nov 6th, 2009 by raulcelsoar

COLONIA “PRESIDENTE AVELLANEDA”

 

DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA

 

AVELLANEDA - DEPARTAMENTO GENERAL OBLIGADO

AVELLANEDA - DEPARTAMENTO GENERAL OBLIGADO

 La colonia “presidente Avellaneda”, situada en la zona del litoral norte de la provincia de Santa Fe, en la República Argentina, es uno de los distritos que componen la jurisdicción del departamento General Obligado.

Por sus características se halla comprendida en la gran región chaqueña. El confín del norte quedó establecido en el límite de la mensura oficial con sus prolongaciones al este y oeste hasta encontrar los lindes naturales respectivos. De esta manera quedó separada de los distritos de Lanteri y Las Garzas. El camino de Guadalupe Norte a Flor de Oro es el término del distrito. Por el este, con el río Paraná y por el sur y oeste con el arroyo El Rey que la separa de los distritos de Reconquista y La Sarita.

Las distancias máximas entre los límites N y S de la colonia es de 22 km y del E al O, puede calcularse en 45 km.

Tiene una superficie de 109.000 hectáreas, de las cuales más de la mitad corresponden a las islas y los bañados del Paraná y sus afluentes donde sólo puede desarrollarse la actividad ganadera, no exenta de inconvenientes por las periódicas crecientes del río. El resto de la colonia, salvo algunas reducidas zonas de suelos pobres y bosques sin explotar, resulta propicio para diversos cultivos con excelente producción.

La población actual puede estimarse en 16.000 habitantes, -datos anteriores al Censo 1991- comprendidos en el casco urbano y en la zona rural. La casi totalidad de los pobladores son argentinos nativos y la gran mayoría profesa la religión católica.

Desde el aspecto étnico, predominan el elemento criollo y los descendientes de los primitivos inmigrantes, cuyo conjunto se halla plenamente integrado en una comunidad concorde y activa.

El terreno de toda la colonia presenta una amplia llanura, sólo alterada por ligeras ondulaciones en cuyos bajos corren varios zanjones que sirven de desagües a algunas cañadas. Por esta razón y agregado al suave declive del suelo, de NO a SE y a obras de drenaje, las lluvias no alcanzan a producir inundaciones de elevados perjuicios.

La altura de Avellaneda, tornada en el punto fijo 95 de la nivelación general de la República practicada por el Instituto Geográfico Militar -año 1918, frente al templo parroquial -, nos da 48,4814 metros sobre el nivel del Riachuelo (Bs.As.) y de 47,9314 sobre el nivel del mar (Mar del Plata). Según un estudio practicado recientemente (1983) la diferencia de altura de Avellaneda y Reconquista, de plaza a plaza, es de seis metros, es decir, 48 en la primera y 42 en la segunda.

Situada en la región subtropical, el clima es benigno no obstante los veranos cuyas temperaturas suelen ser elevadas, excediendo la media de la estación estival se puede aceptar en 28° y el promedio del invierno es de 15°, con pocos días de heladas y jornadas bajo cero.

En verano predominan los vientos del NE, cálidos y a veces sofocantes, que suelen traer considerables dosis de humedad. Los vientos frescos nos llegan del SO precediendo precipitaciones y aliviando los rigores de la canícula. No son frecuentes los vientos ciclónicos.

Ubicada la colonia en la ancha faja de l00 km de tierras con propiedades generosas que bordean los ríos del este, dispone de abundantes corrientes subterráneas para el abastecimiento. La profundidad de las primeras napas acuíferas varían por lo general entre 5 y 10 metros; con 21 metros en la segunda y en 43 en la tercera, que surte de aguas blandas, aptas para el consumo.

El distrito Avellaneda se halla constituido por una planta urbana y una zona rural. En la primera, además del trazado primitivo de 100 manzanas deben agregarse las porciones de los lotes circundantes que han sido urbanizados dando lugar a nuevos y populosos barrios. Las manzanas regulares se dividen en cuatro solares señalados con las letras a, b, c y d, de 50 x 50 metros cada uno.

La zona rural fue delimitada en lotes regulares de 144 hectáreas cada uno, divididos en cuatro concesiones de 36 h. señaladas con las letras A, B, C y D. Los lotes rurales, como las manzanas urbanas, fueron numeradas desde el ángulo NO hacia el E, de izquierda a derecha y siguiendo de derecha a izquierda hasta terminar en el ángulo SO. El margen E. de la mensura de la colonia, se ubica en las proximidades del arroyo Saladillo, que corre de N a S.

A los lotes rurales, separados en su mayoría por calles de 25 metros de ancho, deben agregarse lotes irregulares y sobrantes en la periferia de la mensura, además de los campos de considerable extensión en la zona costera.

El deslinde de los terrenos fue realizado con alambrados de púas, con postes de quebracho, para protección de los cultivos contra los animales sueltos. Al desaparecer estos peligros, los cercos se han comenzado a eliminar debido al aumento de la mecanización agraria, evitando así costosas reparaciones.

Desde la planta urbana, siguen atravesando la colonia tres importantes vías de comunicación. Del centro al N la ruta provincial que nos vincula con Lanteri y Villa Ana. Hacia el NE, la ruta nacional N° 11 (carretera Juan de Garay) que lleva a Asunción, en la República del Paraguay, al NO el ferrocarril Gral. Belgrano que llega a su terminal Las Toscas (l00 km al norte). -Actualmente este ramal se encuentra inactivo y prácticamente desmantelado-

A través de los años se fueron formando dentro de la colonia varios núcleos poblacionales en torno a sus capillas y escuelas. Así tenernos el conjunto de Moussy, con la estación ferroviaria de ese nombre; Santa Ana, conocido anteriormente como Campo Grande; El Carmen, en el centro geográfico de le Colonia; El Timbó, como parte de la primitiva colonia sólo delineada al este; siguiendo al NE, Guadalupe Norte, cuyo centro urbano es compartido con el distrito Las Garzas; al SO, el paraje La Vertiente, seguido hacia el norte por Avellaneda Oeste.

En relación con los principales centros con los que se mantienen vinculaciones, desde la planta urbana existen las siguientes distancias:

  • Reconquista, ciudad cabecera del Dpto. Gral. Obligado, de la que la separa el arroyo El Rey, a sólo 3 km;
  • Guadalupe Norte, 23 km;
  • Las Garzas, 36 km;
  • Villa Ocampo, 82 km;
  • Las Toscas, l00 km;
  • Florencia, 130 km
  • Resistencia, 215 km;
  • Corrientes, 230 km;
  • Posadas, 520 km;
  • Posadas, 520 km;
  • Cataratas del lguazú, 820 km;
  • Malabrigo, 45 km;
  • Romang, 40 km;
  • Vera, 70 km;
  • Santa Fe, 325 km;
  • Rosario, 480 km;
  • Buenos Aires, 780 km;
  • Córdoba, 670 km;
  • Colonia Caroya, 720 km;
  • Avellaneda (B.A.), 800 km.

Líneas aéreas prestan servicio desde el Aeropuerto Reconquista (Base Aérea Militar) -actualmente III Brigada Aérea- distante 13 km. de Avellaneda, y desde el aeródromo local (del Aero Club Reconquista), situado a pocos centenares de metros del centro.

Extraído del libro “LA COLONIA NACIONAL PTE.AVELLANEDA Y SU TIEMPO” lra. Parte, del Doctor Manuel I. Cracogna

Colón llega a América
Oct 13th, 2009 by raulcelsoar

Descubrimiento de América

Colón llega a América

La expresión descubrimiento de América se usa muchas veces para referirse a la llegada de un grupo de europeos comandados por Cristóbal Colón a América, el 12 de octubre de 1492 a una isla del mar Caribe llamada Guanahani representando a los Reyes Católicos de España. Se trata de uno de los momentos culminantes de la historia universal porque significó el encuentro, aunque violento y brutal, de dos mundos humanos que se habían desarrollado independientemente sin que ambos conocieran la existencia del otro

Cristóbal Colón, pensaba que había llegado al continente asiático, denominado por los europeos Indias y murió sin saber que había llegado a un continente desconocido por los europeos.

La expresión ha sido criticada como eurocentrista por los pueblos originarios de América, por movimientos sociales y políticos americanos, y por diversos estudiosos, ya que cuando Colón llegó a América, el continente se encontraba poblado en toda su extensión y había sido descubierto por los antecesores de sus habitantes varios miles de años antes. La discriminación e invisibilización de las culturas originarias de América por parte de los colonizadores europeos constituyó una política intencional y sistemática de estos últimos, que incluso llegaron a discutir si los pobladores de América tenían alma.

Debido a ello algunos historiadores han sostenido que, para referirse a este acontecimiento, resulta más adecuado utilizar expresiones como “llegada de Colón a América” o “llegada de los españoles a América”. Eventualmente los términos “conquista de América”, ampliamente utilizado, o el menos habitual “invasión de América”, se refieren al proceso iniciado con el famoso viaje de Colón.

Se ha sostenido que el uso del término “descubrimiento de América” debiera reservarse para la llegada del hombre a América.

A 517 AÑOS DEL VIAJE DE COLÓN
Oct 13th, 2009 by raulcelsoar

A 517 AÑOS DEL VIAJE DE COLÓN

El encuentro de dos culturas

http://www.sepernoticias.com.ar/

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón llegó a lo que él llamó Indias Occidentales -hoy Continente Americano- tras navegar más de dos meses por el Océano Atlántico.
La fecha marca el nacimiento de una nueva identidad, producto del encuentro y fusión de los pueblos originarios de este suelo y los conquistadores europeos.
El Día de la Raza en Argentina fue establecido por el presidente Hipólito Yrigoyen en 1917.
Desde hace unos años, esta conmemoración fue incorporada por el Gobierno nacional a la grilla de feriados turísticos con fecha movible.
En esta oportunidad, coincide con la fecha original, y hoy rigen las características de feriado nacional, aunque muchos comercios abrirán medio día por la mañana.

¿Quién mató a Lavalle?
Oct 8th, 2009 by raulcelsoar

¿Quién mató a Lavalle?

Rogelio Alaniz

El general Lavalle, importante protagonista de las campañas de la Independencia, la guerra contra Brasil y las luchas civiles que ensangrentaron la primera mitad del siglo XIX.

Archivo El Litoral

A Juan Lavalle lo mataron en Jujuy el 9 de octubre de 1841. La leyenda cuenta que una partida federal se acercó a la casa donde estaba durmiendo y disparó contra el portón de la residencia. Una de esas balas tiradas al azar penetró en la garganta del “León de Riobamba”, que murió en el acto. Se dice que los integrantes de la partida ignoraron las consecuencias de sus tiros. Cuando la noticia trascendió, el mulato José Bracho se atribuyó la autoría y contó que la bala disparada había entrado por la cerradura. Durante algún tiempo, Bracho disfrutó de los honores y lisonjas del Restaurador, hasta que se supo que mentía, motivo por el cual los honores se trasladaron al jefe de la partida, Fortunato Blanco.

Muchos años después, los historiadores empezaron a discutir este informe oficial. Llegaron a la conclusión de que lo único cierto era que Lavalle había muerto. Lo demás es motivo de controversias. ¿Qué pasó en Jujuy en aquella madrugada del 9 de octubre en la casona residencial de los Zenarrusa? ¿Quién mató a Lavalle? O, ¿cómo murió? ¿Por qué se oculta la verdad?

Como se dice en estos casos, empecemos por el principio. Lavalle, al frente de doscientos hombres, había llegado a Jujuy el 8 de octubre. Eran hombres valientes, curtidos en las batallas y las adversidades, pero eran también hombres vencidos. El 19 de septiembre de 1841, en Famaillá, el llamado “Ejército libertador” había recibido su derrota definitiva. Después vinieron las deserciones. Dos días antes de llegar a Jujuy, los oficiales Ocampo y Hornos abandonaron a Lavalle y marcharon hacia Corrientes para unirse a Paz.

En Salta, los rumores de la derrota eran públicos. Se sabe que el general Manuel Oribe les venía mordiendo los talones y que había prometido degollar a Lavalle y llevar su cabeza en una pica para que Rosas disfrutara del espectáculo. La única adhesión que había recibido en Salta fue la de Damasita Boedo, una hermosa jovencita de veinte años que decidió acompañar el calvario del general de cabellos rubios y ojos azules.

Posteriores investigaciones dirán que Damasita fue obligada a marchar con Lavalle. Imposible saber la verdad, entre otras cosas porque, efectivamente, Lavalle había ordenado fusilar a su hermano y a su primo. A esas heridas, la hija del congresista de la Independencia no las olvidaría, o no debería olvidarlas. Algunos de estos datos serán tenidos en cuenta por los historiadores a la hora de interrogarse sobre la verdadera muerte de Lavalle.

Las tropas acampan en Los Tapiales de Castañeda, a ocho cuadras del centro de Jujuy. Lavalle decide dormir en la ciudad. No es una buena idea, le dice el general Pedernera. Lavalle no lo escucha. El “Rey de los arenales de Moquehuá”, el granadero que al frente de noventa soldados atropelló a quinientos españoles, no está dispuesto a dejarse asustar por un puñado de gauchos zaparrastrosos. Lo acompañan ocho soldados de su confianza, su asistente Pedro Lacasa y sus colaboradores Celedonio Flores y Félix Frías, el muy devoto y católico Félix Frías.

Alguien más es de la partida: Damasita Boedo. Lavalle quiere descansar esa noche y quiere descansar bien acompañado, como lo ha hecho antes de Famaillá con la bella Solana Sotomayor, esposa de Brizuela, a pesar de las reconvenciones devotas de Frías, que no dejaba de decirle: “La causa de la libertad se pierde, mi general, por las mujeres”.

Pequeña iglesia de Huacalera (Jujuy) en la que se enterraron los tejidos blandos y vísceras de su cuerpo descarnado en un sitio próximo. Los huesos, en tanto, fueron llevados por sus soldados hasta Potosí (Bolivia), para evitar que sus enemigos los profanaran.

Foto: Gustavo J. Vittori

Lavalle y sus hombres llegan a la casa de Zenarrusa a las dos de la mañana. Han golpeado otras puertas y no los han querido atender o no había nadie. La casa de Zenarrusa está también vacía. Allí, antes de abandonar asustados la ciudad, se alojaban el gobernador Alvarado y Bedoya, por lo que hay comodidades y la cama matrimonial es grande y tentadora. Por su parte, los soldados se acomodan en los patios; los colaboradores, en los cuartos vecinos.

A las seis de la mañana se oye un ruido de caballos. La partida enemiga está en el callejón. No son más de catorce hombres, muchos de ellos dominados por el miedo porque están mal armados, mal montados y temen ser víctimas de una emboscada. Todos están desinformados. También en la casa hay miedo. Frías habla de salir corriendo por los patios de atrás; algo parecido piensan los soldados. El único que mantiene la sangre fría es Lavalle. “Nos vamos a abrir paso”, dicen que fue lo último que dijo. No fanfarronea. Se las ha visto en peores y nunca le temblaron ni el pulso ni el corazón. Mucho menos ahora. Sale al patio, o a la galería, para reconocer la situación. Es allí cuando suenan los disparos y una bala perdida lo mata. Otros van a decir luego que el disparo vino desde la izquierda. En cualquier caso, la muerte fue en el acto. Un testigo asegura que Damasita se acercó a su lado y le cerró los ojos.

Cuando llegaron los hombres de Pedernera ya no había nada que hacer. Se decide partir hacia el norte sin pérdida de tiempo. Alguien avisa que el cadáver de Lavalle está tirado en el patio. Los soldados regresan y lo recogen. El último capítulo de una prolongada épica, confundida con pesadilla, concluye. Los soldados marchan por la quebrada de Humahuaca rumbo a Bolivia. Llevan los restos del general. En las orillas de un río lo “descarnan” y guardan sus huesos para dejarlos en la capilla de Potosí. El sol de octubre golpea sin compasión sobre los hombres. Las tropas de Oribe les muerden los talones y todos saben que Oribe no perdona. Con ellos marcha Damasita Boedo; la mujer ha rechazado la oferta de Pedernera de regresar a Salta.

El 22 de octubre, dos semanas después de la muerte de Lavalle, los restos de un ejército de hombres en andrajos llega a Potosí. La misión se ha cumplido. Los restos de Lavalle se han salvado y también se han salvado ellos. Frías recordará siempre esas jornadas dominadas por el extravío del miedo, el dolor y la derrota. Algo parecido dirán Pedernera y Lacasa. Cada uno de los sobrevivientes dará su versión sobre los acontecimientos y todos coincidirán en decir que Lavalle fue muerto por una bala perdida. Habrá variaciones en ese relato, pero en lo fundamental todos dirán lo mismo.

Sin embargo, cuando años después, muchos años después, algunos historiadores intenten reconstruir esa jornada, descubrirán que la teoría de la bala perdida es inconsistente. La prueba más importante es que las balas disparadas jamás pudieron haber atravesado el portón. La afirmación del mulato Bracho, acerca de que la bala entró por la cerradura, no sólo fue descartada por él mismo, sino que tuvo que recurrir a esa mentira porque era evidente que las balas no podían atravesar la madera como si fuera un papel.

La pregunta entonces es obvia: si no fue una bala perdida disparada por soldados enemigos, ¿quién mató a Lavalle? ¿Los soldados? ¿Lacasa, Frías, Álvarez, que le habían advertido que no era sensato irse a dormir a Jujuy, y mucho menos, para pasar la noche con una mujer? ¿Damasita Boedo, para vengarse del hombre que había ordenado fusilar a su hermano y su primo? Todas estas hipótesis fueron descartadas, particularmente la última. Si Damasita hubiera sido la responsable de esa muerte, Pedernera no le habría ofrecido protección.

¿Cómo murió Lavalle? ¿De donde salió la bala? Veamos. Lavalle era un hombre derrotado. Sus amigos hablan de sus estados depresivos, de su soledad, de su empecinado y obsesivo afán de refugiarse en los brazos de una mujer para eludir los rigores de una realidad que se obstinaba en serle adversa. Frías cuenta que en los últimos días su humor había mejorado. Se reía y hacía chistes. Luego agrega: “Esa risa me despertaba malos presentimientos”.

Si los autores de la muerte no fueron ni la partida, ni sus propios soldados, ni su amante, la única hipótesis que se sostiene es la del suicidio. Ninguno de sus colaboradores lo dice, pero es muy probable que se hayan juramentado hacer silencio porque, para hombres creyentes, y en particular para un católico ortodoxo como Frías, el suicidio era un deshonor, una falta a los hombres y a Dios. Fue entonces que para sostener la moral de la tropa y proteger a Lavalle de las maledicencias de amigos y enemigos que se ocultó el suicidio. Por supuesto, ningún historiador puede probar esta hipótesis con documentos, pero ya se sabe que los documentos no hablan por cuenta propia y que no siempre son el exclusivo criterio de verdad

Manuel Belgrano en su paso por Santa Fe
Oct 8th, 2009 by raulcelsoar

Manuel Belgrano en su paso por Santa Fe

Retrato de Manuel Belgrano, pintado en Londres en 1815, probablemente por Francois Casimir Carbonier.

Foto: Archivo El Litoral

El Instituto Belgraniano de la ciudad de Santa Fe rinde un merecido homenaje de admiración y gratitud al prócer Manuel Belgrano, tan íntimamente vinculado con nuestra provincia de Santa Fe, en dos etapas de su vida: una la Expedición al Paraguay y otra, la creación de la Bandera.

En la primera etapa que hoy evocamos, nuestra ciudad tuvo el honor de albergarlo en su paso al frente del Ejército de la Expedición al Paraguay del 1º al 8 de octubre.

Santa Fe, desde los albores de la Revolución, conocía la personalidad de Belgrano, que encabezaba la lista de patriotas revolucionarios, y su actuación en los días de Mayo, formando parte de la Primera Junta de Gobierno.

Una de las principales decisiones del gobierno patrio fue disponer la Expedición al Paraguay, a cuyo frente se puso a Manuel Belgrano. El objetivo de la misma era conseguir la adhesión de esa provincia a la causa de la Revolución.

Mitre, el biógrafo eminente del General Manuel Belgrano, destaca las condiciones en que salía aquella expedición, escasa de efectivos, mal equipada y peor armada “confiando totalmente para su éxito, en el patrimonio de los pueblos del Litoral” y que éstos respondieran ampliamente a ese propósito.

La expedición, proveniente de San Nicolás el 1º de octubre estaba en Santo Tomé para luego entrar a Santa Fe, atravesando caminos en pésimo estado y con la caballería en condiciones desfavorables. La noticia de la proximidad del ejército de Belgrano quebró la calma habitual de la tranquila Santa Fe.

A su llegada, trató de evitar toda recepción, con esa modestia que es otra de sus grandes virtudes. Pero a pesar de ello y de las inclemencias del tiempo, la población volcada en las calles, tributó al ilustre visitante, un extraordinario recibimiento. Tal es así, que él mismo destaca en su carta al presidente de la Primera Junta que “a pesar de ser noche oscura y haber mucho barro, oyó vivas y aclamaciones del pueblo.

Los principales vecinos se reunieron en el Cabildo con el gobernador, resolviendo ir en busca del General y ofrecerle alojamiento acorde al alto grado que envestía, pero Belgrano rehusó el mismo.

“Estoy alojado, dice en su comunicación a Saavedra, en el convento de Santo Domingo, determinación que tomé para no causar gastos a ningún particular. El padre Fray Isidro Guerra y el fray José Grela, me hacen todo el honor y el servicio posible”.

Desde aquí comienza la ardua tarea de reorganizar su mal equipado ejército, pero a pesar de todos sus esfuerzos no puede apresurar la marcha de las tropas, porque pertrechos y municiones prometidos por el gobierno de Buenos Aires, no llegaban.

La ciudadanía que había exhibido su fervor patriótico, a pesar de su pobreza, se destacó por las generosidades de su contribuciones en ayuda del flamante general.

El cronista don Urbano de Iriondo señala cómo aún los más pobres no dejaban de contribuir con modestos aportes, al magro tesoro de la expedición y son conocidas las donaciones y ofrecimientos de don Francisco Antonio Candioti y de doña Gregoria Pérez de Denis, “la primera patricia argentina” entre otros, que pusieron a disposición de las armas de la patria, todo cuanto pudieran necesitar en aquella empresa de la libertad.

Santa Fe se desprendió, en acto digno de destacar, de sus blandengues con los que iría a la vanguardia el entonces bisoño Sargento Estanislao López, futuro paladín de la autonomía santafesina y Patriarca de la Federación.

Belgrano se sintió profundamente conmovido ante la actitud del pueblo de Santa Fe y escribe: “A los vecinos del municipio de Santa Fe: en el día de hoy, la generosidad de vuestros corazones, se ha manifestado en lo entregado para abastecer las tropas que marchan al Paraguay para llevar la antorcha que fuera encendida en Buenos Aires el 25 de Mayo. Os hicisteis presentes en la medida de vuestras posibilidades. Os he dado las gracias a cada uno de vosotros, pero para recuerdo perenne de vuestra entusiasta cooperación en esta Santa Causa y en uso de la representación que me ha sido concedida por las actuales autoridades, confiero a este Ayuntamiento el título de Noble. Para conocimiento de todo el vecindario, este bando será leído en la Plaza Mayor, convocando a los vecinos al son del tambor como es norma”.

El 8 de octubre al amanecer, pasaron para la bajada del Paraná, las tropas de la división que mandaba Juan Ramón Balcarce y posteriormente el mismo Belgrano, partía de Santa Fe.

Si bien la expedición al Paraguay fue un fracaso, desde el punto de vista militar, siempre se ha reconocido que Belgrano actuó con una competencia muy superior a la que era dable esperar de un militar improvisado y supo aprovechar la oportunidad para sembrar ideas de independencia que el tiempo hizo fructificar, retirándose con gloria de Asunción.

Proféticamente Belgrano expresó: “Jamás han podido existir los Estados, luego que la corrupción ha llegado, a pesar de las leyes. No hay nada más despreciable para el hombre de bien, para el verdadero patriota que merece la confianza de sus conciudadanos en el manejo de los negocios públicos, que el dinero y las riquezas. En sus últimas palabras presagiaba el futuro de los argentinos: “Pienso en la eternidad donde voy y en la tierra querida que dejo. Espero que los buenos ciudadanos trabajarán para remediar sus desgracias”.

DR. NICOLAS AVELLANEDA
Oct 1st, 2009 by raulcelsoar

Nicolás Avellaneda

Rogelio Alaniz

Publicado en DIARIO EL LITORAL DE SANTA FE

Supo del dolor cuando apenas tenía cuatro años y una empleada de la casa le dijo que su padre había sido degollado por los mazorqueros de Oribe. Desde entonces y hasta el fin de su vida se lo conoció como “el hijo del mártir de Metán”, la localidad donde su padre, Marco, fue ejecutado por el degollador uruguayo Mariano Maza.

Nicolás Avellaneda nació en Tucumán el 1º de octubre de 1836. Allí vivirá pocos años pero nunca olvidará su terruño

En 1878, regresa a su tierra como presidente de la Nación. Para evitar efusiones que su modestia rechaza, se adelanta a la comitiva y se aloja en la casa de su abuelo. La noticia de que el presidente de la Nación está en la ciudad corre por todos lados y una multitud marcha para saludar al hijo pródigo. Avellaneda sale al balcón e improvisa un discurso que muchos lo repetirán de memoria durante años: “ He querido venir solo y despojado de las insignias del mando. He venido antes de las fiestas para que las pompas oficiales no sofoquen la efusión de nuestros primeros abrazos. Lo que necesito decirles no quiero que sea escuchado por extraños… Traigo fatigas después de las vicisitudes de la vida y anhelo descansar mi cabeza al abrigo de corazones seguros. ¡Los años de la ausencia han sido largos, la jornada dura! ¡Cuántas veces bajo las inquietudes de la suerte, y viendo cerrar el paso a mi intención pura y sana, me he preguntado si me sería dado un día volver con honor y con vida a la vieja casa de mis padres!… He tropezado con muchos en este camino de las ambiciones que viene tan lleno de gentes, pero nunca deserté de las reglas del deber… puedo, pues, comparecer delante de la sombra de mi padre y delante de la de ustedes que fueron los testigos de su vida y de su muerte…. ¡Miradme! Mi frente tiene pliegues prematuros, mis cabellos emblanquecen, las vigilias han devastado mi fisonomía, pero ¡miradme! Soy el mismo. Y puesto que me han reconocido, vuelvo a pedirles: denme un asiento en el hogar común… Necesito después de tantas agitaciones calentar mi alma bajo los rayos vivificantes de nuestro sol”.
 
Por linaje materno y paterno, Avellaneda pertenecía a distinguidas familias de Tucumán. Ese privilegio nunca le interesó demasiado, y jamás se preocupó por hacerlo valer. Como los hombres rectos y lúcidos, el único privilegio que respetaba era el de la inteligencia. “Cuando oigo decir que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy siempre dispuesto a pensar bien de él”, escribe.

Por temperamento y por decisión personal, siempre estuvo a favor de las transacciones pacíficas, de los acuerdos y el diálogo. Sin embargo, los tumultos políticos del país en el que le tocó nacer lo obligaron a convivir con la violencia. Sarmiento lo reconoció como el primer presidente que llegaba a ese cargo sin saber manejar un revólver. Así fue. Avellaneda no era militar, tampoco alardeaba de valiente como Mansilla, ni tenía desplantes de guapo como Alsina. Sin embargo, en nombre de la paz debió afrontar un levantamiento armado liderado por Bartolomé Mitre. Y cuando concluía su mandato andaba armado porque en el aire de aquel Buenos Aires de 1880, en el que un policía parecía tener más autoridad que el presidente de la Nación, el olor a pólvora era insoportable.

No era violento ni posaba de guapo, pero no era cobarde. Roca, Julio Roca, el presidente que lo sucedió y que peleaba en los campos de batalla desde los catorce años, decía admirado que a Avellaneda nunca lo vio temblar, ni siquiera en momentos en los que hasta el más guapo temblaba. Cuando por instrucciones suyas el gobierno nacional se trasladó a Belgrano -para desde allí enfrentar la rebelión de la provincia de Buenos Aires-, Roca le insinuó que se refugiara en un barco. Ni lo escuchó.

Marcado desde la infancia por los signos de la violencia, fue siempre un hombre de paz. No bebía, no fumaba, no trasnochaba. “Comía poco y escuchaba mucho”, decía un amigo. En un tiempo en el que los hombres se jactaban de sus duelos y de sus vidas mundanas, él prefería quedarse en la casa con su esposa y con sus libros. Siempre fue algo retraído, distante. Los que lo conocieron recuerdan su mirada triste y su sonrisa breve y cálida.

Hablaba en voz baja, con una leve tonada cordobesa que le había quedado prendida luego de su paso por el colegio Monserrat. De aquellos años de estudiante, recordaba los momentos de felicidad. “Vivirás en la memoria, Córdoba, no por tu ciencia que se olvida, sino porque os recuerda el corazón”. No es Marcel Proust, pero como él siente la necesidad de convocar al tiempo perdido.

Tenía apenas veinte años cuando llegó a Buenos Aires. Ya para entonces era el hombre que sería hasta el día de su muerte: tenaz, discreto. Su baja estatura era tan célebre como su acerada inteligencia. Católico practicante, su primer trabajo en un estudio jurídico fue con el doctor Roque Pérez, el jefe de la poderosa masonería porteña. A los veinticinco años, ya era un abogado reconocido por la elite porteña. Ser el hijo del mártir de Metán le había abierto las puertas. Cané lo protegía, Mitre lo recomendaba y Sarmiento le confiaba el cuidado de su hijo Dominguito, al que habrá de despedir ante la tumba años después.

Los que lo trataron aseguran que si no se hubiera dedicado a la política habría sido un gran escritor. Los pocos textos que se le conocen dan cuenta de una prosa impecable. Tal vez por eso se explique que cuando Sarmiento asuma la presidencia de la Nación le solicite que escriba el discurso oficial. Sarmiento sabía lo que hacía. Avellaneda escribía muy bien y era tan minucioso con las palabras, que alguna vez le aconsejará a un escritor que jamás le perdonará que lo haya obligado a iniciar un discurso con un gerundio. Los presidentes actuales seguramente no prestan atención a esos detalles.

Más de un historiador asegura que la proeza educativa que se le atribuye a Sarmiento fue concretada por Avellaneda. El mismo, tal vez molesto porque la gloria de educar al soberano se la reconocen a un solo actor, señala en el balance de su gestión: “Bajo mi ministerio se dobló el número de colegios, se doblaron las bibliotecas populares, los grandes establecimientos científicos como el Observatorio… ésta es la página de honor de mi vida pública y la única a cuyo pie quiero consignar mi nombre”.

Decía que su presidencia se inició con los signos de la guerra civil conjurada luego en las batallas de Santa Rosa y La Verde. No concluyeron allí los contratiempos. A los dos años de estar en el poder se desata una de las crisis cíclicas del capitalismo con sus secuelas de desocupación y pobreza. Allí lanza la consiga de honrar la deuda externa sobre la sed y el hambre de los argentinos. No fue una consigna feliz, pero sin dudas fue una consigna realista y tal vez inevitable.

En 1878, muere Alsina y Roca se hace cargo del Ministerio de Guerra. Su respuesta contra el indio ya no será la célebre zanja sino la ofensiva militar. La iniciativa fue de Roca, pero estuvo avalada por la totalidad de la clase dirigente. También durante su mandato hubo que luchar contra las montoneras de López Jordán, el caudillo entrerriano acusado de asesinar a Urquiza. Avellaneda nunca aprobó esa muerte. “No puedo aceptar que el crimen confiera títulos válidos para el mando de los pueblos… En nombre de la república, desconozco al gobierno que pretende inaugurar el reinado del crimen en la provincia de Entre Ríos”.

Finalmente, debió soportar la rebelión de la provincia de Buenos Aires que se resistía a ceder la ciudad capital, desarmar sus milicias provinciales y emitir moneda. La última guerra civil entre argentinos costó tres mil vidas, el precio a pagar para terminar de organizar con todos sus atributos al poder nacional.

Cuando Avellaneda llegó a la presidencia tenía treinta y seis años. Cuando retornó al llano ya era un hombre deteriorado por la enfermedad. Murió en 1886, antes de cumplir los cincuenta años. Lo acompañaban en ese momento su esposa y su querido amigo Aristóbulo del Valle. Cuentan que su mujer le pedía que no perdiera el ánimo. “El ánimo no lo pierdo, lo que estoy perdiendo es la vida”, dicen que fue lo último que dijo, casi sonriendo.

 

 
Hombre de paz. Avellaneda creía más en la educación que en la guerra

MAQUINAS ANTIGUAS
Sep 22nd, 2009 by raulcelsoar

TRACTORES A VAPOR

Con motivo del 90 aniversario de la fundación de la Unión Agrícola de Avellaneda, se presentó el tractor a vapor,  de procedencia inglesa, marca Ransomes, modelo 1924, que fue pionero en la producción agrícola de esa prestigiosa cooperativa de nuestro medio.

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