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ALGUNAS DE LAS EMPRESAS DE LA CIUDAD Y DE LA REGIÓN
Nov 19th, 2009 by raulcelsoar

ALGUNAS DE LAS EMPRESAS DE LA CIUDAD Y DE LA REGIÓN

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Complicaciones del alcoholismo
Nov 19th, 2009 by raulcelsoar

Alcoholicos Rehabilitados
CARTILLA DEL ALCOHÓLICO

Dr. RAFAEL LLOPIS PARET

Complicaciones del alcoholismo

Nosotros dividimos las complicaciones del alcoholismo en tres grandes grupos: mentales, corporales y sociales.

Entre las complicaciones mentales, la más frecuente es la paranoia de celos. Al principio, lo enfermos empiezan a pensar, sólo cuando están bebidos, que su mujer les engaña. Luego, poco a poco, aún sin estar bebido, el enfermo se muestra celoso de todo el mundo, a veces hasta de sus hijos. Por fin el enfermo acaba convencido de que su mujer le engaña con uno o con varios- y, desde este momento, se le debe considerar como un enfermo mental y además como un enfermo mental peligroso, porque no es raro que atente contra la vida de su esposa.

Tiene mucho interés destacar que los enfermos con celos suelen «dar la vuelta» a la causa y al efecto y explicar que beben para olvidar que su mujer les engaña, cuando lo que sucede es precisamente todo lo contrario: creen que su mujer les engaña porque el alcohol les ha afectado el cerebro.

Pero, además de los celos, el alcohol puede producir toda clase de enfermedades mentales. De ellas, las más características son la alucinosis alcohólica y el delirium tremens.

En las alucinosis, los enfermos oyen voces terribles que los insultan o amenazan. En el delirio, ven monstruos, animales y seres terroríficos. El delirium tremens es como una pesadilla horrible, pero vivida en la realidad, es decir, estando el enfermo despierto. Es, a la vez, una grave enfermedad corporal y hay muchos enfermos que mueren a causa del delirium tremens. En algunas regiones españolas, el «delirium tremens» se ha convertido en una causa muy frecuente de muerte.

Por último, el alcohol acaba por destruir la menta de los enfermos, los cuales pierden su inteligencia y quedan como idiotas, reducidos a una vida vegetativa.

Las complicaciones mentales, en realidad, forman un caso particular de las complicaciones corporales, ya que el cerebro es un órgano como otro cualquiera. Nosotros hemos comprobado que las complicaciones mentales y corporales suelen darse juntas y se deben a la alcoholización, es decir, al efecto del alcohol sobre el organismo.

Otras complicaciones corporales, que también afectan al cerebro, son las hemorragias, los ataques epilépticos, etc., etc. El cerebro es uno de los órganos que más sufren a consecuencia del alcohol.

Pero el alcohol también ataca el resto del organismo. En el hígado produce primero trastornos biliares y acaba por determinar una cirrosis hepática, enfermedad que, una vez declarada, suele ser gravísima y a menudo mortal. En el estómago produce una gastritis, que tiene la culpa de que el enfermo alcohólico pierda el apetito por completo. También produce neuritis con dolores, calambres y, a veces, hasta parálisis.

Otro órgano muy atacado por el alcohol es el aparato genital. El alcohol se fija en los testículos y actúa, como todos los tóxicos, produciendo primero una excitación y luego una depresión funcionales. Durante largo tiempo, el alcohólico es un hombre muy excitable sexualmente que hace el coito una o varias veces al día hasta que, de repente por regla general, se vuelve impotente. Esta impotencia suele desaparecer cuando el enfermo deja de beber, pero si no lo hace, se vuelve definitiva, porque se produce una atrofia de los testículos.

En general, puede decirse que no hay órgano al que no ataque el alcohol.

Las complicaciones sociales dependen no sólo del alcohol ingerido, sino también de la forma de beberlo, de la personalidad anterior del alcohólico y de su situación social. Las más frecuentes son las riñas con la familia y los trastornos en la esfera del trabajo.

En general la esposa no soporta al marido embriagado, que además quiere hacer uso del matrimonio a todas horas. Esto da origen a disputas agrias, a las que se añaden los celos de él y los reproches de ella por el poco dinero que entrega para la casa. Es frecuente que el hogar del alcohólico acabe dividido y, a veces, separado totalmente y que el enfermo acabe por granjearse incluso el odio de sus hijos.

En el trabajo, es corriente que el enfermo falte los lunes, porque está con resaca, y que en el centro donde trabaja le llamen la atención varias veces y terminen por echarle al fin. Otras veces es el propio enfermo el que abandona su puesto de trabajo para evitar la reprimenda de sus jefes. El caso es que, con mucha frecuencia, el alcohólico termina sin trabajo o desempeñando puestos inferiores a su categoría. Pronto asoman la miseria, el hambre y, a veces, los hurtos, la policía y la cárcel.

Otra complicación social frecuente es la riña. Hay alcohólicos que se vuelven pendencieros e inmorales y suelen también acabar en comisarías, juicios de faltas y cárcel.

Pero las complicaciones sociales también están muy unidas a las mentales y a las corporales. En realidad, tanto

¿Se cura el alcoholismo?
Nov 19th, 2009 by raulcelsoar

Alcoholicos Rehabilitados
CARTILLA DEL ALCOHÓLICO

Dr. RAFAEL LLOPIS PARET

¿Se cura el alcoholismo?

Hasta aquí he hablado de lo que es la enfermedad alcoholismo y de sus inevitables complicaciones. Pero la medicina tiene una finalidad última: curar. Si el alcoholismo es una enfermedad, debe caer en la jurisdicción del médico. El alcohólico no es una canalla, sino un enfermo y, por tanto, es al médico al que le toca tratar con él.

Pero, ¿se puede curar un alcohólico?

Si y no.

Veamos qué quiere decir esto.

Yo siempre pongo a los enfermos un ejemplo: el del miope. Veamos el ejemplo del miope.

Imaginemos a un hombre que ve mal y que, a consecuencia de ello, sufre dolores de cabeza y mareos. Un día va al oculista y éste descubre que 10 que tiene es miopía. Le receta unas gafas, el enfermo las empieza a usar y desde entonces ve bien y no vuelve a tener dolores de cabeza ni mareos. Pues bien, este enfermo ¿está curado o no?

-Hombre, si ve bien y se encuentra bien, sí que está curado -se me puede decir.
Y efectivamente lo está. Pero hay un pequeño detalle que quiero subrayar: que tiene que usar gafas, que, si se las quita, vuelve a encontrarse mal. Luego, en un sentido, ni se ha curado ni se va a curar. Pero si ve bien y se encuentra bien, si se acostumbra a llevar gafas hasta el punto de que éstas no ¡e molesten en absoluto, ¿qué más da que esté totalmente curado?

Lo mismo pasa con el alcohólico. El alcohólico se cura porque se repone física v mentalmente, porque se pone fuerte y come bien, porque no le duele nada, porque se lleva bien con su familia y con la sociedad, porque recupera la situación y la estima que había perdido, etc. En una palabra, el alcohólico se cura por completo de las complicaciones del alcoholismo y vuelve a ser un hombre feliz.

Pero, por otra parte, el que ha cruzado las fronteras invisibles del alcoholismo, el que -por un camino o por otro- ha llegado a ser alcohólico, lo será durante toda su vida. En este sentido, el alcoholismo no se cura jamás. El alcohólico, como el miope, tiene que llevar siempre puestas unas gafas: en el caso del alcohólico, tales «gafas» consisten en no beber una gota de alcohol.

De este modo, el alcohólico será un alcohólico que no bebe (como el miope será un miope que ve bien), será un alcohólico que se acostumbrará a no beber y no echará de menos el alcohol (como el miope se acostumbra a llevar gafas y se olvida de que las lleva).

El alcoholismo, pues, vivirá aletargado en el alcohólico y no dará ninguna señal de vida. Pero, en el momento en que vuelva a probar una gota de alcohol, el demonio del alcoholismo despertará en su interior y (como le sucedería al miope si perdiera las gafas) volverá a producir las mismas complicaciones que antes -los mismos temblores, los mismos celos, las mismas riñas-, porque el alcoholismo propiamente dicho no se cura jamás.

Del mismo modo, sí el fumador que se ha retirado del tabaco vuelve un día a aceptar un cigarrillo, está condenado de nuevo a volver a fumar. Del mismo modo, el fumador que se retira del tabaco siempre será fumador -eso sí-, pero un fumador que no fuma.
Pues bien, la misión del médico, en cuanto al alcoholismo, es convertir alcohólico que bebe en un alcohólico que no bebe.

Locos por el cine
Nov 19th, 2009 by raulcelsoar

Locos por el cine
Sara Zapata Valeije
Al final de la década del “40 los chicos de Santa Fe teníamos una función a nuestra medida en el cine Ideal. Los domingos a las 10 de la mañana proyectaban dibujos animados, algunos cortometrajes instructivos pero amenos, cómicas de “Los tres chiflados” y de “El gordo y el flaco”, y otras que disfrutábamos sin considerarlas obras de arte. Eran las de Chaplin y de alguien más a quien presté atención gracias al informe previo de mi casa: Buster Keaton, que nos hacía sonreír a pesar de la melancólica cara impasible con que disimulaba las destrezas corporales de sus gags. El diseño del interior del cine era precioso: instalaciones de luz difusa, un suntuoso telón de pana bordó, un gran arco iris de neón en la boca del escenario.
A pesar de mis ocho años, al cine Ideal iba sin compañía, no sólo porque mi casa quedaba cerca sino porque mis dos hermanas eran demasiado chicas y mi primo, con cinco años más, no se interesaba en niñerías. Y ahí estaba lo bueno, porque le gustaba ir con varios chicos amigos al cine Doré íy ni él tenía problemas en llevarme, ni en mi casa, en dejarme ir! El cine Doré era lo opuesto al Ideal, un cine “de canillitas” como se decía, y la cosa era bien literal. Había que buscar una ubicación estratégica, porque los de la platea alta escupían a los de abajo; en los intervalos vendían gaseosas y en cuanto empezaba la película siguiente, lo primero que se oía eran las botellas rodando por el pasillo; de tanto en tanto se olía el tabaco que algún chico fumaba más o menos a escondidas.
Creo que en ese cine la única nena era yo: invisible, inaudible, para que me toleraran mi primo y sus amigos. Allí daban películas de vaqueros, algunas con el suspenso serial del “continuará” antes de que el protagonista se desplomara por el precipicio, y unas pocas de terror, bastante ingenuo en aquellos tiempos, como la de la momia egipcia que parecía recién salida de una sala de operaciones. También había “de guerra” y me sigue pareciendo curioso que a tan corta edad me conmovieran de tal modo dos escenas de una de esas películas: la de los soldados y las muchachas que sacian su hambre de comida, de afectos, de alegría, en el claro de un bosque asediado por la muerte; y la del otro soldado al que acribillan en la trinchera porque se distrae con una mariposa que el destino ha puesto para que se pose justo allí. La película era “Sin novedad en el frente”, nada menos, basada en la novela de E.M. Remarque; pero eso lo supe bastante después.
Oportunidades a diario
Cuando se vive hechizado por el cine, como solía sucederles a los de aquellas generaciones, era una dicha que la ciudad ofreciera oportunidades a diario. A partir de la una de la tarde las funciones de los “continuados” eran una cosa seria tanto en el centro como en los barrios; gracias a las programaciones publicadas en El Litoral, podíamos elegir a gusto las tres películas que rotaban hasta el anochecer. Digo tres películas, pero si llegaba cuando una de ellas ya había empezado, la veía de nuevo desde el principio y completa: saquen la cuenta. Como estaba segura de que nadie me acompañaría en la maratón, seguía prefiriendo ir al cine sola, a pie, en tranvía o como fuese necesario. Las programaciones eran tan variadas, tan interesantes, que es mejor pasar por alto la enumeración; eso sí, fue la época en que no quería perderme ninguna de las películas musicales, el género que acababa de descubrir. Imposible olvidarme de Gene Kelly, el americano en París que bailaba con música de Gershwin.
Poco más tarde, al comienzo de la adolescencia, o sea cuando era una persona casi mayor, tuve sin embargo que pedirle a mi papá que me acompañase al cine Avenida cuando proyectaron “Un verano con Mónica”; Bergman recién comenzaba a conocerse en la ciudad. En la época del estreno fue una película cuestionada por los atrevimientos del director. íHay que ver cómo los tiempos cambian! En aquel cine no la habían elegido por sus cualidades artísticas, precisamente. El público tampoco.
A los dieciséis años, ya mayor del todo, mi amigo preferido se hizo socio de Gente de Cine y me asoció a mí para que lo acompañase y para que no me fuera de su mano, creo. Pero un poquito me fui, porque me asocié a Cine Club por mi cuenta. Sé bien que era políticamente incorrecto pertenecer a esas dos instituciones a la vez, pero no iba a perderme magníficas obras maestras por tan poca cosa.
Club de cine
Cuando vine a vivir a Reconquista había una sala espléndida, tres más chicas y buenas películas casi todas las semanas. Aún así, me parecía poco para todo mi amor. Fue cuando recurrí a Juan Carlos Arch para que me asesorara sobre cómo relacionarme con las distribuidoras para organizar un club de cine, que funcionó bien sobre todo por el conocido entusiasmo de la gente norteña.
Muchas veces en los viajes, fuera donde fuese, aproveché para ver alguna película interesante que se proyectara en el lugar; entre esos recuerdos prefiero el de una salita humilde y popular de La Rioja donde pude disfrutar, junto con un público muy atento, de “Padre Padrone”, de los hermanos Taviani. En los últimos años y viajes encontré demasiadas salas cerradas tanto en las ciudades chicas como en las otras. En los nuevos cines con pochoclo lo que más se ve son las películas taquilleras de la semana: lugar común de nuestra frustración generacional.
La historia podría seguir, pero antes de darle fin a pesar de todo, debo confesarles que siempre encuentro alguna nueva razón para que me guste tanto ver películas en su salsa, en su sala, quiero decir. Hasta puede jactarme de que nací en un cine (o casi, para no exagerar): en calle 25 de Mayo y en el solar donde demolieron la casa para construir el Cine América, de Santa Fe. Eso sí que es buena suerte.
Continúa el debate entre fe y evolución
Nov 19th, 2009 by raulcelsoar

El Vaticano cree que no existe a priori contraposición entre la fe y la idea de la evolución, aunque Benedicto XVI no comparte las teorías que explican la existencia de la humanidad sólo como resultado del azar, y para Juan Pablo II, no bastaba Darwin para explicar el origen del hombre.
Cuando se cumple el bicentenario del nacimiento del científico británico y el 150 aniversario de la aparición de su libro “El origen de las especies”, El Vaticano, por boca del presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, el arzobispo Gianfranco Ravasi, ha subrayado que la Iglesia Católica nunca lo condenó, ni su libro acabó en el “Índice” de textos prohibidos.
A lo largo del pasado siglo, tanto Pío XII como Juan Pablo II, hicieron manifestaciones sobre la evolución.
El Papa Pacelli, en su encíclica “Humani generis” de 1950, ya decía que “el Magisterio de la Iglesia no prohíbe el estudio de la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente”.
En aquellos tiempos, tan diferentes a los actuales, Pío XII, en lo que insistía, era en que “la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios”. El Pontífice animaba a una confrontación “seria, moderada y templada”. Juan Pablo II, el 22 de octubre de 1996, pronunció un importante discurso ante la Academia Pontificia de las Ciencias, en el que afirmó que la evolución “ya no era una mera hipótesis, sino una teoría”.
Tras insistir, como Pío XII, en que no había que perder de vista “algunos puntos firmes”, el Papa Wojtyla reconoció que la convergencia de los resultados de trabajos, realizados independientemente, unos de otros en ese campo, constituía “un argumento significativo en favor de esta teoría”.
Juan Pablo II precisó que la Iglesia estaba interesada directamente en la cuestión de la evolución, porque influye en la concepción del hombre, “acerca del cual, -dijo- la Revelación nos enseña que fue creado a imagen y semejanza de Dios”.
A este respecto, el Papa polaco afirmó años después, que “no basta la evolución de las especies para explicar el origen del género humano, como no basta la casualidad biológica para explicar por sí sola, el nacimiento de un niño”.
Benedicto XVI siempre ha defendido llegar a la fe a través de la razón y ha apoyado el diálogo entre la fe y la ciencia y, como sus antecesores, señala que no hay oposición entre “la fe de la comprensión de la creación y la evidencia empírica de la ciencias”.
El Papa teólogo no comparte, sin embargo, el evolucionismo radical. Durante su visita, en septiembre de 2006 a Alemania, en una homilía que pronunció ante varias decenas de miles de personas en Ratisbona criticó “a esa parte de la ciencia que se empeña en buscar una explicación al mundo, en la que Dios es superfluo”.
El Papa Ratzinger consideró “irracionales” las teorías que consideran la existencia de la humanidad como “resultado del azar, de la casualidad”, y subrayó que para los cristianos, “Dios es el creador del cielo y de la tierra, y que para entender el origen del mundo, hay que tener como punto de referencia a Dios”.
Para Benedicto XVI, afirmar que la fundación del cosmos y su evolución está en la sabiduría del Creador, “no quiere decir que la creación sólo tiene que ver con el comienzo del mundo y de la vida, implica más bien que el Creador funda esa evolución y la apoya, sustenta y sostiene continuamente”, según dijo recientemente, ante la Academia Pontificia para las Ciencias.
En 2005, al comienzo del actual Pontificado y con el objetivo de superar los recelos entre ciencia y fe, y para recuperar la unidad del saber, El Vaticano puso en marcha el proyecto STOQ (Ciencia, Teología e Investigación Ontológica).
STOQ está considerado como uno de los más prestigiosos programas de investigación existentes en el mundo, sobre la relación entre ciencia, filosofía y teología, “fruto del renovado espíritu de diálogo entre teología católica y ciencia, inaugurado por el Concilio Vaticano II y culminado con la revisión del caso Galileo”, según dijo el por entonces “ministro de Cultura” del Vaticano, el cardenal Paul Paupard.
Según Paupard, STOQ pone las bases para un verdadero cambio de mentalidad en relación con la ciencia, dentro de la Iglesia Católica.
“Como forma para conocer la verdad, la Iglesia no puede ignorar la ciencia, y la religión puede purificar la ciencia de la idolatría del cientifismo y de los falsos absolutos”, afirmó el cardenal.
Juan Pablo II precisó que la Iglesia estaba interesada directamente en la cuestión de la evolución, porque influye en la concepción del hombre, “acerca del cual, -dijo- la Revelación nos enseña que fue creado a imagen y semejanza de Dios”.
Para Benedicto XVI, afirmar que la fundación del cosmos y su evolución está en la sabiduría del Creador, “no quiere decir que la creación sólo tiene que ver con el comienzo del mundo y de la vida, implica más bien que el Creador funda esa evolución y la apoya, sustenta y sostiene continuamente.”

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