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LAS COMPARACIONES SON ODIOSAS
Nov 25th, 2008 by raulcelsoar

ADN
Mapa genético de los defectos argentinos

JORGE LANATA

Las comparaciones son odiosas

“(Las verdades morales cardinales son éstas:) que todos los hombres fueron creados por igual, que su Creador los ha dotado de ciertos derechos inalienables, que entre ellos se encuentran la Vida, la Libertad y la Búsqueda de la Felicidad. Que para asegurar estos derechos se instituyen Gobiernos entre los Hombres, los cuales derivan sus poderes legítimos del Consentimiento de los Gobernados.”

Preámbulo de la Constitución de los Estados Unidos de América

“Todo hombre y todo grupo de hombres sobre la Tierra tienen el derecho de gobernarse a sí mismos.”

Thomas Jefferson

Hubo una conquista estatal, y otra privada. Una fue católica, la otra protestante. Ambas sangrientas: en una los conquistadores se mezclaron, en la otra cercaron a los indios hasta casi desaparecerlos por completo, en ambas abusaron de los negros (en una fueron carne de cañón de las luchas por la Independencia y en la otra lucharon por sus derechos ciudadanos y aún hoy lo continúan haciendo).
En El autoritarismo y la improductividad, García Hamilton resume este juego de espejos entre las infancias de América del Sur y de América del Norte:

• En Nueva Inglaterra, el rey otorgaba a un número determinado de peregrinos el derecho de organizarse en sociedad y a gobernarse por sí mismos.

• En otros territorios (Carolina del Norte y del Sur, Pennsylvania o Maryland), la Corona otorgaba a una persona o empresa la propiedad de los territorios, y era esa persona realo jurídica quien gobernaba.

• En Nueva York, el rey sometió el territorio a un gobernador elegido desde Londres, con un sistema bastante similar al de la dominación española.

• En todos los casos, desde la instalación de las comunidades, las autoridades fueron elegidas por medio del voto universal, se autorizó el plebiscito para algunos asuntos públicos y el juicio por jurados. A mediados del siglo XIX, en la mayoría de los estados, fue aprobado mediante plebiscito el voto femenino.

En algunos casos, como el sucedido en Virginia en 1624, la Asamblea despojó a la compañía colonizadora del cobro de los impuestos e intervino en la elaboración de los gastos del estado.
Las primeras colonias inglesas estuvieron integradas por ciudadanos británicos que partieron sin ninguna autorización oficial y sin encargo ni vínculo alguno con la Corona. En el caso de España, tal como señala Hamilton, se dio lo inverso: Colón esperó ocho años para conseguir el patrocinio de los Reyes Católicos en 1492, y viajó como “un emisario y representante del Fisco, con los títulos condicionales de Almirante, Virrey y Gobernador de las islas y tierras que descubriera”.

El poder de la Corona se hacía sentir permanentemente en las Indias, y la posibilidad de autogobierno era vista como una conspiración y combatida como tal. A medida que el poder político se concentró más y más en los monarcas, los cabildos se fueron aristocratizando. A fines del siglo XV, los reyes decidieron que el cargo de regidor y el de corregidor (quien presidía el cabildo) fueran vitalicios y nombrados directamente desde España. A la vez, la venta de cargos capitulares logró opacar el rol de los cabildos. Los cargos de alcalde, alguacil mayor, contador y escribanos de gobierno fueron vendidos en remate público y al mejor postor.

La economía local de la colonia dependía en su totalidad de los designios de la Corona de España. El rey decidía sobre los denominados “estancos”, que autorizaban el monopolio comercial sobre determinadas “concesiones”. Hubo, de ese modo, concesiones estatales sobre la venta de mercurio, sal, tabaco, naipes, pimienta, pólvora y riña de gallos. La Corona también monopolizó la venta de lana de vicuña, prohibió la producción de vid y olivo en algunas áreas a favor de otras, y fijó precios máximos para el vino y el jabón. En 1524, Hernán Cortés fijó en sus ordenanzas los precios de algunas mercaderías: una gallina de Castilla, un peso y medio; un huevo, medio real de oro; una azumbre de vino, medio o un peso de oro, según la distancia del puerto de Veracruz hasta la taberna.

• Los primeros inmigrantes ingleses llegaron a lo que es hoy Estados Unidos escapando de la persecución religiosa o de internas políticas de la Corona británica (el autoritarismo de Carlos I de Inglaterra o la posterior revuelta de Oliver Cromwell). Otros, entre 1620 y 1635, soportaron las doce semanas de navegación escapando de las malas cosechas y la desocupación. Pero más allá de los motivos particulares, bien podría afirmarse que el ethos norteamericano estuvo basado en la cultura religiosa protestante.

Durante los levantamientos religiosos del siglo XVI, grupos puritanos trataron de reformar desde adentro a la Iglesia Establecida de Inglaterra: buscaban reemplazar los ritos estructurales del catolicismo romano. Ya en 1523 Martín Lutero había escrito “Sobre la autoridad secular, hasta dónde se le debe obediencia”. La figura católica del papa y los deberes de la feligresía para con éste llevaron al protestantismo a repudiar todo mediador posible entre Dios y el ser humano. La Reforma, podría decirse, se basó en tres lemas: sólo Dios, sólo la Escritura, sólo la Gracia. “Que todo hombre que se reconozca cristiano esté seguro y sepa que somos igualmente sacerdotes; es decir, que tenemos el mismo poder con respecto a la Palabra y a todo sacramento”, escribió Lutero, para quien la salvación dependía únicamente de la Gracia de Dios: el hombre no puede salvarse a sí mismo, y Dios ofrece todo lo necesario para la “justificación”, el restablecimiento de la relación entre el pecador y Dios. Las buegas obras no son causa de la justificación, sino su resultado.

LUTERO MARTIN
En 1607 un grupo de separatistas puritanos decidió refugiarse en Leyden, Holanda y abandonar la lucha interna en su país. Allí obtuvieron una patente sobre las tierras de la Virginia Company en 1620 y, a bordo del buque Mayflower, desembarcaron en el cabo Cod, en Nueva Inglaterra. No fueron la primera colonia en esas tierras, pero cargaron con el símbolo fundacional a partir del denominado “Pacto del Mayflower”, que adoptaron como instrumento de gobierno.[1] “A fin de reunirnos —decía— bajo un sistema político civil para nuestro mejor ordenamiento y preservación (…) y en virtud del mismo tener poder para promulgar, constituir y elaborar leyes, mandatos, actas, constituciones y cargos que sean justos e igualitarios (…) de acuerdo con lo que se juzgue más idóneo y conveniente para el bien general de la colonia.” Un elemento adicional colaboró para la supervivencia de los colonos del Mayflower: los indios wampanoag les enseñaron a cultivar maíz. Ya hemos visto que los españoles consideraban al comercio o los trabajos de labranza como “oficios viles”, a lo que deberá sumarse la siguiente observación de García Hamilton: “Es cierto que Colón, por instrucciones de la Corona y por convicción, llevó en su segundo y tercer viaje agricultores y hortelanos, pero no es menos cierto que, como lo destacó Silvio Zabala,[2] la colonización pacífica a cargo de los labradores y artesanos no fue el patrón normal y general de la emigración de los españoles a América. La mayoría de los integrantes de las primeras expediciones estaba formada por soldados que habían luchado en la reconquista, oficiales en las campañas de Francia e Italia o segundones de las familias hidalgas empobrecidos por el mayorazgo.”

En otras regiones de América del Norte la vida de los colonos no fue tan idílica, aunque sí estuvo igualmente atravesada por un claro espíritu de empresa: el asentamiento en Manhat-
tan se inició a principios de la década de 1620, cuando la isla fue comprada por 24 dólares a los indios locales. Allí los holandeses alentaron la creación de una especie de aristocracia feudal con el sistema de encomiendas establecido en varios emprendimientos rurales en el río Hudson. En la América hispana, las encomiendas habían servido como una forma encubierta de la esclavitud de los indios que trabajaban encadenados y al borde de la inanición. En el Plata, la encomienda estableció servidumbre a los señores a cambio de protección para los siervos. Se entregaba una comunidad de indios a un español (benemérito) a cambio de los servicios prestados por éste. Para decirlo de otro modo: el encomendero cobra y disfruta el tributo de sus indios, en dinero, en especie (alimentos, tejidos, etc.) o en trabajo (construcción de casas, cultivo de tierras o cualquier otro servicio); a cambio de ello, debe amparar y proteger a los indios encomendados e instruirlos en la religión católica, por sí o por medio de una persona seglar o eclesiástica (doctrinero) que él mantendrá. Por lo tanto, la encomienda no implicaba la propiedad sobre los nativos; era una concesión no heredable. Al quedar vacante, volvía al monarca, quien podía retener a los indígenas bajo administración real o entregarlos a otro encomendero.

Bajo el mismo sistema en el Norte, cualquier accionista o patrón que pudiera llevar a 50 adultos a trabajar en su propiedad durante cuatro años, se hacía acreedor de una parcela de 25 kilómetros con frente hacia el río, con derechos de caza y pesca. Los inquilinos le pagaban el alquiler al encomendero y le otorgaban una opción prioritaria sobre el excedente de sus cosechas.

Se calcula que la mitad de los colonizadores que se asentaron en el sur de Nueva Inglaterra lo hicieron con ese sistema. El otro sistema vinculado a la tierra fue la esclavitud de los negros, en aumento al crecer la demanda de mano de obra en las plantaciones de tabaco y algodón del sur. La equiparación de los derechos políticos con los habitantes de raza blanca recién fue aprobada el 2 de julio de 1964, y los conflictos raciales (que provocaron, entre otros, los asesinatos de Malcolm X en 1965 y Martin Luther King en 1968) aún hoy continúan.

MARTIN LUTHER KING

“Mucho debe haber contribuido a producir este resultado desgraciado la incorporación de indígenas que hizo la colonización —afirmaba Sarmiento en Conflicto y armonía de las razas en América—. Las razas americanas viven en la ociosidad y se muestran incapaces, aun por medio de la compulsión, para dedicarse a un trabajo duro y seguido. Esto sugirió la idea de introducir negros en América, que tan fatales resultados ha producido. Pero no se ha mostrado mejor dotada de acción la raza española cuando se ha visto en los desiertos americanos abandonada a sus propios instintos.”

Algunos autores —García Hamilton, por ejemplo— no dudan en formularlo de este modo: “Las grandes democracias del mundo se han formado en países de religión protestante”. Como siempre, el problema de formular enunciados matemáticos en el campo sociológico o político nos pone en riesgo de fanatizar la discusión o de simplemente desechar la premisa por considerarla demasiado general. Nadie podría negar el ascendiente religioso en la cultura, ni su importancia en la creación de una escala axiológica para la vida social, pero a la hora de formular una hipótesis tan precisa habría que señalar:

1) El mundo no está compuesto, solamente, por católicos yprotestantes. Si representáramos la población total de6.000 millones de habitantes en una aldea de mil personas, el mundo tendría 329 cristianos (187 católicos, 84protestantes, 31 ortodoxos), 178 musulmanes, 167 creyentes no religiosos, 132 hindúes, 60 budistas, 45 ateos,3 judíos y 86 miembros de otros cultos. Si buscáramosalguna comida “universal” como la hamburguesa y quisiéramos invitar a un nuevo amigo a comer, descubriríamos que el 61% del mundo la rechazaría por motivos religiosos: los islámicos no comen cerdo; los hindúes tienenprohibida la sal y la carne de vaca; los taoístas, el pan; los budistas evitan el tocino; los ortodoxos, los lácteos y losjainistas, las gaseosas. Eso suponiendo que no llevemosal almuerzo a un cristiano en un viernes de Cuaresma. Yreconozcamos que, a pesar de todo, al mundo le ha salido mejor el “Big Mac” que la democracia.

2) La idea que vincula íntimamente al protestantismo conel progreso económico fue propuesta por uno de los “padres fundadores” de la sociología, el alemán Max Weber (1864-1920) en su clásico La ética protestante y el espíritu del capitalismo, publicado entre 1904 y 1905. Para Weber, el ideal religioso fue el motor del desarrollo social, económico y político de Occidente.

3) La Iglesia Católica nunca propició el lucro y el comerciocomo una actividad honesta. La crisis protestante cuestionó esta actitud, fomentando la acumulación de la riqueza y redefiniendo los conceptos católicos de trabajo yprogreso. La Biblia muestra en el Génesis que Adán escastigado con el trabajo debido a su naturaleza caída.”Maldita será la tierra por tu causa —le dice Dios a Adánluego de haber confesado el pecado original—. Con dolorcomerás de ella todos los días de tu vida. Espinas y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y alpolvo volverás.”

4) Para Weber, el espíritu del capitalismo debe entendersecomo un nuevo estilo de vida sujeto a ciertas normas deuna ética determinada. Lo característico de esta “filosofía de la avaricia”es el ideal del hombre honrado digno decrédito, y, más aún, la idea de una obligación frente al interés de aumentar su capital. La prudencia en los negocios, es un verdadero ethos. Benjamin Franklin sosteníaen sus textos que la moralidad es útil porque proporciona crédito, al igual que otras virtudes. La ganancia es elfin del hombre, y no un medio de satisfacción, y el resultado es la virtud en el trabajo.

Para los protestantes, el concepto de “profesión” (del alemán, beruf; en inglés calling, llamado) tiene una clara reminiscencia religiosa; es una misión impuesta por Dios.

De lo que no cabe duda es que la atracción por el “modelo” anglosajón tiene una larga historia en nuestras tierras. “¿Quién conoce caballero entre nosotros —preguntaba Juan Bautista Alberdi ya en 1852— que haga alarde de ser indio neto? ¿Quién casaría a su hermana o a su hija con un infanzón de la Araucanía, y no mil veces con un zapatero inglés?”

[1] La primera colonia inglesa en América del Norte fue Jamestown, establecida por la misma empresa, Virginia Company, a 60 kilómetros de la bahía de Chesapeake, en 1607. Dos años después, entre el asedio de los indios y elhambre, la colonia cayó en la anarquía y en mayo de 1610 sólo 60 de los 300 colonizadores habían sobrevivido.

[2] Véase su artículo “Los trabajadores antillanos en el siglo XVI”.
LA OBRA DE LOS ESPAÑOLES
Oct 13th, 2008 by raulcelsoar

LA OBRA DE LOS ESPAÑOLES

(Relacionado con la historia de Avellaneda)

Europa se hallaba sacudida por los adelantos y transformaciones que imponía el espíritu de la época moderna. Y España, que ocupaba un lugar preponderante por su poder político y militar, se encontró con un lluevo mundo al que se sintió obligada a atender, colonizar y explotar. Las amplias perspectivas que se brindaban con los vastos territorios descubiertos, convertidos en dominios de la nación exploradora, constituyeron el aliciente para los ambiciosos, los descontentos de la metrópoli y los despóticos.
El Dr. Manuel Cervera, que nos transmitió sus profundos conocimientos sobre la epopeya hispánica, se expresó de manera muy ilustrativa sobre aquellas circunstancias: El feudalismo antes teocrático y después aristocrático, en sus últimos momentos provoca emigraciones de gente inquieta, batalladora y aventurera, de agricultores, en algunas regiones del reino, quienes no pudiendo soportar pleitos ruinosos, gabelas excesivas, despojos arbitrarios, hallan en el Nuevo Mundo campo abierto a su inhibición.
Con todo eso no llegó a ser popular el deseo de venir a las nuevas tierras. Por otra parte la corona española, que había cimentado su dominio en las regiones del Caribe, dirigió su atención al sur del continente para establecer su supremacía frente a las pretensiones de Portugal con quien surgían diferencias por la posesión de los territorios explorados.
Sin detenernos en particularidades, digamos que, en consecución de los fines expresados se organizó en España una expedición de tres carabelas que estuvieron al mando de Juan Díaz de Solís que, a principios de 1516 llegó al estuario del Río de la Plata. Su confianza y coraje le depararon mi triste fin.
Al desembarcar cayó en una celada que le tendieron los indígenas y fue muerto con otros compañeros. Inútil fue el holocausto de su vida pues los sobrevivientes regresaron con la triste impresión de ese primer episodio sangriento en nuestras tierras.
Pasaron varios años y el temor anulaba el interés por explorar las costas de América del Sur. Fue el emperador Carlos V° quien contrató a Sebastián Gaboto, eficaz y ambicioso marino veneciano para que fuera al nuevo mundo siguiendo los pasos de Solís, en la búsqueda de las fabulosas riquezas de las que ya se hablaba provocando la codicia de los aventureros.
Se lanzaron a la mar los navegantes y se internaron en el río de Solís (Río de la Plata) en 1526. Frente a la isla Martín García encontraron a Francisco del Huerto, el grumete de Solís que se salvó de la matanza de su jefe.
Un año más tarde, en la confluencia de los ríos Carcaraná y Coronda, Gaboto levantó un fuerte que llamó Santo Spíritu. Fue la primera población en tierra argentina y en sus contornos encontró indígenas con quienes logró amistosas relaciones y le proporcionaron noticias de los incas y sus riquezas. Con todo, a raíz de disgustos con los naturales y por temor de un ataque que destruyera el fuerte y que les privara de alimentos, consumaron una matanza de muchos indios timbúes sin una poderosa razón que los justificara. “Este es el primer acto de hostilidad brutal y sangrienta, que con toda injusticia cometieron los españoles en estas tierras”, nos puntualiza el Dr. Cervera.
Siguieron al norte remontando el Paraná por lo que Gaboto fue el jefe de la primera escuadrilla de un país cristiano que surcó este río, llegando a pesar del hambre y las privaciones, hasta la actual población de Itatí.
‘Tres años estuvo este explorador en estas regiones, tras los cuales regresó a España sin que hubiera obtenido beneficio de su viaje salvo el conocimiento de los parajes bañados por el Paraná, porque también vió destruido su fuerte y perdida su guarnición.
La corona de España dio valor a estas tierras, por lo que dispuso la designación de D. Pedro de Mendoza como primer adelantado y gobernador de esta región. Llegado a orillas del Plata fundó Buenos Aires en 1536, cuya vida como centro poblado fue reducida ya que, despoblada, desapareció por el ataque de los indígenas, no sin antes haber sentido los pobladores el rigor del hambre por la destrucción de los cultivos por las langostas. Lo mismo le ocurrió poco después a Domingo Martínez de Irala al llegar a Asunción, recién fundada por Ayolas (15 de agosto de 1537).
A esta altura de nuestra narración, creemos oportuno transcribir un interesante párrafo del renombrado escritor santafesino ya mencionado, donde nos ilustra sobre las situaciones de aquellas épocas, referidas especialmente a los conquistadores. Dice así: “El solo impulso de capitanes atrevidos, descubría y poblaba tierras nuevas, y siendo los primeros, descubridores aventureros arriesgados, obraban por sí solos muchas veces, o buscaban el apoyo de la autoridad más próxima, para que primara sobre los demás su audacia”. .
Digamos para recordar que las corrientes colonizadoras de nuestro país respondieron a tres direcciones: Desde el este, por el Río de la Plata que ya mencionamos; del norte, del Perú hacia Santiago del Estero -ciudad más antigua, 1553- y Córdoba. Y la del oeste desde Chile.
Mientras ocurrían los movimientos en el litoral fluvial, desde Santiago del Estero el gobernador capitán Juan Gregorio Bazán se resolvió explorar el Chaco para salir al Río de la Plata. Con la suerte de no encontrar hostilidad de los naturales, llegó a nuestra región mencionándose que pasó por el arroyo Malabrigo, sin dejar fundación alguna.
El 15 de noviembre de 1573, el capitán y justicia mayor D.Juan de Garay, que bajaba de Asunción, fundó la ciudad de Santa Fe en el lugar donde hoy admiramos sus ruinas, cerca de Cayastá. Para mayor seguridad, ochenta años más tarde, la población fue trasladada a su actual ubicación.
La jurisdicción de la ciudad de Santa Fe llegaba al norte hasta cerca del arroyo El Rey y las exploraciones de Garay abarcaron también nuestra zona, ya sea por tierra como por agua. De allí que el nombre del arroyo pueda suponerse que se debió a los españoles que lo descubrieron.
El 11 de junio de 1580, Garay procedió a la segunda y definitiva fundación de Buenos Aires. Realizó exploraciones por el sur hasta cerca de Tandil y Mar del Plata. Regresando a su asiento de Santa Fe, mientras descansaba a la noche fue muerto junto con 40 de sus acompañantes. “Estas matanzas que efectuaban los indios en emboscadas contra españoles indefensos, a los conquistadores, en su mayoría rústicos a la par de valerosos, imbuídos de la creencia que la victoria de la fuerza bruta sobre la razón y el espíritu de convivencia otorgaba todos los derechos sobre el vencido. Era en definitiva la consecuencia de los males sociales y políticos de la época, que llenaban de confusión y de contradicciones a la civilización europea.
En resumen: la conquista y colonización de las tierras de América se realizó mediante la persuasión y el establecimiento de misiones (reducciones) a cargo de religiosos o por la fuerza de las armas cuando resultaba indómita la resistencia de los naturales.
Para nuestra región, corresponde destacar que el dominio y la defensa del territorio fue misión que se impuso la ciudad de Santa Fe, que hasta que se obtuvo la total pacificación de las naciones indígenas que la rodeaban; debió hacer frente a frecuentes malones hasta llegar a situaciones de casi total abatimiento. Agreguemos que la presencia, siempre en aumento de criollos y mestizos con resabios indígenas, traía serios actos de indisciplina en la sociedad que reclamaban la permanente preocupación de las autoridades.
“Fue usual en la conquista de América”. Esta afirmación confirma con claridad la existencia de peligros permanentes a que estaban expuestos los colonizadores españoles en el ambiente hostil de tierras desconocidas, rodeados de multitud de indígenas que no siempre se mostraban sumisos a las intenciones cristianas de integrarlos a la civilización mediante la enseñanza religiosa que inculca el orden, el trabajo y el respeto a la familia y a los semejantes.
Si se produjeron hechos reprobables en desmedro de la vida de los indígenas, debe reconocerse que el temor y el deseo de venganza solían dominar.
En tiempos de Hernandarias, yerno de Garay y su activo y digno heredero entre sus sucesores, dividióse la extensa jurisdicción en dos provincias, la del Paraguay y la del Río de la Plata. El arroyo El Rey era el límite.
Desde principios del siglo XVIII, Santa Fe, ciudad heroica, debió hacer frente a una larga y extenuante guerra contra los bravíos abipones, dueños y señores de toda la región norte de la provincia. Fue en 1710 que, en unión de Corrientes y Tucumán se efectuó una expedición al Chaco. De Santa Fe las tropas las dirigió Francisco de Vera Mujica quien, cumplida su parte en la campaña, informó desde los campos del Rey donde acampó, hallarse con recursos reducidos para continuar.
Abandonada la expedición con resultados negativos, los mocovíes y abipones volvieron a sus depredaciones mientras Santa Fe, decaída en su ánimo y escasa de recursos se hallaba en la miseria. Según el Dr. Cervera, “18 años seguidos sufrió la ciudad, sin poder recoger cosechas de granos, con la seca que provocó la pérdida de los ganados, peste del polvillo y continuadas invasiones de langostas”. Con todas estas desgracias se debía estar siempre prestos para la defensa y rechazo de los salvajes.Y no faltaron los que abandonaron la ciudad para radicarse en otras poblaciones. Organizóse otra campaña conjunta de varias ciudades para avanzar hacia el Chaco, concentrándose en El Rey. Tampoco se logró resultados prácticos.
Se mantenía viva la animosidad de los indígenas del norte contra la ciudades y poblaciones vecinas de Santa Fe. No había forma de detenerlos, si bien durante el mandato del teniente el gobernador Echagüe y Andía que los persiguió sin cuartel, la ciudad tuvo una década de relativa tranquilidad. Se vivió la paz convenida en 1734 con los mocovíes y abipones que tenían libre acceso al centro poblado alternando amistosamente con los vecinos.
Pero esa paz, aceptada por los aborígenes, era más bien transitoria y tenía vigencia mientras se saciaban sus apetitos con regalos y alimentos. Las buenas relaciones tuvieron un efecto saludable ya que abrieron el camino para el establecimiento de varias reducciones. En esto ejerció un papel importante el gobernador Echagüe y Andía. A su fallecimiento lo sucedió Francisco Antonio de Vera y Mujica quien logró convenir con el cacique Aliquín, de los mocovíes, la fundación en 1743, de una reducción que se llamó San Javier.
En años posteriores se establecieron otras reducciones, entre ellas San Gerónimo del Rey, con lo cual se aminoraron las actitudes y tendencias hostiles de los aborígenes que poco a poco se fueron adaptando, con reservas, a la civilización.
Este avance decisivo y positivo frente al indígena es obra de los esfuerzos de la población santafesina que dio vida y-mantuvo las reducciones guiada por quien fue el paladín de esta conquista: Vera y Mujica.
Con toda esta situación, al parecer normalizada, continuaron las luchas entre mocovíes y abipones, reacios a abandonar sus costumbres agrestes, aun aquellos que vivían en las reducciones.
CABE UNA ACLARACION SOBRE EL TERMINO “REDUCCION”. QUE GENERALMENTE SE INTERPRETA COMO SOMETIMIENTO FORZOSO. REFERIDO A LAS RELACIONES ENTRE LOS MISIONEROS Y LOS INDIGENAS. PARA ESTE CASO. ES PREFERIBLE LA ACEPCION DE “VOLVER UNA COSA AL ESTADO ANTERIOR”. SEGUN LAS LEYES DE INDIAS. ENCONTRAMOS: “AD ECCLESIAM ET VITAM CIVILEM ESSENT REDUCTI”. ES DECIR. CONSIDERANDOLOS HIJOS DE DIOS. VOLVERLOS Y LLEVARLOS A LA IGLESIA Y A LA VIDA CIVILIZADA. POR ESO SE ACEPTA LA DEFINICION DE REDUCCION COMO “MISIONES” O TAMBIEN “PUEBLOS DE INDIGENAS CRISTIANOS.
Extraído del libro “LA COLONIA NACIONAL PTE.AVELLANEDA Y SU TIEMPO” lra. Parte, del Doctor Manuel I. Cracogna

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