Dr. RAFAEL LLOPIS PARET
Complicaciones del alcoholismo
Nosotros dividimos las complicaciones del alcoholismo en tres grandes grupos: mentales, corporales y sociales.
Entre las complicaciones mentales, la más frecuente es la paranoia de celos. Al principio, lo enfermos empiezan a pensar, sólo cuando están bebidos, que su mujer les engaña. Luego, poco a poco, aún sin estar bebido, el enfermo se muestra celoso de todo el mundo, a veces hasta de sus hijos. Por fin el enfermo acaba convencido de que su mujer le engaña con uno o con varios- y, desde este momento, se le debe considerar como un enfermo mental y además como un enfermo mental peligroso, porque no es raro que atente contra la vida de su esposa.
Tiene mucho interés destacar que los enfermos con celos suelen «dar la vuelta» a la causa y al efecto y explicar que beben para olvidar que su mujer les engaña, cuando lo que sucede es precisamente todo lo contrario: creen que su mujer les engaña porque el alcohol les ha afectado el cerebro.
Pero, además de los celos, el alcohol puede producir toda clase de enfermedades mentales. De ellas, las más características son la alucinosis alcohólica y el delirium tremens.
En las alucinosis, los enfermos oyen voces terribles que los insultan o amenazan. En el delirio, ven monstruos, animales y seres terroríficos. El delirium tremens es como una pesadilla horrible, pero vivida en la realidad, es decir, estando el enfermo despierto. Es, a la vez, una grave enfermedad corporal y hay muchos enfermos que mueren a causa del delirium tremens. En algunas regiones españolas, el «delirium tremens» se ha convertido en una causa muy frecuente de muerte.
Por último, el alcohol acaba por destruir la menta de los enfermos, los cuales pierden su inteligencia y quedan como idiotas, reducidos a una vida vegetativa.
Las complicaciones mentales, en realidad, forman un caso particular de las complicaciones corporales, ya que el cerebro es un órgano como otro cualquiera. Nosotros hemos comprobado que las complicaciones mentales y corporales suelen darse juntas y se deben a la alcoholización, es decir, al efecto del alcohol sobre el organismo.
Otras complicaciones corporales, que también afectan al cerebro, son las hemorragias, los ataques epilépticos, etc., etc. El cerebro es uno de los órganos que más sufren a consecuencia del alcohol.
Pero el alcohol también ataca el resto del organismo. En el hígado produce primero trastornos biliares y acaba por determinar una cirrosis hepática, enfermedad que, una vez declarada, suele ser gravísima y a menudo mortal. En el estómago produce una gastritis, que tiene la culpa de que el enfermo alcohólico pierda el apetito por completo. También produce neuritis con dolores, calambres y, a veces, hasta parálisis.
Otro órgano muy atacado por el alcohol es el aparato genital. El alcohol se fija en los testículos y actúa, como todos los tóxicos, produciendo primero una excitación y luego una depresión funcionales. Durante largo tiempo, el alcohólico es un hombre muy excitable sexualmente que hace el coito una o varias veces al día hasta que, de repente por regla general, se vuelve impotente. Esta impotencia suele desaparecer cuando el enfermo deja de beber, pero si no lo hace, se vuelve definitiva, porque se produce una atrofia de los testículos.
En general, puede decirse que no hay órgano al que no ataque el alcohol.
Las complicaciones sociales dependen no sólo del alcohol ingerido, sino también de la forma de beberlo, de la personalidad anterior del alcohólico y de su situación social. Las más frecuentes son las riñas con la familia y los trastornos en la esfera del trabajo.
En general la esposa no soporta al marido embriagado, que además quiere hacer uso del matrimonio a todas horas. Esto da origen a disputas agrias, a las que se añaden los celos de él y los reproches de ella por el poco dinero que entrega para la casa. Es frecuente que el hogar del alcohólico acabe dividido y, a veces, separado totalmente y que el enfermo acabe por granjearse incluso el odio de sus hijos.
En el trabajo, es corriente que el enfermo falte los lunes, porque está con resaca, y que en el centro donde trabaja le llamen la atención varias veces y terminen por echarle al fin. Otras veces es el propio enfermo el que abandona su puesto de trabajo para evitar la reprimenda de sus jefes. El caso es que, con mucha frecuencia, el alcohólico termina sin trabajo o desempeñando puestos inferiores a su categoría. Pronto asoman la miseria, el hambre y, a veces, los hurtos, la policía y la cárcel.
Otra complicación social frecuente es la riña. Hay alcohólicos que se vuelven pendencieros e inmorales y suelen también acabar en comisarías, juicios de faltas y cárcel.
Pero las complicaciones sociales también están muy unidas a las mentales y a las corporales. En realidad, tanto
¿Se cura el alcoholismo?
Hasta aquí he hablado de lo que es la enfermedad alcoholismo y de sus inevitables complicaciones. Pero la medicina tiene una finalidad última: curar. Si el alcoholismo es una enfermedad, debe caer en la jurisdicción del médico. El alcohólico no es una canalla, sino un enfermo y, por tanto, es al médico al que le toca tratar con él.
Pero, ¿se puede curar un alcohólico?
Si y no.
Veamos qué quiere decir esto.
Yo siempre pongo a los enfermos un ejemplo: el del miope. Veamos el ejemplo del miope.
Imaginemos a un hombre que ve mal y que, a consecuencia de ello, sufre dolores de cabeza y mareos. Un día va al oculista y éste descubre que 10 que tiene es miopía. Le receta unas gafas, el enfermo las empieza a usar y desde entonces ve bien y no vuelve a tener dolores de cabeza ni mareos. Pues bien, este enfermo ¿está curado o no?
-Hombre, si ve bien y se encuentra bien, sí que está curado -se me puede decir. Y efectivamente lo está. Pero hay un pequeño detalle que quiero subrayar: que tiene que usar gafas, que, si se las quita, vuelve a encontrarse mal. Luego, en un sentido, ni se ha curado ni se va a curar. Pero si ve bien y se encuentra bien, si se acostumbra a llevar gafas hasta el punto de que éstas no ¡e molesten en absoluto, ¿qué más da que esté totalmente curado?
Lo mismo pasa con el alcohólico. El alcohólico se cura porque se repone física v mentalmente, porque se pone fuerte y come bien, porque no le duele nada, porque se lleva bien con su familia y con la sociedad, porque recupera la situación y la estima que había perdido, etc. En una palabra, el alcohólico se cura por completo de las complicaciones del alcoholismo y vuelve a ser un hombre feliz.
Pero, por otra parte, el que ha cruzado las fronteras invisibles del alcoholismo, el que -por un camino o por otro- ha llegado a ser alcohólico, lo será durante toda su vida. En este sentido, el alcoholismo no se cura jamás. El alcohólico, como el miope, tiene que llevar siempre puestas unas gafas: en el caso del alcohólico, tales «gafas» consisten en no beber una gota de alcohol.
De este modo, el alcohólico será un alcohólico que no bebe (como el miope será un miope que ve bien), será un alcohólico que se acostumbrará a no beber y no echará de menos el alcohol (como el miope se acostumbra a llevar gafas y se olvida de que las lleva).
El alcoholismo, pues, vivirá aletargado en el alcohólico y no dará ninguna señal de vida. Pero, en el momento en que vuelva a probar una gota de alcohol, el demonio del alcoholismo despertará en su interior y (como le sucedería al miope si perdiera las gafas) volverá a producir las mismas complicaciones que antes -los mismos temblores, los mismos celos, las mismas riñas-, porque el alcoholismo propiamente dicho no se cura jamás.
Del mismo modo, sí el fumador que se ha retirado del tabaco vuelve un día a aceptar un cigarrillo, está condenado de nuevo a volver a fumar. Del mismo modo, el fumador que se retira del tabaco siempre será fumador -eso sí-, pero un fumador que no fuma. Pues bien, la misión del médico, en cuanto al alcoholismo, es convertir alcohólico que bebe en un alcohólico que no bebe.
Alcoholicos Rehabilitados
CARTILLA DEL ALCOHÓLICO
Tipos de alcohólicos
En líneas generales, así como hay dos caminos que conducen al alcoholismo, hay también dos tipos de alcohólicos. Pero como, al final, los dos caminos se encuentran, hay un tercer tipo de alcohólicos que es la síntesis de los dos anteriores y que constituyen el único grado de alcoholismo.
El alcohólico del primer grupo es el que empieza a beber por motivos psicológicos personales. Este sujeto no necesita beber todos los días y, naturalmente, cuando le decimos que es alcohólico, pone el grito en el cielo y dice que él no lo es porque se puede pasar días y días sin beber. Esto es cierto. Pero también lo es que hay determinados días en que se ve impulsado a beber aunque no quiera. Este tipo de alcohólico suele ser un alcohólico intermitente o periódico, que habitualmente no bebe, pero que, en cuanto se toma una o dos copas, se descontrola y no puede dejar de beber hasta llegar a la embriaguez completa. A menudo empalma una borrachera con otra y se pasa así unos pocos días, al cabo de los cuales se encuentra al fin «descargado» de sus angustias, deja de beber y reanuda su vida normal.
Este alcohólico intermitente tarda mucho en alcoholizarse.
Tengo que señalar aquí que no es lo mismo ser alcohólico que estar alcoholizado. Ser alcohólico es sentir (siempre o de vez en cuando) una apetencia irreprimible por el alcohol. Estar alcoholizado es sufrir una serie de daños a consecuencia del exceso de alcohol ingerido.
El alcohólico intermitente, como he dicho, tarda en alcoholizarse. Cierto es que coge unas borracheras terribles, pero también es cierto que luego se pasa días y días sin catar una gota de alcohol, gracias a lo cual su organismo se limpia, se depura y se mantiene en buena forma. En cambio, lo corriente es que este tipo de alcohólico sufra graves complicaciones sociales: que deje el trabajo o que lo echen, que cometa robos, crímenes u otros delitos y que, por tanto, acabe en la cárcel.
El alcohólico del segundo grupo es el que empieza a beber por alternar. Este sujeto no se suele emborrachar nunca o casi nunca. M beber todos los días desde niño o desde joven, su organismo se acostumbra al alcohol y lo necesita, pero, al mismo tiempo, lo aguanta aún en grandes cantidades. Cuando decimos a estos enfermos que son alcohólicos, también ponen, como los anteriores, el grito en el cielo, diciendo que no es posible que ellos sean alcohólicos, porque nunca se han emborrachado. Pero también es cierto que ni un solo día de su vida pueden dejar de beber alcohol.
Se me dirá que, según eso, en España hay infinidad de alcohólicos. Y yo responderé que, en efecto, así es. En España, por desgracia, hay infinidad de alcohólicos. Y, como he dicho, es éste el tipo de alcohólico que más abunda.
El alcohólico que bebe a diario y no se emborracha, se alcoholiza pronto. No tarda en encontrarse mal cuando le falta el tóxico, en tener por las mañanas temblores y náuseas que se calman cuando bebe alcohol. Y, con el tiempo, acaba por tener graves lesiones de hígado, impotencia sexual y celos patológicos. Estos enfermos no suelen acabar en la cárcel, como los anteriores, sino en el hospital o en el manicomio.
Ahora bien, como he dicho, los dos tipos descritos convergen en un tercer tipo. El alcohólico que no bebe nunca, pero que cuando bebe se embriaga, acaba por irse embriagando cada vez más a menudo. El que no se embriaga, pero bebe a diario empieza a embriagarse y a embriagarse cada vez más. Y al final, ambos tipos confluyen en un tercer tipo: el alcohólico que bebe todos los días y que se embriaga todos los días. Este es el último grado del alcoholismo y en él se da toda clase de complicaciones a la vez.
Pero hay un detalle muy importante que quiero señalar aquí: una vez que una persona se hace alcohólica -cualquiera que sea el camino que haya seguido- ya ha traspasado una frontera invisible. Ya es alcohólica, ya ha perdido la libertad de beber o no beber. Ya ha perdido las riendas del alcohol. Ya está esclavizada por éste.
Por muy distintos que sean sus motivos o sus circunstancias, todos los enfermos tienen en común su enfermedad: todos son alcohólicos.
Más Vale Borrachos Conocidos Que Alcoholicos Anónimos
Los Mox!
No lograran que deje el alcohol soy un borracho de corazon ninguna ley ni un senador van a alejarme de esta pasion
El copete es un amigo, un amigo fiel por que siempre esta conmigo y yo estoy con el
Yo nunca fui siervo de dios me bautizaron con una de Ron como olvidar penas de amor si en mi mano no hay un botellon
Por que si no hubiera vodka no habria MOX y por que hace que las chicas se vean mejor por que cuando no hay trago no hay diversion y por eso al copete le hago esta cancion
No lograran que dejemos el alcohol somos borrachos de corazon ninguna ley ni politico hueon van a alejarnos de nuestra, de nuestra pasion!!!
El alcoholismo es una enfermedad
Es muy frecuente que los alcohólicos que vienen a la consulta nieguen serlo. A veces, su familia está destrozada, han perdido el trabajo, presentan mil trastornos (náuseas, temblores, falta de apetito, etc.) por culpa del alcohol y, a pesar de todo, niegan ser alcohólicos.
¿Por que no aceptan la palabra alcohólico? ¿Que pasa con esta palabra?
En primer lugar, pasa que tiene una gran carga emocional. La palabra alcohólico es casi un insulto. Y a nadie le gusta que le insulten. ¡Demasiado sabe el alcohólico que lo que a el le pasa es que bebe en demasía! Pero si en cima viene alguien y le suelta la palabreja en cuestión, el alcohólico reacciona generalmente de mala manera. Y es que el alcohólico se siente culpable por serlo y, al decirle que lo es, lo que hacemos es hurgar en su herida, hacerle daño. Y, claro, el reacciona con una violencia proporcional a su dolor.
Pero, sin embargo, hay que decírselo, porque es menester llamar a las cosas por su nombre, Al alcohólico hay que decirle que lo es. Pero, al mismo tiempo, hay que hacerle ver que el no tiene la culpa y que no debe sentir vergüenza alguna.
¿Por que?
Pues porque el alcoholismo no es una cuestión moral. El alcohólico no es un canalla ni un mal hombre. El alcohólico es un enfermo. El alcoholismo es una enfermedad.
Se me dirá que el alcohólico no trabaja, que pega a su mujer, que se vuelve brutal y egoísta, que se destroza a sí mismo y a los suyos, y que quien hace eso es porque es un sinvergüenza. Pero las cosas no son tan sencillas. Todo eso que hace el alcohólico (y más) no lo hace el libremente. Todo eso es consecuencia delalcoholismo. Muchas personas que padecen otras enfermedades también se vuelven brutales y dejan de trabajar y destrozan su vida. Pero comprendemos que son enfermos y que no actúan libremente. ¿Acaso diríamos que un tuberculoso es un sinvergüenza? A ver que les parecen estas frases, puestas en la boca de la esposa de un tuberculoso:
Mire usted, doctor, esto ya no hay quien lo aguante. Ya ni trabaja, se pasa el día en la cama, estamos en la miseria. En cuanto lo dejo solo, se me pone a escupir sangre el muy sinvergüenza. ¡Y a pesar de que sabe que me hace sufrir, no para de toser!
Les parecen absurdas, ¿verdad? Está clarísimo que el tuberculoso es un enfermo y no tiene la culpa de toser. ¿Que más quisiera el que poder no toser?
Pues bien, yo afirmo: en el fondo de su alma, a pesar de todo lo que diga «de boquilla», el alcohólico anhela poder dejar de beber. !Que más quisiera el!. ¡Que más quisiera que reintegrarse a la sociedad! ¡Que más quisiera que el respeto y el cariño de su familia!
Admitimos que éramos impotentes respecto al alcohol – que nuestras vidas se volvieron inmanejables.
Este paso se describe en las páginas XXIII – XXX y en las páginas 1 – 43 [Las direcciones para dar el Primer Paso están en la página 30, párrafo 2, líneas 1 - 3]
Paso 2
Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros mismos podía restaurarnos la sanidad.
Este paso se describe en las páginas 44 – 60 [Las direcciones para dar el Segundo Paso están en la página 47, párrafo 2, líneas 1 - 3]
Paso 3
Hicimos la decisión de poner nuestras vidas y nuestra voluntad al cuidado de Dios como nosotros lo concebimos.
Este paso se describe en las páginas 60 – 63 [Las direcciones para dar el Tercer Paso están en la página 63, párrafo 2, líneas 1 – 8]
Paso 4
Hicimos un valeroso y minucioso inventario moral de nosotros mismos.
Este paso se describe en las páginas 63 – 71 [Las direcciones para dar el Cuarto Paso están en la página 64, párrafo 1, líneas 1 – 9 y en el párrafo 2, líneas 1 - 6]
Paso 5
Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano la naturaleza exacta de nuestros errores.
Este paso se describe en las páginas 72 – 75 [Las direcciones para dar el Quinto Paso están en la página 75, párrafo 1, líneas 1 – 4 y en el párrafo 2, líneas 1 - 2]
Paso 6
Estuvimos enteramente dispuestos para que Dios eliminara todos esos defectos de carácter.
Este paso se describe en las páginas 75 – 76 [Las direcciones para dar el Sexto Paso están en la página 76, párrafo 1, líneas 3 – 5]
Paso 7
Humildemente le pedimos a El que eliminara nuestras deficiencias.
Este paso se describe en la página 76 [Las direcciones para dar el Séptimo Paso están en la página 76, párrafo 2, líneas 1 – 7]
Paso 8
Hicimos una lista de todas las personas que habíamos afectado y estuvimos dispuestos a enmendarles a todos ellos.
Este paso se describe en la página 76 [Las direcciones para dar el Octavo Paso están en la página 76, párrafo 3, líneas 3 – 5]
Paso 9
Hicimos las enmiendas directas a esa gente siempre que fue posible, excepto cuando el hacerlo los injuriaría a ellos o a otros.
Este paso se describe en las páginas 76 – 84 [Las direcciones para dar el Noveno Paso están en la página 76, párrafo 3, líneas 6 – 11]
Paso 10
Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando estábamos equivocados lo admitíamos con prontitud.
Este paso se describe en las páginas 84 – 85 [Las direcciones para dar el Décimo Paso están en la página 84, párrafo 2, líneas 1 – 14]
Paso 11
Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro con-tacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente el conocimiento de Su Voluntad para con nosotros y el poder para realizarla.
Este paso se describe en las páginas 85 – 88 [Las direcciones para dar el Onceavo Paso están en la página 86, párrafo 1, líneas 1 –14; párrafo 2, líneas 1 –5 y párrafo 3, líneas 1 - 6]
Paso 12
Habiendo tenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar éste mensaje a los alcohólicos y de prac-ticar éstos principios en todos nuestros asuntos.
Este paso se describe en las páginas 89 – 103 y páginas 569 – 570 [Las direcciones para dar el Doceavo Paso están en la página 89, párrafo 1, líneas 1 – 7] (Las instruc-ciones sobre como llevar el mensaje de recuperación salvador de vidas de A.A. se puede encontrar a través de las páginas 89 – 103).
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