Gieconet
Asociacion Amar
COMPARTIENDO CON LOS AMIGOS.
ESTE RELATO DE LA FUNDACION DE AVELLANEDA QUE HACE UNOS DIAS SE CUMPLIERON 129 AÑOS DE SU FUNDACION……
ES LA OTRA CARA DE LA HISTORIA NO ESCRITA, LA QUE ESTA ENTRE LINEAS, PORQUE LA FICCION NOS PERMITE DECIR ALGUNAS VERDADES QUE NUNCA SE DIJERON.
LA HISTORIA LA ESCRIBIERON LOS CONQUISTADORES Y LOS ORIGINARIOS DEL CHACO NO TUVIERON OPORTUNIDAD…….
ESPERO ALGUN COMENTARIO, SEGURO QUE LOS HABRA…….
CORDIALMENTE
RODOLFO MARTIN GALLO ACOSTA
CARLA BRUNATTI UNA PIONERA EN EL CHACO SANTAFESINO. HISTORIA NO OFICIAL
El Commendatore, Don Giusseppe Finis Terrae el 10 de noviembre de 1878, salió del puerto de Génova, Italia, conduciendo unas treinta familias, oriundas de Trento y Gorizia, un condado principesco; ambas ciudades pertenecían al Imperio Austrohúngaro (1867-1918), gobernado por la dinastía de Habsburgo, su el emperador era Francisco José I.
Dejaban la península itálica embarcados en el vapor francés “Pampa”, su destino era la Argentina.
El Commendatore Don Giuseppe, acompañaba a estas familias expulsadas por la hambruna europea, una de las primeras consecuencias de la modernidad, de la guerra y la desocupación, a buscar otras tierras y otros cielos para sobrevivir, pues, nada tenían que perder.
El viaje fue muy complicado, así lo relataron sus protagonistas en varias crónicas, porque con frecuencia el vapor “Pampa” se detenía para arreglar sus viejas maquinarias, posiblemente sería su último viaje por los mares intercontinentales y después pasaría a formar parte de la chatarrería de algún puerto desconocido.
Durante el día la tripulación se reunía en la popa del barco a mirar la inmensidad del mar, la nostalgia y la incertidumbre los deprimían pero el Commendatore organizaba enseguida una alegre reunión, presentaba algunos jóvenes con instrumentos musicales, unos tocaban el violín, otros, el acordeón y todos juntos cantaban sus canciones tradicionales.
El Commendatore, además, tenía una gran responsabilidad y un control estricto sobre los inmigrantes; pero a veces, alguno se le perdía y recorría el barco buscando a la persona ausente. Siempre era la misma: una joven muy hermosa, Carla Brunatti a quien encontraba saliendo muy contenta y sonriente de algún camarote del capitán o de los oficiales.
Ella con una voz angelical, decía:
- Perdone, Señor Commendatore.
Carla Brunatti, tenía su historia: era de Trento, ciudad famosa si las había en Italia; porque allí se había realizado el Concilio Ecuménico de la Iglesia Católica (1545-1563) como respuesta a la Reforma del monje agustino Martín Lutero.
Era hija única de Don Carmelo Brunatti y de Doña Anunciata. La joven Carla mantenía una relación amorosa con el obispo de Trento y este escándalo había llegado a la curia romana y a los oídos del Papa.
Inmediatamente el Papa para acallar la ola anticlerical que cubría casi toda Europa, envió a un Cardenal octogenario de su máxima confianza, su Excelencia Reverendísima Monseñor Rectus Moris, para hablar con la familia Brunatti y terminar con esa relación pecaminosa.
El Cardenal, un eximio diplomático ya retirado en los suntuosos claustros de la curia romana; con mucha prudencia y con firmeza pontificia, le propuso a la familia Brunatti que a la brevedad abandonaran Trento para evitar el escándalo que tanto mal le hacia a la Iglesia Católica Apostólica Romana la conducta de su hija Carla y como compensación el Sumo Pontífice le enviaba por su intermedio una fuerte suma de dinero para ubicarse en un nuevo lugar y cuanto más lejos de la sagrada ciudad de Trento mejor.
Don Carmelo y Doña Anunciata, que eran fieles cristianos, aceptaron sumisamente la propuesta del Cardenal y fueron a ver al Commendatore Don Giuseppe Finis Térrea que andaba juntando gente para colonizar Argentina, pagaron el viaje de buena fe y aún les quedaba una buena suma para invertir en América.
Pero a Don Carmelo y a Doña Anunciata les traía muchos dolores de cabeza su hija Carla con su vida disoluta.
Unos años antes, ellos la habían llevado a Carla a Roma para hacerla ver por los mejores médicos pero estos
después de examinarla una y otra vez, dieron su diagnostico categórico: padecía de fiebre uterina.
Resignados con este diagnóstico y renovando sus esperanzas se embarcaron con las familias trentinas que venían a colonizar Argentina.
Así, transcurrían los días, siempre con algún acontecimiento inesperado. Una mañana el vapor Pampa se detuvo y quedó al vaivén de la borrasca, entonces el Capitán Toso informó a la tripulación que el vapor no tenía más carbón, pero poseía velas y las iba a desplegar. Les pidió que rezaran a Dios para que les envíe un fuerte viento para llegar al puerto de Montevideo que estaba muy cerca.
Durante todo el día los inmigrantes hicieron una cadena de oración, junto a una imagen de la Virgen Stella Maris, patrona de los navegantes, salvo algunos muy escépticos que no se unieron a las plegarias y en cambio maldecían la hora en la que se habían embarcado en tamaña aventura.
Por la noche llegaron los vientos que inflaron las velas y al amanecer del día siguiente el vapor Pampa estaba en el puerto de Montevideo.
La tripulación se despertó y con gran alegría bailaban y cantaban diciendo: “Estamos en América”.
El Capitán dio la orden de cargar el carbón para continuar el viaje al puerto de Buenos Aires.
El 23 de diciembre de 1878 el vapor Pampa entraba a los muelles del Puerto de Buenos Aires.
El Commendatore y todos los inmigrantes fueron recibidos por el Director de Inmigración, Gumersindo Montoya y conducidos al Asilo de los Inmigrantes.
El edificio, visto desde afuera, no se sabía que era, pero daba frío. Redondo como un circo de tablones, con el color de barco abandonado, tenía por fondo las grúas de los muelles, lo mismo parecía una inmensa boya que un cinematógrafo arruinado.
Acomodaron sus pertenencias que no eran muchas, esperando el destino final, la “tierra prometida”.
Al día siguiente era Nochebuena y como fervientes católicos fueron todos los inmigrantes caminando hasta la Catedral Metropolitana de la ciudad de Buenos Aires para asistir a la Misa de Nochebuena.
Después de Navidad algunos inmigrantes se escaparon furtivamente del Asilo, fueron a recorrer las calles de la ciudad de Buenos Aires en busca de pan y trabajo pero todo fue en vano, no consiguieron nada.
Mientras, el Commendatore Don Giuseppe Finis recibía una oferta del Director de Inmigración, Gumersindo Montoya, para ir a colonizar Resistencia en el Territorio del Chaco.
Los inmigrantes se sublevaron y se empacaron como mulas, lo tomaron por el cuello al Commendatore y lo hubiesen ahorcado si no intervenía valientemente Carla Brunatti.
Ella les hizo la propuesta de ir personalmente a hablar con el Director de Inmigración, para conseguir un lugar más cercano para colonizar y seguir viviendo todos juntos.
El Commendatore se hizo aun lado para salvar su integridad física y a acompañó a Carla Brunatti a la oficina del Director de Inmigración.
Los inmigrantes confiaban mucho en Carla Brunatti, pero no así sus esposas que la celaban y la odiaban a muerte.
El Director de Inmigración, un criollo gentil, accedió a la propuesta y esa misma noche la llevó a cenar a la Confitería del Molino, cuyos dueños eran italianos, a buscar una salida favorable para todos y disipar los nubarrones del abandono y desinterés; porque la Argentina había decidido modificar la política inmigratoria tradicional, cauta y selectiva, y fomentar activamente la inmigración masiva, con propaganda y pasajes subsidiados.
El Director de Inmigración, se sinceró con Carla Bruntatti y le dijo:
- Para colonizar una zona más cercana a Buenos Aires, es otro precio, que el Commendatore, se niega a pagar, porque ese dinero lo tiene que poner él y se le achica el margen de ganancia de este viaje. A los inmigrantes no les puede sacar más nada.
Entonces Carla Brunatti, le respondió:
- Mi padre trae una buena suma de dinero y además tengo mis joyas, si es necesario.
El Director de Inmigración le dijo:
- Señorita Carla, con su grata compañía en esta hermosa noche, después de cenar pasamos por un hotel y todo queda arreglado entre el Imperio Austrohúngaro y nuestro noble país que recibe con los brazos abiertos a todos los inmigrantes del mundo.
Carla Brunatti, como pionera y en un acto casi heroico aceptó la propuesta hasta sus últimas consecuencias. Una noche de placer no le iba a hacer daño a nadie.
Así, llegaron a un acuerdo, el día de los Reyes Magos, serían todos los inmigrantes embarcados en un navío de bandera Paraguaya, éste estaba anclado en el puerto, hacía el recorrido de Asunción a Buenos Aires. En esa embarcación serían llevados hasta el puerto de Goya, Corrientes y luego trasladados al puerto de Reconquista para ir a colonizar el Chaco Austral en el norte santafesino.
Al amanecer el día de los Reyes Magos, todos los inmigrantes subieron al barco “Río Paraná”.
Fueron recibidos por su Capitán Julio Ortiz, muy gentil les dio la bienvenida y les dijo que el viaje iba a ser un paseo, que la alimentación era muy buena, el primer día les iban a servir en el almuerzo un guisado con cola de yacaré a la cacerola. (La cola de yacaré es casi un afrodisíaco, produce un hermoso sueño que nos hace olvidar las angustias). Cuando llegaran al puerto de Goya, se iban a encontrar con el paraíso.
Los inmigrantes se miraron unos a otros y se decían: “Vamos al paraíso a hacer la América”
Les dio algunas recomendaciones: que se cuidaran de las picaduras de los moquitos y de los piques.
Los inmigrantes probaron por primera vez, el tereré, bebida hecha con la maceración de la yerba mate en agua fría y algunos yuyos refrescantes, muchos inmigrantes no la pasaron muy bien.
La bella, Carla Brunatti enseguida hizo amistad con el Capitán y algunas noches las pasó en su camarote.
Cuando llegaron a Goya, los subieron a todos en una chata que se usaba para acarrear hacienda y fue tirada por el vaporcito San José hasta el puerto de Reconquista.
El 10 de enero de 1879 llegaron al puerto de Reconquista, donde improvisaron unas carpas con lo poco que traían para acampar por unos días.
Al tercer día de estar en el puerto de Reconquista vieron aparecer unas 10 carretas tiradas por bueyes, eran con dos ruedas semejantes a alzaprima, algunas con barandillas y otras no, conducidas por jinetes, blandiendo sus lanzas.
A los inmigrantes les produjo pánico el aspecto de los gauchos, pero estos se acercaron amablemente y los ayudaron a cargar todas sus cosas, luego fueron cruzando bañados, pantanos y llegaron al atardecer a Reconquista, donde fueron recibidos por el Coronel Manuel Obligado, Jefe Militar de la Frontera y por el capellán Fray Bernardo Trippini, misionero franciscano italiano.
Los alojaron en un gran galpón de la brigada el Coronel mandó a la tropa a cortar pasto para hacer de colchón para dormir.
Luego hicieron un gran asado para recibir a los inmigrantes y el aguardiente casero corrió hasta el Arroyo El Rey.
Al día siguiente algunos inmigrantes acompañados por el Coronel cruzaron el Arroyo El Rey en canoas hacia el norte y fueron a la Colonia Ausonia, (nombre tomado posiblemente de la palabra latina, ausum: empresa atrevida, acto de valor) que era el lugar asignado para construir sus viviendas y colonizar.
El lugar era similar a un fortín, rodeado por un gran zanjón para que los malones no pudieran entrar, solamente había allí tres ranchos grandes, uno habitado por una familia francesa, monsieur Dartagnan y madame Jacqueline, el segundo por una familia criolla el Negro Chávez y Doña María Ramírez y el tercero por un español Jesús Silva, soltero.
Tenían un pozo común para el agua con brocal de material, una pequeña chacra y algunas vacas.
Al final habían llegado para colonizar el Chaco Austral, que era una gran llanura en suave declive hacia el este, con escasas elevaciones y ríos divagantes que la anegaban con sus desbordes, sus grandes bosques albergaban una nutrida fauna de caza y abundaban los peces en sus esteros y lagunas.
Los habitantes originarios de tiempos inmemoriales eran los tobas y afines o guaycurúes, los abipones, los mocovíes, y los pilagaes.
El carácter nómada de la población aborigen del Chaco fue el obstáculo mayor para la conquista del territorio. Durante el período colonial español el suelo desierto no interesó a nadie. Eran demasiado extensas las zonas deshabitadas para que se buscase la tierra por la tierra misma. Sólo interesaba en cuanto entrara en función económica por el trabajo del aborigen, como ello no era posible con el nómada, la fuerza de resistencia que el Chaco opuso fincaba en ese sello de su población originaria.
A pesar de su condición nómada, el hombre del Chaco supo defender con valentía y heroísmo regando con su sangre su territorio invadido cuando vio que en todas sus fronteras naturales, estaba cercado por establecimientos de hombres civilizados que habrían impedido el paso.
Su reacción fue natural y defensiva, siempre corrió en desventaja frente al mortal armamento de los blancos.
Desde ese instante las tribus que quedaron vecinas a los establecimientos entraron en un comercio primario de pieles, cera, miel y aprendieron en ese trato algo de agricultura. Fueron la mano de obra barata de los colonizadores.
El Gobierno envió un agrimensor, Don Carlos Perolo, para hacer el trazado de la nueva colonia, pero tuvo algunos inconvenientes porque los inmigrantes no aceptaron las 144 hectáreas que les otorgaba el Gobierno a cada familia, por considerar que eran excesivas, estaría muy aislada una familia de otra y también les iba a demandar mucho trabajo cultivarlas.
Entonces intervino el Coronel Manuel Obligado, hizo dividir las 144 hectáreas en cuatro, quedaron 36 hectáreas para cada familia.
Los inmigrantes recibieron junto con la tierra los implementos para la labranza, arados, bueyes, semillas, vacas lecheras, batería completa para la cocina, mosquiteros, rifles y municiones.
Las viviendas fueron precarios ranchos de estanteos, las puertas y ventanas de paja brava, había madera en abundancia de los bosques milenarios pero no contaban con aserradero, antes de la llegada de estos colonos hubo en la Colonia Ausonia algunos aserraderos pero fueron levantados.
Los inmigrantes una vez tomada la posesión de su parcela, se dedicaron a cultivarla, todo transcurría dentro de la normalidad posible, siempre con el temor al malón, que nunca llegó.
Pero un mediodía se produjo un alboroto, alrededor de la administración se empezó a quemar un rancho, los colonos corrieron para apagar el fuego y gritaban: ¡”Se viene el malón”¡. Los soldados del Coronel salieron del cuartel a los tiros hacia la Colonia Ausonia, algunos cruzaron a caballo el Arroyo El Rey y otros en canoa. Cuando llegan al lugar del siniestro se encontraron con Doña María Ramírez, la esposa del Negro Chávez, llorando de angustia, ella misma le había prendido fuego a su rancho por venganza, porque su marido se había ido al monte con la señorita Carla Brunatti.
Los inmigrantes montaron en cólera, no toleraban semejante humillación: que se haya ido con un negro. Querían linchar al Negro Chávez, por haber humillado la sangre del Imperio Austrohúngaro.
El Coronel Manuel Obligado y el Capellán Fray Bernardo Trípini, apaciguaron a los colonos y buscaron una solución salomónica al caso, le dieron una canoa al Negro Chávez, quien navegó libremente por el río hacia el puerto de Reconquista rumbo a su Goya natal, y mientras se alejaba se escuchaba su sapucay lanzado al viento.
Doña María Ramírez compungida por la traición, juntó a sus hijos, montó su caballo alazán y rumbeó hacia el oeste siguiendo la línea de la frontera en busca de una toldería del cacique Mocoretá.
El Coronel preparó su tropa durante varios meses y el 29 de agosto de 1879 salió desde Reconquista con su ejército compuesto por 130 efectivos, para explorar el Chaco Austral, reconocer las aguadas y reprimir a los malones que invadían Córdoba y Santiago del Estero.
Marcharon incansablemente durante 11 días hacia el oeste. Llegaron a Los Pozos el 8 de septiembre, luego cambiaron de rumbo, siguieron hacia el norte persiguiendo a Juan José Rojas hasta Las Chuñas. Llegaron el 12 de septiembre y combatieron con 50 infantes y 20 jinetes, mataron a 32 indígenas, tomaron a 79 de prisioneros y recuperaron 90 yeguarizos.
Luego siguieron hacia el norte pasando por Tacurú en busca de José Petizo, quien huyó dejando 110 yeguarizos. Tras cuatro arduos días llegaron al paraje Avispa Colorada, continuaron su marcha hacia Ombú y se acercaron a la naciente del río Los Amores el 25 de septiembre, donde combatieron nuevamente.
El 3 de octubre llegaron a las márgenes del Río Paraná y por las mismas bajaron hasta Reconquista. Llegaron el 12 de octubre habiendo recorrido 750 kilómetros sin alcanzar a los bravos caciques Rojas que eran tres hermanos, ni a Petizo, ni a Cambá, ni a Rico ni al Inglés.
En la Colonia Ausonia, ya las familias estaban asentadas en sus respectivos terrenos y se preparaban para festejar un gran acontecimiento, el matrimonio del Commendatore Don Giuseppe Finis Térrea con la señorita Carla Brunatti.
Después de la boda los esposos festejaron con todos los inmigrantes, se despidieron y abandonaron la Colonia Ausonia. Regresaron a Buenos Aires para embarcarse nuevamente hacia el Imperio Austrohúngaro.
El Commendatore comisionó al colono Don Lorenzo Petrolli para redactar un acta de conformidad que todos los inmigrantes firmaron y también el Coronel Manuel Obligado, el capellán Fray Bernardo Trippini, donde constaba que se había cumplido todo lo acordado por el Gobierno con los inmigrantes.
Este documento lo presentaría al Emperador su majestad Francisco José I.
Así quedaba fundada una nueva colonia en el Chaco Austral que luego sería denominada “Presidente Nicolás Avellaneda”, en homenaje a quien promulgó la Ley 817 que permitía el ingreso al país de inmigrantes europeos
que venían a “hacer la América”.
Rodolfo Martín Gallo Acosta
09.02.08
MUNDO ALAS – LEÓN GIECO
MUNDO ALAS es una road movie.
Un viaje iniciático de un grupo de jóvenes artistas nóveles que muestran su arte junto a la voz, el talento y la experiencia de León Gieco a lo largo de una gira por diferentes provincias argentinas.
Músicos, cantantes, bailarines y pintores, todos ellos grandes artistas con distintas discapacidades que expresan y comunican su mirada del mundo: Aquello que les preocupa, que los anima, que los inspira, en un show que combina música, danza y pintura.
Un show donde se destacan el rock, el folclore y el tango junto a grandes éxitos de León Gieco.
A lo largo de la gira y de la película se van conociendo las historias de vida de cada protagonista y su evolución artística.
Los shows, ensayos, la ruta y los hoteles son los escenarios de anécdotas y música que generaran nuevos sueños: lograr editar el disco de “Mundo Alas” y consagrar la gira con un gran show en el Luna Park.
Al tiempo que surgen historias de amor, de relaciones humanas que demuestran que la integración es posible.
Un film único que espera incluir a todos, una maravillosa experiencia musical sobre la superación y el amor, que empieza por nombrar y reconocer a las personas por sus capacidades.
UNO DE LOS DIRECTORES
LEON GIECO
Nació en Cañada Rosquín (Provincia de Santa Fe) el 20 de Noviembre de 1951. Hijo de una familia de inmigrantes campesinos, heredó de su padre la pasión por la música. Desde muy joven armó sus propios grupos musicales: Los Moscos y Los Nocheros. A los 18 años viajó a Buenos Aires y grabó su primer disco que se publicó en 1973 producido por Gustavo Santaolalla. Muchas de sus canciones fueron censuradas por la dictadura militar. Antes del exilio compuso “Sólo le pido a Dios”, que se convirtió en un himno y fue traducida a varios idiomas. Su trayectoria cuenta con más de 30 discos publicados, entre ellos “De Ushuaia a la Quiaca” su proyecto más ambicioso. Fue distinguido con los premios Konex, ACE, Prensario, Gardel y Gardel de Oro, Personalidad del Año y nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires y recibió el Grammy a la Excelencia Musical por su trayectoria. Se presentó en países de Europa y América acompañando a Mercedes Sosa en varias oportunidades. Compartió escenarios con artistas de gran renombre como Peter Gabriel, Bruce Springsteen, Sting, Pete Seeger, Milton Nascimento, Ivan Lins, Silvio Rodriguez y Serrat entre otros. Publicó un libro autobiográfico “Crónica de un sueño” y escribió música para películas de producción nacional. Hoy sigue de gira con su música por Argentina y el mundo. En los últimos quince años fue conociendo a los distintos protagonistas de este proyecto y se pregunta si fue por casualidad o fue el destino que cruzo sus caminos… A fines de 2006 los reunió a todos por primera vez, y surgió la idea de realizar la gira nacional y la película.
ELENCO
Trabajó en los medios pero desde hace unos años se dedica casi exclusivamente a la música, ya que tiene una voz privilegiada y un don natural para el canto. Conoció a León Gieco al entrevistarlo para un programa de radio y al tiempo él la invitó a participar de sus shows. Recientemente ha editado su primer disco y escribe cuentos para chicos. Perdió la vista en su adolescencia.
Es cantante y armoniquista. Con su banda realiza presentaciones en vivo regularmente y está grabando su tercer disco. Tocó con músicos de la talla de Los Piojos, Bersuit y Las Pelotas. Es amigo cercano de León Gieco desde hace más de 15 años. Nació sin extremidades superiores ni inferiores y vive en el Hogar San Roque de Capitán Bermúdez, provincia de Santa Fe desde que fue abandonado a las pocas semanas de vida.
Editó el disco Guardianes del Océano, y está preparando su segunda placa. Nació con hidrocefalia congénita, fue sometido a 17 operaciones en el Hospital Garrahan. Durante sus internaciones, participó primero como alumno y luego como profesor en los talleres de musicoterapia. Allí conoció a León Gieco quien se enamoro de sus melodías y desde entonces suelen componer en conjunto.
Tiene 30 años y es el asistente personal de Pancho Chévez: lo ayuda a moverse y lo acompaña. Es quien lo asiste durante los shows, conoce las diferentes armónicas que utiliza para cada canción y lo ayuda a colocárselas. Sufrió de desnutrición infantil, lo que lo dejó con secuelas a nivel cerebral y corporal.
Es integrante del Grupo ALMA que promueve el Proyecto de Danza Integradora junto a sus compañeras Sandra González Neri y María Laura Vicenti. Han realizado decenas de presentaciones en la Argentina y el exterior. En su repertorio se incluyen piezas clásicas de tango y de danza contemporánea. De familia de deportistas, desde muy chico se especializó en gimnasia deportiva. A los 14 años, durante un entrenamiento, sufrió un accidente que lo dejó confinado a una silla de ruedas, imposibilitado de mover su cuerpo del pecho para abajo. Luego de años de rehabilitación, volvió al deporte y llegó a representar a la Argentina en natación.
Está compuesta por cinco bailarines: Karina Amado, Nidia Scalzo, Lucrecia Pereyra Mazzara, Javier Trunso y Eduardo Spasaro.
Nació dentro de la Asociación AMAR en el año 2003, como una forma generar una experiencia artística a través del baile que les permitiera a un grupo de jóvenes con síndrome de Down y con otras discapacidades intelectuales; contar con un espacio de pertenencia. Además los directivos de la Asociación se proponía en su sede del barrio tanguero de Boedo que los mantuviera activos y soñando con que se convirtiera en una alternativa de inclusión social y laboral. En la actualidad la Compañía ya ha sido contratada para actuar en más de 60 ocasiones y han compartido escenario con artistas como Juan Carlos Copes, Raúl Lavie, Rodolfo Mederos y Darío Volonté.
Vive en el barrio de la Boca junto a sus dos hijos, pinta y trabaja en caminito donde vende sus obras. Tiene tetraplegia espástica, pertenece a la asociación de Asociación Pintores sin Manos y a la Asociación de Artistas Plásticos de Caminito.
Es la agente de prensa de Pancho Chévez y al mismo tiempo registra en foto y video todas sus presentaciones. Estudió diseño y comunicación. Nació sin manos y sin mandíbula. Junto con Pancho, fue unos de los primeros bebés en llegar al Hogar San Roque.
Tiene 18 años, acaba de terminar el secundario y se dispone a empezar sus estudios terciarios. De su obra pictórica se destaca un retrato que hizo de Carlos Tévez que fue utilizado en un campaña pequeña pertenece a la Asociación Pintores sin manos.
Periodista. Tiene un programa de radio con exclusividad para transmitir los shows de la gira Mundo Alas. Es especialista en temas relacionados con la discapacidad y la integración. Nació con parálisis cerebral.
Es el locutor y presentador oficial de los shows de Mundo Alas. Hace 33 años que vive en el Cotolengo Don Orione, donde tiene varios programas de radio
Tiene 20 años y vive en San Luis. León Gieco lo invita a participar de sus shows cada vez que se presenta en esa ciudad. Editó un disco llamado Construyendo el canto y realiza presentaciones regulares en los escenarios Puntanos. Nació con secuelas de parálisis cerebral, y su manera de participar en la vida es el canto.
Página oficial de la película en http://www.mundoalas.com.ar/index_esp.html
Tristes trópicos
A los 100 años, murió Claude Lévi-Strauss
Imposible sintetizar su legado en algunas líneas. Capaz de estudiar a Marx y Freud y luego internarse en la selva amazónica, el filósofo francés llevó a las alturas su gusto por las ideas, que lo condujo a explorar el conocimiento con auténtica pasión.
“La humanidad se dispone a producir civilización en masa”
Por Silvina Friera
El maestro de cara angulosa y ojos pequeños, que odiaba los viajes y a los exploradores, hizo escuela. Enseñó nada más ni nada menos que a mirar contemplando lo remoto como ordinario y sorprendiéndose ante lo cotidiano. El valor de la pluralidad humana y la necesidad de defenderla, el estudio de los fenómenos sociales y culturales, enfocados en los mitos, fueron la espina dorsal de sus reflexiones, de su escritura traviesamente literaria, que incita a preguntarse si no será uno de los grandes autores de la literatura francesa. Las hipótesis y conjeturas, se sabe, las responde, cuando puede, el tiempo. Anticiparse y definirlo como escritor también, ahora que se multiplicarán las alabanzas al “sabio del siglo XX”, sería una empresa probablemente destinada al fracaso. El antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX y padre del enfoque estructuralista de las ciencias sociales, que influyó de manera decisiva en la filosofía, la sociología, la historia y la teoría literaria –y hasta bien podría ser tenido como uno de los precursores de la ecología, en el más amplio de los sentidos–, murió el viernes pasado a los 100 años, según informó ayer la editorial Plon. En uno de sus libros más celebrados, Tristes trópicos, de 1955, escribió una de esas frases que suelen dar mucha tela para cortar, más allá de la coyuntura en la que fue pensada: “La humanidad se instala en la monocultura; se dispone a producir civilización en masa, como cultiva la remolacha”.
Este sabio longevo, que nació en Bruselas en 1908, estudió filosofía en la Sorbona, porque su gusto por las ideas era “lo que menos dificultades me planteaba”, como dijo. Leyó a Marx durante sus años de estudiante y militó en la SFIO (Sección Francesa de la Internacional Obrera) a fines de la década del 20. Otra de las grandes revelaciones intelectuales de su vida fue Sigmund Freud, quien le enseñó que “incluso lo que se presentaba bajo los aspectos más irracionales, los más absurdos, los más chocantes, podían ocultar una racionalidad secreta”. Las influencias no se detienen en estos dos titanes. Lévi-Strauss fue hijo intelectual de Emile Durkheim y de Marcel Mauss; se interesó en la lingüística de Ferdinand de Saussure y Roman Jakobson y el formalismo de Vladimir Propp. Y más allá de los nombres que conforman esta suerte de breve retrato de sus lecturas capitales, además era un apasionado de la música, la geología, la botánica y la astronomía.
El telefonazo
Su vocación nació, como le gustaba contar, de un telefonazo. Marcel Mauss y su equipo estaban buscando, entre los licenciados en Filosofía, gente que quisiera trabajar en el recién creado Departamento de Etnografía, una ciencia que acababa de adquirir rango universitario y que hasta entonces había dependido de misioneros y administradores coloniales. “Yo hacía sólo dos años que ejercía como profesor de Filosofía, en Mont-de-Marsan y en Laon, en 1932 y 1933. El primer año es apasionante, tienes que construirte todo un programa, pero los cursos siguientes te limitas a retocarlo. Estaba claro que no era eso lo que iba a dar sentido a mi vida. Tenía ganas de descubrir el mundo. Y de ahí que aceptase un puesto en la universidad de San Pablo y comenzase mis viajes de etnólogo.” Lévi-Strauss tenía 27 años cuando abandonó la confortable vida académica francesa para meter las patas en el barro del Mato Grosso y la selva amazónica brasileña. Esa prolongada estancia con los indios del Amazonas marcaría a fuego la identidad de este hombre que vivió en Brasil entre 1935 y 1939. ¿Qué encuentra el antropólogo en esa sociedad humana “reducida a su expresión básica”? Lo que el zoom de su mirada acerca, lo que enfoca con una precisión hasta entonces desconocida, son las fauces del colonialismo y cómo el viejo “buen salvaje” de Rousseau deviene en desechos del progreso industrial europeo.
“El viaje del etnógrafo tiene muy poco que ver con la aventura romántica que pude imaginarme antes de marchar hacia Brasil”, confesó el antropólogo muchos años después de aquella emblemática experiencia. En esa región selvática se encontró al “Otro”, a los indios, a hombres “sin Historia”, que lo iniciaron en otra manera de pensar, donde el mito juega un papel más importante que la razón. Partiendo de los indígenas Bororo, Nambikwara y Tupi Kawahib de Brasil, Lévi-Strauss comenzó su gigantesca investigación sobre la mitología de los indígenas del continente. “He sido siempre un americanista a causa de la impresión imborrable provocada en mí por el Nuevo Mundo, a lo que se agrega el trastorno, que dura aún, causado por mi contacto con una naturaleza virgen y grandiosa”, escribió. “Creo que ningún otro continente necesita tanta imaginación para estudiarlo”, aseguró el pensador e investigador, que plasmó posteriormente esta visión en ese curioso y paradigmático artefacto narrativo que es Tristes trópicos, modelado con la arcilla de la escritura literaria. Cerca de la frontera con Bolivia, precisaba en el libro, se cruzó con los Tupi Kawahib. El intento de comunicación fue frustrado por la imposibilidad de entablar un diálogo. Imposible sortear la muralla que levantaba la lengua. “Estaban realmente dispuestos a enseñarme sus costumbres y creencias, pero yo nada sabía de su lengua. Estaban tan cerca de mí como una imagen vista en un espejo. Los podía tocar pero no podía entenderlos. Allí tuve mi recompensa y al mismo tiempo mi castigo, pues, ¿no consistía mi error, y el de mi profesión, en creer que los hombres no son siempre hombres? ¿En pensar que algunos merecen más nuestro interés y atención porque en sus maneras hay algo que nos asombra?”
La transformación radical que él iniciaría en la etnología contemporánea consistió en elaborar un método original que mezclaba las aguas del estructuralismo y el psicoanálisis a la hora de interpretar los mitos; método que el antropólogo francés utilizó para estudiar la organización social de las tribus de Brasil y la de los indios del norte y sur de América. Tres bloques de hormigón constituyen las aportaciones que puso sobre el tapete de las ciencias sociales: la teoría de la alianza, los procesos mentales del conocimiento humano y la estructura de los mitos.
La teoría de la alianza plantea que el parentesco está más vinculado con la alianza entre dos familias por matrimonio respectivo entre sus miembros que con la ascendencia de un antepasado común. El autor de Las estructuras elementales de parentesco astilló la distinción entre pensamiento “primitivo” y “civilizado”; la mente humana organiza el conocimiento en parejas binarias y opuestas que se “modulan” de acuerdo con la lógica. El mito y la ciencia, entonces, están estructurados por pares de opuestos relacionados lógicamente.
El mito de la nostalgia
Una de las críticas que tuvo en su momento cierto predicamento acusaba a Lévi-Strauss de mirar con nostalgia las sociedades que producen mitos, que tienen estructuras de parentesco sofisticadas, pero totalmente ajenas al cambio, conservadoras y cerradas en sí mismas. Esta lectura, para muchos errática y reduccionista del más complejo pensamiento del antropólogo francés, ocasionó que en su momento se interpretara que la antropología debía dedicarse al estudio de las sociedades arcaicas, “sin historia”, cuando, en rigor, el autor de libros fundamentales como El pensamiento salvaje (1962) y su monumental Mitológicas (cuatro tomos publicados entre 1964-1971) siempre se interesó por la estructura en el porvenir. La concepción del tiempo en las sociedades modernas se ubica en el horizonte del progreso, mientras que las sociedades que él estudiaba conservaron una sabiduría particular que las impulsaba a resistir cualquier modificación de su estructura resistiendo la idea de progreso. En este nudo se afincaba el reproche hacia la nostalgia que cultivaba el pensador francés.
Luego de su inmersión por la selva amazónica y su trabajo como profesor en la universidad de San Pablo, volvió a Francia en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y estuvo movilizado como oficial entre 1939 y 1940, pero fue dado de baja por su origen judío. Escapó de la ocupación nazi y se instaló en Estados Unidos, donde impartió clases en la New School for Social Research de Nueva York, ciudad en la que conoció y trató al lingüista Roman Jakobson, cuya obra fue fundamental para la evolución de sus ideas. A su regreso a Francia, fue sudirector del Museo del Hombre de París, enseñó en el Collège de France, desde 1959 hasta su jubilación en 1982; y en 1973 se convirtió en el primer antropólogo en ingresar a la Academia Francesa. A Lévi-Strauss le gustaba bromear y afirmar que había descubierto el estructuralismo antes de leer. “El secreto del estructuralismo creo haberlo intuido mientras estaba en el frente, en la Línea Maginot, como oficial de enlace que esperaba servir de intérprete a las tropas británicas. Allí, mientras esperábamos una batalla que no comenzaba, pude observar con detalle cómo, detrás del aparente azar de la belleza ondeante de un campo lleno de flores, estaba una organización estricta de cada una de ellas”, explicaba. “Luego, en Nueva York, el encuentro con Roman Jakobson fue definitivo. Me reveló que era estructuralista sin saberlo.” Catherine Clément, filósofa y especialista en la obra del antropólogo francés, recuerda la irritación del etnólogo al descubrir, en casa de ella, sus libros puestos en el mismo estante que los de Michel Foucault, Roland Barthes, Louis Althusser o Jacques Lacan. “Los únicos estructuralistas al lado de los cuales acepto figurar son Emile Benveniste y Georges Dumezil”, aclaró Lévi-Strauss.
La frontera de la humanidad
“Demasiado cientificista”, sentenciaron al estructuralismo muchos filósofos. “Demasiado filosófico”, protestaron muchos científicos. Algunos con mayor o menor ironía vieron en Lévi-Strauss a una suerte de mago que no dejaba de sacar de su galera estructuras por todos lados. A otros les resultó imperdonable que el antropólogo planteara preguntas que supuestamente no respondía al pie de la letra de lo que otros esperaban. “Al estructuralismo se le reprochó ser antihumanista y eso es parcialmente cierto”, admitía. “Es imposible para un etnólogo no tomar en consideración la destrucción sistemática y monstruosa que los occidentales hemos hecho de las culturas distintas de la nuestra desde, como mínimo, 1492. No es posible separar o aislar esa condena de la destrucción de la que hoy son víctimas especies animales y vegetales, y todo eso en nombre de un humanismo que situó al hombre como rey y señor del mundo. La definición que el humanismo clásico hace del hombre es muy estrecha, lo presenta como un ser pensante en vez de tratarlo como un ser viviente y el resultado es que la frontera donde se acaba la humanidad está demasiado cerca del propio hombre.”
Lévi-Strauss reconocía que el escepticismo llega con la edad. “El espectáculo que ofrece la ciencia contemporánea invita a ello. Durante el siglo XX esa ciencia ha progresado mucho más que en todos los siglos anteriores, una aceleración enorme en la producción de conocimientos y, al mismo tiempo, ese progreso vertiginoso nos abre abismos insondables, cada descubrimiento nos plantea diez enigmas, de manera que el esfuerzo humano está abocado al fracaso. Pero está bien que sea así.” Ese escepticismo se profundizó en una de las últimas entrevistas que concedió, en 2005, en la que pronosticaba que “vamos hacia una civilización de escala mundial en la que probablemente aparecerán diferencias”. “Estamos en un mundo al que yo ya no pertenezco. El que yo he conocido, el que he amado, tenía 1500 millones de habitantes. El mundo actual tiene 6000 millones de humanos. Ya no es el mío.”
El mundo cultural francés cayó rendido a sus pies el año pasado cuando celebró los 100 años de su “hijo más ilustre”. Suplementos especiales, documentales, exposiciones y reediciones de sus libros proliferaron en lo que bien podría haber sido declarado el año Lévi-Strauss. La crítica literaria, el psicoanálisis, la lingüística, la historia, la filosofía llevan medio siglo dialogando con él. Incluso contra él, sin que ninguna haya podido esquivar el influjo de este “pensador salvaje”. “¿Para qué sirve actuar, si el pensamiento que guía la acción conduce al descubrimiento de la ausencia de sentido?”, se preguntó en Tristes trópicos. “Simplemente he aspirado a dar cuenta de fenómenos múltiples y complicadísimos de una manera más económica, y más satisfactoria para el intelecto que todo lo hecho anteriormente. Pero con la certeza de que este estadio es provisorio y que otros, mejores, lo sucederán”, reflexionaba el antropólogo. El legado de Lévi-Strauss se podría sintetizar, si esto fuera posible en apretadas líneas, en su ponderación de que el saber científico avanza, a paso inseguro, bajo el látigo de la contención y la duda.
Desnutrición, pobreza y solidaridad de Médicos sin Fronteras
África mía
Entrevista a la enfermera argentina Clara Delacre, coordinadora de Médicos Sin Fronteras en la emergencia nutricional en Boda y Nola, República Centroafricana.
Médicos sin fronteras
Clara Delacre es una enfermera de Buenos Aires, Argentina, que trabaja con la Unidad de Emergencia de Médicos Sin Fronteras (MSF) en África. Además de República Centroafricana, ha participado de misiones de MSF en Níger, Uganda, República Democrática del Congo y Zimbabwe.
“El número de admisiones ha ido aumentando progresivamente. Actualmente tenemos más de 2.200 niños en el programa”.
Por Fernando García Calero, Servicio de Información de Médicos Sin Fronteras (MSF).
Adentro del edificio había un patio cuadrado y otro más chico, uno rodeado de los comedores y otro de los dormitorios. Se han visto muchos patios de miseria, pero como éste, tan frío, tan simétrico no se ha visto otro.
En ese edificio descargaban los barcos todo lo que Europa no podía mantener, lo que arrojaban las inundaciones, los que se salvaban de los terremotos, lo que abandonaban los mares, lo que escupían los gobiernos y a los que huían de las revoluciones, todo lo que caía buscando las aguas del trabajo para salvarse de la miseria.