Por Adrián Paenza
Electricidad inalámbricaLa energía en el mundo cotidiano.
Página 12
Fíjese alrededor suyo. Fíjese lo que la/lo rodea diariamente.
- Teléfonos inalámbricos- teléfonos celulares- computadoras de mesa- computadoras portátiles- impresoras- televisores- radios- videocaseteras (cada vez menos)- cámaras digitales- videocámaras- reproductores de CD y DVD- playstations- reproductores de mp3- controles remotos- heladeras- planchas- hornos de microondas- lámparas- tostadoras- aspiradoras- cafeteras
¿Sigo? No, mejor paro acá. La lista no es exhaustiva ni pretende serlo. Seguro que usted puede agregar múltiples aparatos que yo o bien olvidé u omití para no escribir una suerte de “guía de artefactos eléctricos o electrónicos”.
Todo lo que figura más arriba funciona o bien a electricidad o a pilas (o baterías). En definitiva, usan algún tipo de energía.
Cuando yo nací (1949) no había transistores. Las radios se enchufaban y no había televisión. Hoy, eso es impensable. Sin embargo, a nadie le sorprendía (al menos yo no lo recuerdo) que las ondas de radio no vinieran por cable. Ni tampoco las de la televisión. Llegaban, de “alguna” manera pero llegaban. O mejor dicho, llegan. Estaban (o están) “en el éter” (como se decía en ese momento).
Más aún. Con el tiempo, nos acostumbramos a aceptar –sin mayores dificultades– que los aparatos empezaran a funcionar en forma inalámbrica. Nos desprendimos de los cables de los teléfonos y de los controles remotos. Aparecieron los celulares, las conexiones wi-fi a Internet, las transmisiones vía satélite, la tecnología bluetooth, que se usa con algunos auriculares, micrófonos, impresoras.
Una vez más, las comunicaciones telefónicas habladas, los mensajes de texto, las fotos, videos, música (por poner algunos ejemplos) se transmiten en forma inalámbrica. Están en el aire también, en algún lugar. Y no nos sorprende.
Todavía recuerdo el “poder” que sentí que tenía el primer día que pude hablar por teléfono desde adentro de mi auto. Hoy, con sólo señalarlo, parece que estuviera hablando de la prehistoria.
Sin embargo –y toda esta introducción apuntaba hacia esto– hay un lugar en donde todavía no hemos hecho (como sociedad) los progresos equivalentes. Todavía necesitamos los cables que conectan los aparatos a la electricidad. Todavía vivimos “enredados” o “estrangulándonos” con ellos. La mayoría nos damos por vencidos y dejamos que “afloren” por todos lados. Forman parte de la escenografía de una casa o una oficina.
Pero no por mucho tiempo más. Y acá es donde quería llegar. Si bien “damos por aceptado sin cuestionar” que ciertas ondas llegan hasta los receptores (teléfonos, televisores, radios, computadoras) y las hacen operar y funcionar sin problemas, todavía “no se nos ocurrió” que con la electricidad podría pasar algo similar.
Es decir, el concepto “electricidad inalámbrica” es algo que no tenemos incorporado, la fantasía no llega hasta allí. Lo que nos detuvo hasta acá –creo– es que uno sabe que si pone los dedos en un enchufe se “electrocuta” o “queda pegado” o recibe una “patada” o directamente se “muere”. Por eso, imaginar que la electricidad puede circular por el ambiente transformaría en potencialmente “peligrosa” esa zona. ¿Quién entraría a una habitación sabiendo que hay electricidad circulando?
Por supuesto, todo esto es equivocado. Mientras usted está leyendo estas líneas, hay gente que se prepara para lanzar el año que viene comercialmente lo que se denomina “electricidad inalámbrica” (o “wireless electricity”).
Uno de los que están haciendo la presentación en sociedad de esta tecnología es Eric Giler, egresado del MIT (Massachusetts Institute of Technology). Giler creó una compañía junto con un grupo de físicos teóricos e ingenieros. Entre todos, advirtieron el potencial de una idea de un ingeniero croata, Nikola Tesla, a quien se le atribuye el nacimiento de la electricidad comercial, que además registró la patente de lo que se conoce hoy como “corriente alterna”. Y muy posiblemente haya sido el primero que pensó en la electricidad inalámbrica.
Piense lo que está leyendo: electricidad inalámbrica. Esto significa que se terminan los cableados, las pilas y baterías van a ser recargables, y todo lo que hemos vivido desde que nacimos está a punto de cambiar.
Y no digo cambiar dentro de 10 o 20 años. No. Hablo del año que viene, del 2010. En realidad, la tecnología ya existe tal como anunció hace poco más de un mes el propio Giler en una de las conferencias TED (*) que se hicieron en Oxford, Inglaterra.
En algún sentido, como dice Giler, esta tecnología opera en forma parecida a lo que sucede cuando una cantante de ópera (por ejemplo) emite con su voz un sonido de muy alta frecuencia que viaja por el aire también y que puede hacer estallar una copa de cristal.
Naturalmente, la pregunta que “todo el mundo” le hace es: “¿Cuán seguro es este tipo de transmisión inalámbrica de electricidad?”, y él se ocupa en aclarar que no se usan radiaciones, no hay campos eléctricos. Lo que sí se usan son campos magnéticos, que son como los que hay hoy en la Tierra y son seguros tanto para personas como para animales. Supuestamente (otra vez, supuestamente) no hay peligro alguno.
La tecnología sirve para ser usada en todo artefacto móvil: teléfonos celulares, laptops, controles remotos, pero también artículos electrónicos en el hogar, lámparas, computadoras de mesa, televisores, radios, etcétera.
Y más allá de los cables que van a de-saparecer, hay un tema ciertamente mucho más profundo –y oculto– al que le prestamos poca atención, especialmente en nuestro país: va a decrecer la necesidad de fabricar, consumir y desechar pilas y baterías. Los países más desarrollados del mundo buscan sistemáticamente (y encuentran) países pobres y dependientes, que sirven como “basurero” de los ricos. Por eso, habrá más confort (menos cables) pero disminuirá el crimen también. O la necesidad de cometerlo.¿Cómo funciona?
La tecnología desarrollada por la compañía WiTricity (que preside Eric Giler) se llama “resonancia magnética acoplada” (magnetic coupled resonance), y funciona así: hay dos bobinas (espiras de alambre enrolladas). Una está conectada con la electricidad, digamos, en el cielorraso de una habitación. La otra está instalada dentro de un aparato (teléfono, televisor, laptop, etc.) que usualmente está conectado a la corriente o funciona a pilas o baterías.
La primera bobina, al recibir la electricidad, la convierte en un campo magnético (como si la estuviera “codificando”) y lo envía a través del aire hacia la “otra” bobina.
Esta segunda bobina, si está sincronizada con la primera en forma correcta (como si vibraran en la misma longitud de onda o en la misma frecuencia) recibe ese campo magnético y lo reconvierte en electricidad. O sea “decodifica” la información que le llega y la transforma en electricidad.
La compañía Palm ya diseñó el primer teléfono celular (una variedad del Treo) que tiene instalada la bobina adecuada, como para recibir la señal que emite la otra bobina (la que está conectada con la electricidad) y de esa forma puede cargar el aparato sin necesidad de ningún cableado.
La idea es también instalar las bobinas receptoras en mesadas de cocina, de manera tal que uno pueda usar –por ejemplo– licuadoras, cafeteras, planchas sin necesidad de usar cables.
El mundo de la electrónica está incluyendo ya estas bobinas (las receptoras) dentro de los aparatos predecibles (teléfonos celulares, televisores, laptops, computadoras, etc.). Y otro grupo de empresas se ocupan de producir bobinas del primer tipo, las emisoras.
Por ahora, es sólo el comienzo de algo que parece de ciencia ficción, al menos para mí.
* La conferencia TED en donde Eric Giler explica cómo funciona la tecnología se puede ver en esta página web: www.ted.com/talks/eric_giler_demos_wire less_electricity.html
La precandidatura de Duhalde: apuesta a la superganancia empresaria y la impunidad
Boletín quincenal Nº 112.- La alianza es consecuente, y resistente. Aunque pasen los años, aunque la realidad los haya descubierto socios en los peores designios y también en el beneficio de la impunidad, los grupos económicos y Eduardo Duhalde se reconocen unidos fatalmente a un mismo destino y se saben mutuamente necesarios.
Por eso fue en el coloquio de IDEA, esas jornadas anuales de puesta a punto de diagnósticos y estrategias que reúne al núcleo del capitalismo en la Argentina, donde Duhalde se atrevió a anunciar su pre candidatura presidencial para 2011 sin temor a que ninguno de los presentes en su charla le recordara que tuvo que terminar antes de tiempo su última aventura como titular del Ejecutivo como responsable de la Masacre de Avellaneda del 26 de junio de 2002 y que, si hubiera justicia, su lugar está en la cárcel.
Era lógico que Duhalde no temiera reacciones adversas entre los participantes del coloquio de IDEA. Estaban allí muchos de los empresarios, técnicos y políticos orgánicos del poder económico que, a lo largo de 2001 y 2002, les habían reclamado a él, y antes a Fernando de la Rúa, que terminaran a como diera lugar con las movilizaciones y cortes de ruta protagonizadas por los trabajadores desocupados auto organizados, los sectores más golpeados por las políticas neoliberales implementadas en las últimas décadas. El banquero Eduardo Escassany y el presidente de la rural de la época, Enrique Crotto, los que formalizaron públicamente la exigencia, habían sido en ese sentido voceros del conjunto de los intereses patronales.
Duhalde no, sólo prometió ahora, en este coloquio de IDEA, olvidarse de su promesa de olvidarse de las candidaturas y “ganarle a Kirchner” el control del PJ. También reiteró su disposición a representar en los espacios institucionales del Estado a los intereses de los grupos económicos porque, dijo, un dirigente político, “no puede ir en contra de las grandes empresas de su país”.
El reduccionismo nacionalistoide de su aserto no hace sino recordar el papel que cumplió en su paso por la presidencia, cuando tras la crisis de diciembre de 2001 que expulsó a De la Rúa del gobierno el Congreso lo designó para una gestión de “transición”.
Fue Duhalde quien ayudó a licuar hasta su cuasi desaparición –siempre a costa del hambre de los sectores populares, claro- las enormes deudas en dólares que habían contraído varias grandes empresas durante la convertibilidad, Clarín era una de las más comprometidas, a través de la denominada “pesificación asimétrica”. Fue también su Gobierno el que aseguró a los bancos millonarias compensaciones por esa misma pesificación, a pesar de que el sistema financiero había estado en el centro de los negociados de fuga de miles de millones de dólares al exterior que generaron la crisis de 2001. El mismo Duhalde, siempre como resultado de las exigencias del gran capital, impuso en el Congreso la anulación de la ley de subversión económica que hubiese permitido sancionar a las empresas ligadas a los grandes negociados.
Después de haber cumplido en 2002 con el papel de “reasegurador jurídico” de los grupos económicos, con el diseño represivo que asesinó en Avellaneda a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, Duhalde –como Felipe Solá, como Scar Rodríguez, como Alfredo Atanasof y tantos otros- consiguió que la Justicia sólo indagara sobre las responsabilidades materiales en la Masacre, y garantizara perfecta impunidad, hasta ahora, a los ideólogos y responsables políticos.
La rediviva alianza de Duhalde con los capitostes de las agrupaciones patronales del país, expresa seguramente la continuidad de los objetivos: la rentabilidad empresaria a cualquier precio y la impunidad para el manejo de las instituciones del poder.
PUBLICADO EN http://www.prensadefrente.org/
LOS HERMANOS DÍAZ Interpretando el chamamé
DESPIERTA TIERNA FLOR (E. Cardozo – J. Codutti)
en la Peña de Roberto E. Bianchi para su programa televisivo MONTE PURAHEI
OTRAS PUBLICACIONES EN MIS BLOGS, RELACIONADAS CON “MONTE PURAHEI” GUARANI-A ESPAÑA http://homero-alcibiades.nireblog.com/post/2009/10/09/guarani-a-espana
DIA DE LA RAZA http://raulcelso.blogspot.com/2009/10/dia-de-la-raza.html LOS HERMANOS DÍAZ http://hideyjekill.blogspot.com/2009/10/los-hermanos-diaz.html CHACHO ALMIRON http://raulcelsoar.crearblog.com/2009/11/04/chacho-almiron/
GRUPO MISIONERO “CRISTOS JOVENES”
PARROQUIA DE AVELLANEDA – SANTA FE
NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES
DIOCESIS DE RECONQUISTA
El grupo misionero “Cristos Jóvenes” de la parroquia Nuestra Señora de las Mercedes, de la ciudad de Avellaneda, perteneciente a la Diócesis de Reconquista, cuenta con una trayectoria de muchos años, dedicada al servicio de misiones en distintos lugares de dicha diócesis.
Conformado por jóvenes y adultos, algunos con muchos años de permanencia en el grupo, y otros que se fueron renovando, cumple tareas de evangelización, a disposición de las necesidades de los lugares en los cuales la atención directa de sacerdotes, es precaria, por motivos de disponibilidad, distancias, etc.
De acuerdo a los requerimientos de la diócesis, se van concertando los lugares a visitar en cada período, poniendo sus esfuerzos para llevar una palabra a personas que por lo general, viven alejadas de los centros urbanos, y carecen de toda asistencia y atención.
Su trabajo no se limita a llevar un mensaje religioso, sino que comprende un acompañamiento y contención, preocupándose por sus necesidades inmediatas, y llegando al menos con una visita, estableciendo lazos amistosos, con personas que por lo general están marginadas de toda atención social, las cuales en su mayoría viven en condiciones bastante precarias, y que directamente no existen para las autoridades políticas.
En los últimos años el grupo centró su atención en el paraje “Las Gamas” del departamento Vera, que con una población de unas sesenta familias, distribuidas en un amplia zona, reciben escasamente la atención sacerdotal una vez por mes con suerte. Iniciaron su misión en el mes de enero, donde estuvieron compartiendo con esas familias, dos semanas de intenso trabajo y dedicación pastoral.
EL MUSTANG EN LLAMAS
A ocho mil quinientos pies, el colorido avión volaba nivelado, en un cielo límpido, profundo y sereno. Una tenue estela de humo azulino, se iba dibujando detrás de él. La transparente carlinga, enteriza, en forma de gota, reflejaba un destello de luz dorada. Adentro, Jhon Fargus, agonizaba, aferrado al timón, caído contra el tablero de control, inconsciente, mientras la asfixia de “la muerte dulce”, lo acunaba para que durmiera para siempre.
Una pérdida de aceite había iniciado el incipiente incendio, y llenado la cabina hermética del letal monóxido de carbono.
Como una vieja película color sepia, su vida se tornó visible en un torbellino de imágenes. Hacía ya tanto tiempo, y sin embargo le parecía que ayer nomás, volaba en misiones de guerra sobre Vietnam. Volaba con su nuevo “Mustang P51H”, el último caza de motor a pistón, El “Cadillac de los cielos” motorizado ahora con un motor Merlín Mk de la Packard de 2200 HP, y hélice de cuatro anchas palas, de casi cuatro metros. A veinte mil pies, sobrevolaba los arrozales buscando columnas o movimientos del Vietcong, a ochocientos kilómetros por hora; lanzándose en picada hasta nivelar al ras del suelo, batiendo la frondosa selva, con sus seis ametralladoras de doce coma siete. Se sentía poderoso e imbatible, inalcanzable, casi un dios, sobre aquellos seres pequeños, de míseras aldeas, que desde el aire se le hacían hormigas. Otras veces volaba con su escuadrón, rociando a baja altura con poderosos defoliantes químicos, grandes extensiones de selva; que por generaciones quedarían yertas, para hacer visibles las escurridizas marchas, de los estoicos: “Hijos del gran Kemer rojo”, que se amparaban bajo la tupida techumbre verde, en penosas caravanas, cargando a hombros, provisiones y pertrechos.
Pero lo más vívido, lo que marcó su vida para siempre, eran aquellos bombardeos incendiarios. Bombas prendidas bajo las alas, como tanques aerodinámicos, llenos del cóctel diabólico: gel sódico con gasolina, conocido como “napalm”; que desprendían, y al chocar el suelo, regaban quemantes llamaradas, que se desparramaban ardiéndolo todo. Si el enemigo estaba mimetizado en una aldea de campesinos, a veces bastaba sospecharlo; se las soltaba aliviando el vuelo, sobre el poblado y quienes estuvieran adentro: Kemer o campesinos. Campesinos, grandes o pequeños, familias enteras, arrasados por las llamas quemantes. Ardían indistintamente como antorchas, junto a sus chozas, bajo la horrible peste del fuego. Lejos, ya elevándose, veían correr, escapando del incendio, pequeñas figuras humanas, que sucumbían indefensas, como trágicas marionetas envueltas en llamas, retorciéndose en el suelo, en una dantesca danza horripilante; castigados por el solo hecho fortuito e impotente, de sobrevivir en un país desolado y maldito. Le parecía escuchar sus gritos inocentes y desgarrantes.
Misión tras misión, varias en la jornada.
Cumplían órdenes, e inconcientes de su arbitrio, solían agregarle, por si fuera poco; su propia cuota de odio y de desprecio…
De noche empezaron las pesadillas, donde se veía a sí mismo envuelto en esas llamas que no se apagan, que se adhieren y te achicharran. Escuchaba los gritos, y llantos de niños, Una estatua de fuego, de toda una aldea ardiendo, mientras helicópteros Hughes verde oliva, vuelan a metros, revolviendo la tétrica humareda sobre las llamas; y él una y otra vez, soltando más y más bombas malditas.
Despertaba sudoroso, asfixiado de terror.
Se fue enfermando de pánico; tenía alucinaciones, se veía él mismo en la macabra escena, como si fuese una de aquellas víctimas, impotente, revolviéndose ardiendo; y espantado jadeaba rogando: no sucumbir jamás de esa espantosa manera.
Durante años el fuego le significó el martirio de todos los días con sus noches.
El tiempo, y el regreso a su patria, fueron aquietándolo, y trató de vivir normalmente, buscando olvidar; de rehacer su vida más allá de aquel infierno. La sociedad los llenaba de gloria, tratándolos como héroes, aunque en su fuero interno, él sabía cosas que iba esconder para siempre, cosas que opacaban aquel dudoso heroísmo y mordían su conciencia.
Optó por callar y llevar esos crímenes a la tumba.
Vivía de su pensión de guerra, y abrazó a este hobby de volar por volar, por amor al viento, al cielo. Era una pasión, una terapia en el fondo; y la concreción de un sueño perdurable, que comenzó siendo niño.
Se crió a la par del auge de la aviación, en la preguerra de los cuarenta; y los hermanos Wright, eran para él, un hito, un símbolo glorioso. Adoraba los modelos a escala que construían con sus compañeros, y no se perdían ferias aéreas, o exhibiciones; donde pudieran ver de cerca, las máquinas verdaderas. Él tenía además un tío, al que adoraba, vivía en Kentucky; dueño de un pequeño doble ala amarillo, biplaza. “El Barón Rojo” decía en la trompa, bajo un logo de una galera, un bastón, y una cadena enlazando el conjunto, pintado en Rojo y contorneado en negro. Con él venía frecuentemente a la granja de la familia en Arkansas, al oeste de Little Rock. Eran días de ensueño, verlo, tocarlo: y mostrárselo a sus amigos…, que venían en tropel, tragándose la envidia inocente de niños. Y montar detrás de su tío, en el fuselaje abierto, volando sobre los sembrados, las casas, los caminos; bordear el río sobre los desplayados del Mississippi; sentir la brisa que le revolvía el pelo, escuchar sólo el trepidar de ese motor radial, tan estridente, sonándole como música celestial, en sus oídos entusiastas. El paisaje se transformaba: el río, los campos, las personas; todo era pequeño y fácil, como al alcance de la mano. Desde allí el mundo era más comprensible; se le ocurría que era dueño de todo.
_Tío Brad, ¿Por qué lo llamas Barón Rojo, si este es amarillo, y además es un biplano, y el del barón era un triplano?,¿eh?_
El tío sonreía cómplice, mientras ambos empujaban el pequeño aparato cerca de la casa, y lo anclaban por debajo de las alas enteladas.
_¿Por qué? ¡Por qué sí, nada más!_ Y reía divertido.
Cuando Jhon tuvo edad suficiente, se anotó en la fuerza aérea. Fue un piloto avanzado, y lo destinaron, junto con todo su escuadrón, a combatir en Vietnam. Eran los últimos tiempos de los motores convencionales, junto a los Advenger, y los Corsair de la Marina; apostados éstos en portaviones en el golfo de Tonkín en las cercanías de Da Nang, junto a los Panter, ya reactores. La era del jet estaba en plenitud, A los Mig 15 y 17 chinos, los combatían con los Sabre F86, F100, y más tarde llegaron los Gruman y los Phantom. Este superaba Mach2, dos veces la velocidad del sonido.
Pero lo excelso, lo irrepetible, fue el Mustang; el imbatible.
Un día sería dueño de uno; aunque fuera una réplica deportiva.
De vuelta, con un grupo de amigos, compraron un kit, versión accesible y se pusieron a trabajar, cada uno el tiempo que podía. Armarlo llevaría unas mil horas de tarea capacitada. Costó casi dos años terminarlo, inscribirlo, hacer pruebas en tierra, y todo lo que requirió, hasta que estuvo listo para el primer vuelo; pintado con franjas y colores deportivos. Bajo su larga nariz, llevaba ahora un motor lineal, diez veces menos potente que el de combate; y su hélice la mitad.Ya no estaría artillado, no tendría que cargar blindajes, ni nada bélico, como bombas o tanques suplementarios. En origen, estos aviones llevaban el motor detrás del asiento del piloto, con eje de mando, y por el centro de la enorme hélice, asomaba un cañón calibre veinte. Requería entonces del compresor ventral de refrigeración. Ahora en realidad no necesitaba ese carenado en forma de buche; pero lo tenía para ser fiel al diseño, añadiéndole al grácil fuselaje, ese aspecto tan elegante y dinámico.
Hicieron cortos vuelos bajos, con giros y contra giros, ascensos y descensos, despegues y aterrizajes. Todo de maravillas. Planeaba como una pluma, respondía raudo, rumoroso… Querían bautizarlo y aún no se habían puesto de acuerdo; entretanto hoy sacaron el aparto del hangar, colorido y reluciente, listo para la prueba final, en mayor distancia y alta cota. Jhon Fargus no llevaba oxígeno, no lo necesitaba por esos breves momentos, en la mayor altura, antes de descender a mil pies.
El avión se movió en una turbulencia, Jhon, cayó de costado. Debió tocar llaves o palancas de control; ya que la cúpula de la cabina se abrió y salió disparada en el viento. El aire helado fue vital para que volviera a respirar, tosiendo y vomitando; Un milagro y volvió la vida; y sus labios lívidos se tornaron cálidos. Cuando recobró el sentido, el avión se movía como en un fuerte oleaje, ladeándose a uno y otro lado, zigzagueante, Detrás vio la densa estela de humo negro, el motor tosió entrecortado, y en un estertor final, lanzó afuera grandes llamaradas flameantes.
Antes que el fuego alcanzara la cabina, con fuerzas surgidas de repente, por la adrenalina del pánico, precisamente al fuego. Saltó al espacio y presto abrió su paracaídas; mientras el avión, incendiado iniciaba largos giros en caída lenta. Una y otra vez lo alcanzó el remolino de la nube, cada vez más densa y más ancha. Saliendo del humo podía ver a su Mustang yendo al suelo en giros más pequeños, hasta que en un tirabuzón final, se estrelló con un trueno, surgiendo de él un gigantesco hongo anaranjado.
La onda expansiva lo envolvió repentinamente, enredándolo contra la tela y las cuerdas de su propio paracaídas.
Se debatió y luchó aterrado, más sin lograr librarse de esa nefasta trampa, que le tendía diabólicamente el destino, y fue tragado por la turbulencia de la estela dejada por el avión en llamas; conduciéndolo finalmente a chocar contra el fuego de los restos fundentes, contra el Mustang en llamas.
Su último pensamiento lo llevó a los arrozales de Vietnam, a las aldeas incendiadas, a aquellas pequeñas figuras humanas, envueltas en las llamas pegadizas del napalm…
FIN
Celso H. Agretti
Avellaneda, Sta.Fe;24 06 2009
NOTA; el motor Mk era de la Rolls Royce, al final de la segunda guerra mundial, para el P51H, le otorgó licencia a la fabrica: Packard de EEUU.
DUELO
Publicado en http://www.reconquista.com.ar/
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Falleció esta madrugada un conocido y respetado vecino de la ciudad de Reconquista padre del vocero de los productores autoconvocados.
Elías Del Fabro
Falleció en la madrugada de este lunes a los 90 años, Elías Del Fabro.
Vivía en calle Lucas Funes Nº 663.
Sus hijos: Ada, Miriam, Cristina, Martín, Carlos y Rubén Del Fabro.
Velatorio: Sala de calle Rivadavia Nº 1071.
Sepelio: hoy lunes, 18 horas, en el cementerio Parque.
tenía 90 años.